Imagen de la protesta que protagonizaron vendedores del rastro en la puerta trasera de las oficinas municipales. / C7

El rastro abre mañana con un aforo máximo de 900 personas y control de acceso con cámaras

La apertura es posible porque Sanidad activó el color verde en el semáforo de la Covid-19. Un grupo de vendedores se concentra ante el Ayuntamiento

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

El rastro podrá volver a celebrarse este domingo en el parque blanco después de que el Servicio Canario de Salud cambiara al color verde el semáforo de la Covid-19 y se relajaran las limitaciones impuestas para controlar la expansión de la pandemia.

En estos momentos, la capital grancanaria tiene una incidencia de 33,18 positivos por cada 100.000 habitantes, lo que está por debajo del nivel rojo marcado por el Gobierno autonómico (100 casos). «Pero eso no quiere decir que se haya acabado la pandemia», advirtió ayer el concejal de Desarrollo Local del Ayuntamiento, Pedro Quevedo, quien emitió una resolución por la que se acuerda la apertura del rastro a partir de este domingo.

Por eso, se ha organizado un sistema de control del aforo del rastro, de tal forma que se pueda garantizar que no haya más de novecientas personas en el mercado. Para ello, se instalarán unas 1.500 vallas de modo que solo haya dos accesos: la entrada se hará por el lado norte y la salida, por el lado sur. La entrada por el aparcamiento Saba solo estará abierta para los vendedores hasta las 08.00 horas.

Una serie de cámaras instaladas en la zona se encargarán del recuento del aforo y la medición de temperaturas; y ocho auxiliares recorrerán el mercadillo para evitar acumulaciones de más de diez personas en cada puesto. Este personal se verá auxiliado por dos parejas de la Policía Local.

El montaje de esta infraestructura se ha encargado a la empresa Top Time. Según Quevedo, el operativo costará unos 1.700 euros cada domingo y, en principio, se prevé que se mantenga en los próximos dos meses.

Aparte de esto, el decreto de autorización del rastro establece también medidas complementarias como la obligación de mantener una distancia de 1,5 metros entre visitantes y con los compradores; el cierre lateral de los puestos, de modo que se prohibe la venta por los lados; la desinfección constante de los puestos; y la preferencia del pago con tarjeta, entre otras.

Protesta en el parque Romano. / C7

La autorización se produce en el mismo día en que se produjo la concentración de algunos vendedores ante el Ayuntamiento para exigir su reapertura.

La oposición municipal (PP, Ciudadanos y CC-UxGC) aseguró que el gobierno local se vio obligado a autorizar el mercadillo tras la movilización de los puesteros, si bien el concejal Quevedo respondió que desde el 6 de octubre solicitó la autorización al Servicio Canario de Salud porque «la autoridad máxima es Sanidad».

Segunda protesta

La de ayer es la segunda movilización de algunos vendedores del rastro en dos semanas. El concejal Pedro Quevedo aseguró que se trata de una protesta que está politizada. «Es una manifestación artificial que impulsa el PP con mala fe porque todo el mundo sabe que si el semáforo sanitario está rojo no se puede abrir el rastro», expuso, «el semáforo de la pandemia es tan fácil de entender para todos, excepto para algunos políticos de la oposición, que se va a extender al resto del territorio estatal».

Para el PP, en cambio, el tripartito ha tratado a los vendedores «a la patada», como expuso la concejala Pepa Luzardo, «han sido tratados por el PSOE como profesionales de segunda».

La portavoz de Ciudadanos, Lidia Cáceres, «se ha perdido un tiempo que ha supuesto la ruina para casi todos los puesteros del rastro».

Y el concejal de CC-UxGC, David Suárez, criticó que ahora los vendedores tienen que «buscarse la vida para montar los puestos en solo 48 horas».

Los vendedores charlan con los concejales de la oposición. / C7

«No se puede jugar con la comida de 400 familias»

La veintena de vendedores del rastro que ayer se manifestó en la parte trasera de las oficinas municipales, en el acceso que da al parque Romano, se quejó del trato recibido por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. «No se han sentado con nosotros, nos ha tratado mal», expuso uno de los afectados, José Manuel Carmona. Preguntado por el anuncio hecho por el gobierno local de que el rastro iba a abrir este domingo -en el momento de la declaración la apertura estaba condicionada al paso a verde del semáforo sanitario en Gran Canaria-, Carmona aseguró que no habían recibido comunicación alguna. «Lo único que hemos visto es una nota (de prensa) que no nos creemos», señaló, «somos un colectivo y queremos que se nos informe por la vía oficial, no por una redacción política sin firma ni nada».

El concejal de Desarrollo Local, Pedro Quevedo, criticó la «persistencia en la manipulación» de «un grupo de gente, especialmente del PP, empeñado en atacar al grupo de gobierno usando la situación dramática de un montón de personas». Y dijo que se había reunido «con vendedores del rastro que me han pedido una reunión de manera razonable».

Entre los manifestantes de este viernes, sin embargo, la sensación era la de abandono. «No se puede jugar con la comida de cuatrocientas familias», denunció José Gómez Moto, «yo tengo una situación muy complicada porque tengo que mantener a toda mi familia con solo 670 euros».

La protesta de los vendedores del rastro, que jaleaban gritos como «queremos nuestros puestos», fue apoyada por una federación de asociaciones de vecinos de La Isleta que se está configurando en el barrio. Juan Antonio Martínez, presidente de la asociación El Timonel, aseguró que «La Isleta siempre está en la lucha por todos sus vecinos y la mayoría de los vendedores del rastro viven en el barrio y hay que ayudarlos».

En su opinión, el hecho de que el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran canaria no hubiera abierto antes el rastro del parque blanco solo responde a «un capricho». Este representante vecinal indicó que no entendía cómo en otros municipios de Gran Canaria sí se había podido abrir los mercadillos.

Quevedo aseguró que por las dimensiones y afluencia no se podía comparar el rastro con otros mercados.