Maspalomas vacía se convierte en una realidad muy difícil de digerir para todos

La imagen de la principal playa turística de Gran Canaria sin un alma al mediodía de un mes de marzo con sol y temperatura más que agradable, no encuentra precedentes en la historia de los últimos cincuenta años del paradisíaco escenario.

GABRIEL SÚAREZ y GABRIEL SUÁREZ / MASPALOMAS

La postal de este lunes, con tumbonas apiladas, sin sombrillas, y con un silencio que dejaba oír con nitidez no solo el murmullo de las olas, sino el silbo del viento y el canto de los pájaros, «nunca lo había visto», asegura desde su local en el centro comercial Oasis, el empresario Jesús Marichal, quien lleva toda la vida trabajando en la zona.

Marichal recuerda momentos complicados para el turismo «pero nunca como este». «En la Guerra del Golfo por los años 90 hubo un parón tremendo, pero no se puede comparar con lo actual, esto es muy difícil de digerir», asegura, estando totalmente convencido de que «este vacío tan impresionante es la única vía para frenar, reducir y controlar los niveles de contagio del coronavirus» (Covid-19), la pandemia que paraliza al planeta y amenaza con hundir la economía mundial.

El ahora preocupa en demasía a todos, pero la incertidumbre respecto a lo que vendrá, esa falta de certeza respecto al futuro, desespera al pequeño y mediano empresario del sector turístico del Sur. «Vamos a estar en estas condiciones más de quince días, segurísimo, y entonces debo decir que le tengo mucho más miedo al reinicio de la actividad, porque me temo que vamos a tardar meses para coger el ritmo de trabajo, para volver a la normalidad», afirma Marichal.

En la mente de los empresarios bailan las cifras económicas entre el miedo y la incertidumbre. También entre los trabajadores. Todo apunta a que los expedientes de regulación temporal de empleo (Erte) será la solución, pero hay quienes no quieren llegar a eso, porque aún guardan un hilo de esperanza y optimismo, pensando que esto se va a recomponer.

Un pequeño empresario con unos veinte trabajadores en nómina tiene un coste mensual sólo en salarios de unos 40.000 euros. «Con ventas paralizadas no hay quien pueda soportar esta carga», señalaba Marichal mostrando como prueba de la dureza del momento actual, que su pequeño supermercado ayer por la mañana solo había vendido unos 27 euros.

La realidad es mucho más sangrante en el sector de bares, restaurantes y cafeterías. Temen que el cierre obligado por la aplicación de las medidas del estado de alerta impuesto desde el Gobierno central, acabe con gran parte de este entramado económico del que viven cientos de familias. «Quienes sobrevivirán no lo sabemos, ni queremos pensarlo», expresaban este lunes algunos empresarios vinculados a esta actividad.

Vídeo.

Entre los pocos turistas que se atrevieron a dar un paseo por la playa, Adolf fue uno de ellos. Sacaba fotos de la playa vacía pocas horas antes de emprender el regreso a su país, Alemania. «Esto es el final», expresó, pero sin querer especificar si se refería a sus vacaciones o algo más. Ese mismo gesto adusto, severo, desabrido, era apreciable también ayer entre los clientes que a primera hora de la mañana hacían cola para entrar a un supermercado de San Fernando de Maspalomas. No estaban molestos por el control del aforo, ni por tener que guardar una cierta distancia. Es la incertidumbre que se extiende cual mancha de aceite sin distinguir turistas de residentes. Otro sector que ha visto mermada su actividad es el del taxi. Manolo, titular de la licencia municipal 324 está convencido que «nos va a costar mucho tiempo recuperarnos de este parón». No sabe cómo ni de dónde saldrá el dinero para las ayudas que esperan para un sector, al que también le cuesta digerir este vacío.