Algunos vendedores se concentraron este lunes en la puerta de las oficinas municipales. / Arcadio Suárez

Vendedores del rastro exigen su reapertura pero el Ayuntamiento no lo hace por seguridad

Los comerciantes denuncian las pérdidas que sufren mientras que el Consistorio recuerda que no se puede controlar el aforo en el parque blanco

Javier Darriba
JAVIER DARRIBA Las Palmas de Gran Canaria

Un grupo de vendedores del rastro capitalino, apoyados por representantes del mercadillo de Jinámar, se manifestó ayer a las puertas del Ayuntamiento para exigir la apertura inmediata de los puestos.

Los manifestantes, que gritaban consignas del tipo 'Queremos mercadillo, queremos trabajar', aseguraron que querían llevar al Ayuntamiento su malestar por el hecho de que la ciudad haya recuperado la actividad comercial y, sin embargo, el rastro siga con restricciones.

Salvador Fernández, que actuó como representante de los vendedores, criticó que llevaran ya tres meses sin poder vender sus productos. «Es imposible que el rastro tenga más riesgo que otros comercios porque estamos en un espacio abierto y los contagios han sido siempre en espacios cerrados», explicó, «¿por qué vamos a tener que pedir ayuda social cuando tenemos trabajo?».

«No aguantamos más»; prosiguió Fernández, «solo van al mercadillo en elecciones, cuando van a buscar el voto».

Unas 1.500 personas

Por su parte, el concejal de Desarrollo Local, Pedro Quevedo, justificó la decisión de tener el mercadillo en suspenso por las dificultades que representa el control de aforo en el parque blanco, en un momento en que las restricciones sanitarias por la pandemia no permiten reuniones al aire libre de más de diez personas. «Hemos quitado a la gente de La Cícer y de Las Alcaravaneras por el riesgo que representaba, ¿y ahora vamos a permitir que se reúnan más de 1.500 personas en el rastro?», se preguntaba el edil.

Quevedo también aseguró que en estos momentos el rastro está formado por 360 puestos (de 450 posibles) y con este número resulta complicado mantener las distancias que impone la situación de la pandemia. «Con el semáforo sanitario rojo para Gran Canaria es del todo imposible abrir ese mercado», dijo.

También quiso desligar la negativa de la capital de la realidad de otros mercadillos como San Lorenzo o el de Teror, cuyas dimensiones son más pequeñas.

El Ayuntamiento va a presentar a Sanidad un plan de contención de la Covid-19 para tratar de agilizar la celebración de este mercadillo y otros como Veguearte, pero Quevedo alertó de las dificultades de que se autoricen concentraciones tan grandes de personas. «Queremos que se celebre el rastro pero es una situación difícil de manejar porque no se puede controlar el aforo en el parque blanco», añadió.

Otro momento de la protesta. / Arcadio Suárez

La oposición mostró ayer su respaldo a la petición de los vendedores del rastro. «Se podría establecer una organización distinta o desplazarlo hacia el intercambiador para ganar más espacio entre puesto y puesto», propuso la portavoz del PP, Pepa Luzardo, «hay formulas para permitir que estos trabajadores puedan ganarse su sueldo pero para ello hay que tener capacidad de diálogo y ganas de resolver los problemas de la gente».

La edil de Ciudadanos, Lidia Cáceres, considera que habría que aprovechar la situación para mejorar la imagen del rastro porque «es lo primero que ven los turistas y no es una buena primera impresión».

Para el portavoz de Coalición Canaria-Unidos por Gran Canaria, Francis Candil, «no se entiende que el Ayuntamiento no ponga en marcha medidas de control para que el rastro pueda continuar su actividad y sin que exista riesgo de contagio por coronavirus, como por ejemplo la ampliación del espacio en el que se instala el rastro o seguridad que controle los aforos. Otros mercadillos están funcionando con restricciones sanitarias».