Anneke y Arnold, ‘los últimos de Filipinas’

El cierre de alojamientos turísticos del Sur como consecuencia de las medidas contra el Covid-19 obliga al regreso anticipado de muchos clientes. El matrimonio de holandeses será el último en marcharse por falta de vuelo

Gabriel Súarez
GABRIEL SÚAREZ

Gabriel Suárez / Maspalomas

Una pareja de turistas holandeses alojados en el complejo Corona Verde, en Playa del Inglés, se ha convertido, sin proponérselo, en los últimos visitantes extranjeros que abandonarán la zona turística del Sur, tras el cierre de establecimientos y la cancelación de operaciones aéreas por los turoperadores a raíz de las medidas para frenar los contagios por coronavirus (Covid-19).

Arnold Tillart, de 74 años de edad, y su esposa Anneke, de 72 años, ambos originarios de la ciudad de Zaandam (Países Bajos), se han visto forzados a prolongar su estancia porque la compañía aérea Transavia, con la que tienen contratado el vuelo de regreso, ha suspendido sus operaciones del 23 de marzo hasta el próximo 5 de abril. «Tenemos el apartamento hasta el próximo 31 de marzo, pero no hay forma de conseguir vuelo de regreso antes, y si quisiéramos retornar antes del 23, entonces nos penalizan con un suplemento de 400 euros por billete, por lo que hemos optado por quedarnos y ser los últimos en marcharnos de la isla», afirman.

Simpáticos, amables y muy fieles al destino turístico de Maspalomas Costa Canaria, el matrimonio no se ha quedado tirado porque los responsables de Corona Verde les garantizan que pueden permanecer en el establecimiento, cosa que no ocurre con otros complejos de la zona, donde a los clientes se les avisa que se cierran las puertas el próximo fin de semana y tienen que sí o sí marcharse. «Lo hemos intentado a través de la página web de la línea aérea pero nos cobran una penalización», añadiendo que la compañía «en ningún momento se ha puesto en contacto con nosotros», apuntan.

Cierres.De esta manera, al prolongar de forma forzada su estancia en el lugar, se convierten no solo en los únicos turistas que estarán en el complejo sino también en los últimos en salir tras el aluvión de cancelaciones y de cierres. Debido a esto, y salvando las distancias con el hecho histórico, se quedan como los sitiados en Baler, que en la guerra de Estados Unidos y España (1 de julio de 1898 -2 de junio de 1899), fueron conocidos como los últimos de Filipinas.

Arnold y Anneke, que se toman los acontecimientos con muy buen humor, pertenecen al selecto grupo de clientes de larga estancia. Están en la isla desde el pasado 18 de enero. «En todo este tiempo y en relación a la información sobre la pandemia del coronavirus, hemos recibido un trato excelente», apuntan, añadiendo que por estas condiciones no se encuentran tranquilos o cómodos «pero aquí nos sentimos realmente muy seguros», indican.

De momento, como consecuencia de las medidas restrictivas para impedir el contagio del Covid-19, no pueden hacer uso de la piscina del establecimiento, y tampoco tienen permitido realizar sus paseos por la playa o tomarse un baño, algo que aseguran les gusta mucho, pero que lamentablemente no van a poder seguir disfrutando mientras se mantenga la actual alarma por la pandemia.

Al comentar cómo es el día a día dentro de un complejo en el que se supone que deben permanecer respetando la cuarentena establecida por las autoridades sanitarias, ponen de manifiesto que se entretienen «con la lectura de libros, haciendo crucigramas y tomando el sol en las tumbonas, ya que no queda otra opción, pero nos sentimos bien y estamos seguros», revelan.

Opinan que en Holanda y en otros muchos países de Europa la situación, respecto a las medidas de confinamiento por la expansión del coronavirus, son muy parecidas a las que se registran en España en general y en Canarias en particular, y que ellos están en permanente contacto, a diario, con sus familiares a través de llamadas de teléfono, principalmente, y en menor medida mediante Whatsapp o Skype. «Tenemos hijos, nietos y mucha familia que se interesa por saber cómo estamos», comentan.

Este matrimonio holandés, al igual que muchos visitantes del norte y centro de Europa, son personas muy activas a las que le gusta mucho la práctica de la natación así como realizar largas caminatas, actividades de las que están obligados a prescindir mientras se mantenga la cuarentena. Su vida transcurrirá, hasta tanto regresen a su país, del apartamento hasta las tumbonas, las que están a una distancia de cuatro metros entre ellas para evitar el contagio.