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Momento en que el presunto agresor pasa a disposición judicial. Juan Carlos Alonso

Mogán se vuelca en el adiós a Pedro Ulla

¡Hasta siempre, Pedro!, le gritaron sus vecinos a las puertas del cementerio | Hicieron falta dos coches fúnebres, uno solo para coronas y centros de flores

Jueves, 1 de febrero 2024

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¡Hasta siempre, Pedro! Así se despidió el pueblo de Mogán de Pedro Ulla, uno de sus vecinos más queridos, que murió por las graves heridas que le causó una agresión presuntamente cometida por uno de sus sobrinos. Ese grito de despedida salió espontáneo y por boca de varios asistentes justo en el momento en que el féretro con los restos mortales de Pedro Jiménez Rivero cruzaba el umbral de una de las puertas del cementerio, en el casco. Un pasillo de honor con vecinos portando coronas y centros de flores escoltó el ataúd en su camino al nicho familiar en que fue enterrado. Hicieron falta dos coches fúnebres para el entierro, uno solo de ellos para transportar las flores.

Se respiraba un ambiente de homenaje y de respeto, y una emoción contenida. Pero también se colaba en los comentarios en los corrillos previos a la ceremonia una sensación de cierto alivio. La detención la mañana de este jueves del supuesto agresor ha saciado parcialmente la sed de justicia de un pueblo, el de la Playa de Mogán, que no olvida a su 'niño fino', una típica expresión del fallecido.

Pedro Ulla, de 56 años y con una discapacidad intelectual, era toda una institución para vecinos, trabajadores y visitantes del Puerto de Mogán. Y este jueves se notó en su cortejo fúnebre, que primero se dirigió a la ermita de San Fernando, en la playa, y que después acabó en el camposanto del valle. Su hermano Esteban Jiménez, muy arropado por los vecinos, volvió a agradecer el cariño que le han dispensado a Pedro, que le dedicaron un aplauso.

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