Cabras esterilizadas versus apañadas

Los animalistas instan a controlar la población del ganado guanil de Guguy con métodos anticonceptivos, pero el Cabildo lo descarta por su inviabilidad técnica y por su ineficacia en la práctica.

G. Florido / Las Palmas de Gran Canaria

Pueden convivir cabras asilvestradas con especies botánicas en extinción en un espacio protegido, en concreto, en los montes de Guguy? Los animalistas han reabierto el debate. Creen que sí, que solo hace falta voluntad política y un cambio de mentalidad en los gestores ambientales de Gran Canaria. Por eso retomaron las protestas días atrás y se dejaron ver con sus pancartas en la misma fachada del Cabildo. Piden, por ejemplo, cercar con vallados más seguros esos árboles protegidos. Y sobre todo, entre las alternativas que plantean, instan a emplear métodos anticonceptivos para las cabras. Así, dicen, se controlaría al menos la población. Pero el Cabildo habla de uno, el llamado CES, acrónimo de capturar, esterilizar y soltar, y lo descarta. Por dos razones, por inviabilidad técnica y por ineficacia, según defiende el consejero de Medio Ambiente, Miguel Ángel Rodríguez. Seguiría habiendo cabras en los montes y seguirían comiendo.

El conflicto no tiene fácil solución, máxime cuando el tiempo apremia. Gestores y técnicos de la corporación insular grancanaria tienen un ojo en las cabras y otro en Bruselas, la sede de buena parte de las instituciones comunitarias. Desde allí acechan a la isla cual Gran Hermano y reclaman ya una salida viable y convincente. ¿Por qué? Porque la Unión Europea ha librado partidas millonarias para garantizar la biodiversidad de ese paraje único y protegido que es Guguy, perteneciente a La Aldea, en el este de Gran Canaria. Se llama proyecto Life+Guguy, y entre otras acciones, ha financiado la plantación en esos montes de cientos de cedros, una especie en riesgo de desaparecer en la isla. Pero ese mismo proyecto pone condiciones. El dinero no es a fondo perdido. Exige controlar las cabras que pastan silvestres por esas estribaciones y que se comen esas plantas que tantos millones valen.

El Cabildo intentó eliminarlas con batidas a tiros, el método, por cierto, más habitual y el que goza de mayores avales científicos y técnicos, pero se lió una buena. La gente se echó al monte. Clamaba ante tanta «crueldad». Se difundieron incluso fotos con cabras moribundas. Entonces el Cabildo cambió de estrategia y decidió escuchar a los pastores y a los vecinos de esas zonas: apostaría por las apañadas, una solución más rústica, pero también más tradicional, y entienden, menos dañina para las cabras. Puso en marcha lo que dio en llamar gambuesa social (en alusión al nombre que recibe el corral de piedras donde meten al ganado silvestre capturado en esas apañadas), una política con la que emprende implicar en esta estrategia a todos los agentes sociales. El último informe que se remitió a Europa, en agosto, defendía los resultados de su aplicación, de 300 cabras en enero de 2018 se pasó a 236 en julio. Y bajando. Los técnicos aseguran que los datos prueban la eficacia de estas capturas y prevén, de hecho, tener esta población controlada en 2019.

Sin embargo, a los animalistas este método tampoco les convence. Porque se «secuestra» a la cabra, se la persigue, se la estresa y se la saca de su hábitat. De ahí que apuesten por otros métodos menos agresivos como el CES. Rodríguez les agradece que aporten ideas y les anima a seguir colaborando buscando alternativas, pero de entrada les advierte de que el CES no es viable. Cita varios inconvenientes. Habría que capturar a todas las cabras o a los machos a la vez para esterilizarlos. «Y eso no es posible». Guguy es un paraje escarpado. Baste que quede una pareja fértil y el trabajo sería baldío. Y segundo, el ganado no se reproduciría, pero seguiría comiendo plantas. No acaba con el problema.