Entrevista

Juan Manuel Bonet: «Domínguez fue el primero en llevar lo prehispánico al arte»

14/06/2017

El máximo responsable del Instituto Cervantes y exdirector del Museo Reina Sofía y del IVAM comisaria la exposición que reúne en el Castillo de la Luz el trabajo de tres grandes creadores; Óscar Domínguez, Manolo Millares y Martín Chirino.

- ¿Qué tienen en común Domínguez, Millares y Chirino?

- Si tenemos que citar a un artista canario que se haya inspirado en el pasado prehispánico y su dimensión mágica, es Domínguez quien abre el camino. Para Millares y Chirino, además, el faro era Eduardo Westerdahl en aquellos tiempos de la posguerra, en Las Palmas. Es en 1948 cuando Millares empieza a hacer cosas surrealistas. Ahí se nota la influencia de Westerdahl, que recibió a Breton en Tenerife y había expuesto a los surrealistas. Es heredero mental de las vanguardias. Me interesaba poner en relación a Domínguez, Chirino y Millares para hacer ligazón entre la preguerra y posguerra, a través de Westerdahl porque tanto Chirino como Millares siempre lo tuvieron en los altares. Si nos fijamos en lo que hizo Domínguez en su cuadro La cueva de guanches de 1935, es el mismo mundo que Millares y Chirino van reivindicar en la posguerra a través de su fascinación por El Museo Canario. Para Millares, el museo era un lugar familiar. Su bisabuelo Agustín Millares Torres fue uno de los fundadores. El Museo Canario va a ser el lugar donde en 1948 Millares expone sus acuarelas naturalistas y luego, unos meses después, hace una exposición influida por Dalí. Allí expondrán el grupo LADAC, Felo Monzón, José Julio Rodríguez, Elvireta Escobio... El Museo Canario es, por un lado, el conservatorio de la memoria prehispánica, que comparten con Domínguez, y el escenario de sus propuestas absolutamente modernas. Y esas propuestas son como las de Domínguez. ¿Qué hacía? Usaba el lenguaje surrealista para hablar del drago o la cueva de guanches. El drago será un motivo al que los surrealistas darán un carácter mágico siguiendo los pasos de Humboldt. El drago fascina a Breton y a Domínguez, que lo pinta y lo dibuja. Breton llama a Domínguez Le dragonnier des Canaries. Además, esa propuesta de enraizamiento del paisaje a través de la cueva de los guanches y el drago es muy similar a la propuesta de Millares de apoyarse en el arte prehispánico para hacer un arte absoluto y abstracto. Millares reniega del lenguaje daliniano y va a un lenguaje apoyado en Miró, en Torres García -que había publicado en una revista suya- y en Paul Klee. En el caso de Chirino, crea las Reinas negras, tras vivir la experiencia africana como colaborador de su padre que viajaba en esas líneas marítimas y, como toda la generación, Millares participó en Los salones del jazz, de Barcelona. A los dos les gustaba. Se aprecia en la portada de Oí crecer las palomas, de Padorno, es un libro de un Nueva York imaginario, a donde aún no había ido Padorno, ilustrado por Millares y financiado por Chirino, donde sale La reina negra como personaje. Además, está el hecho de que los Vientos de Chirino son la espiral de las pintaderas de El Museo Canario. Luego llegan el Afrocán, los Aeróvoros... Dando continuidad a la inspiración prehispánica de estos artistas, se establecen conexiones literarias con Padorno, Alonso Quesada o Agustín Espinosa -creador de la mitología de la tierra canaria y su reivindicación de la pintura de Oramas-. Además Espinosa conecta con César Manrique. En definitiva, fue Domínguez el precursor de la mirada artística hacia cierta mitología prehispánica de lo canario.

- Es experto en arte canario. ¿Qué le atrapó de la creación insular?

- No solo me he fijado en el arte, sino en la poesía canaria. Tengo devoción por las voces que vienen de esta tierra, empezando por los grandes simbolistas: Tomás Morales, Alonso Quesada y Saulo Torón. Me han fascinado. Ya he hecho dos prólogos a la obra de Torón. Me gusta su vivencia en Las monedas de cobre, donde habla de la ciudad de provincias, de las casas y las conversaciones callejeras. En su obra más tardía, me gusta su visión del Atlántico, un sentimiento que llamó la atención de Antonio Machado. De Morales me gusta canto su a la ciudad comercial, al puerto, a los indios. Me gusta su tono más prosaísta, más sentimental. Y, de los tres, Quesada es el que podía haber sido el poeta moderno, un proyecto truncado por una vida muy corta. Me gusta mucho El lino de los sueños con los ingleses, las oficinas, la tarde, los paseos por el campo y también me gusta El poema truncado de Madrid, publicado en el semanario España, donde da su visión caótica sobre la capital, con sus tertulias, los cafés y redacciones; y Los caminos dispersos, su última obra, que es un libro de un poeta muy moderno, anunciando a un Quesada que no sabemos a dónde hubiera llegado. Pero tras esa primera generación, luego llega la de Gaceta de Arte, donde hay una figura que me fascina: Agustín Espinosa. Lancelot 28°-7° es una obra maestra: la isla de Lanzarote vista con ojos de realismo mágico. Un libro realmente único y autoilustrado. Luego publica Crimen, de un surrealismo negro extraño que le traería disgustos, porque se lo reprocharon cuando llegó la Guerra. También me interesa la generación poética del 50 con figuras como Padorno, al que conocí y aprecié también como pintor, y cuya obra tiene enorme entidad; sobre todo su identificación con Lanzarote y con su playa de Las Canteras. Su casa de Las Canteras es una de las grandes casas de la vida de un poeta; un lugar mágico. Luego, la generación de la revista Syntaxis, de Andrés Sánchez Robayna, que además tenía una conciencia muy fuerte de la tradición poética de la que procedía. Sánchez Robayna, Martinón, Tino Palenzuela... Sigo la poesía que se va haciendo en Tenerife. Hay una estela rica en la poesía de las últimas décadas. Pena que las publicaciones canarias circulen mal en la Península.

Borrando fronteras.

Bonet está al frente del Instituto Cervantes desde enero de este año. Uno de sus objetivos es la hispanoamericanización de la entidad. «Nuestra vocación es ser la casa común de todos los que hablamos español», dice el timonel de este centro dedicada a la difusión de la cultura y la lengua españolas en 44 países. «En el mundo hay 500 millones de hispanohablantes, de los cuales solo el 10% los aporta España», dice. Por eso, el Instituto está coordinándose con entidades culturales latinoamericanas. Tampoco cree que Trump ponga en peligro el uso del español. «Por más que quiten el idioma de la web, la realidad es que hay 55 millones de hispanohablantes en EE UU».