Niños cruzando paso de cebra. / Fotolia

Los niños de escuelas rodeadas por el tráfico aprenden más despacio

El estruendo de los coches perjudica de forma relevante su concentración y la memoria de trabajo, la que permite asimilar las lecciones

Alfonso Torices
ALFONSO TORICES Madrid

El tráfico rodado es responsable directo solo en España de miles de muertes por enfermedades respiratorias, cánceres e infartos y es un claro acelerador del calentamiento global que amenaza el futuro de la vida en la Tierra. Causa daños físicos y mentales tanto por los tóxicos que expulsan los tubos de escape como por el exceso de decibelios que provocan. Pero el estruendo de los motores de explosión, de las sirenas, cláxones y los frenazos también tiene otras repercusiones negativas bastante menos conocidas, como el hecho de ser un factor relevante para el fracaso escolar.

Los niños que asisten a los colegios rodeados por el ruido de los coches, furgonetas y motos aprovechan menos las clases porque la contaminación sonora con la que conviven limita y ralentiza su capacidad de aprendizaje. Así lo demuestra un estudio publicado en la revista científica 'PloS Medicine' y realizado por el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal), una red de equipos de investigadores sanitarios impulsada por la Fundación La Caixa.

Estos expertos se desplazaron a 38 colegios de primaria ubicados en distintos puntos de Barcelona y durante todo un año observaron la evolución cognitiva de 2.680 de sus alumnos, al tiempo que medían la contaminación sonora en el exterior de las escuelas, en sus aulas y en los patios. Para comprobar si el ruido excesivo repercutía en el progreso académico, los especialistas sometieron a los niños y niñas de 7 a 10 años a test en cuatro ocasiones a lo largo de ese año.

¿Qué analizan? Pues dos cosas muy concretas. La capacidad de atención, la que permite centrarse en tareas específicas durante espacios de tiempo prolongados, y la memoria de trabajo o memoria operativa, la capacidad de retener y manipular información en periodos cortos. Se fijaron en estos factores y no en otros porque son dos habilidades que se desarrollan con rapidez en la preadolescencia y que resultan esenciales para el aprendizaje y el rendimiento escolar.

«Nuestro estudio refuerza la hipótesis de que la infancia es un período vulnerable en el que estímulos externos como el ruido pueden afectar al rápido proceso de desarrollo cognitivo que tiene lugar antes de la adolescencia»

Jordi Sunyer

investigador de ISGlobal

La conclusión principal del año de trabajo fue que los alumnos de las escuelas con mayor exposición al tráfico desarrollan ambas capacidades más despacio que quienes aprenden en entornos sin apenas contaminación sonora. No es una impresión. Los test desvelaron que por cada incremento de 5 decibelios en la exposición al ruido del tráfico los escolares desarrollaban su memoria de trabajo un 11,4% más lento que la media, retraso que escalaba al 23,5% si se observaba la memoria de trabajo compleja, la que permite procesar de forma eficaz y continua la información almacenada en la memoria operativa. La misma cantidad adicional de polución sonora limita un 4,8% el desarrollo de la concentración.

«Nuestro estudio refuerza la hipótesis de que la infancia es un período vulnerable en el que estímulos externos como el ruido pueden afectar al rápido proceso de desarrollo cognitivo que tiene lugar antes de la adolescencia», explica Jordi Sunyer, investigador de ISGlobal. Al igual que Maria Foraster, principal firmante de la investigación, destaca que el trabajo prueba que la polución acústica es un freno para el aprendizaje de los preadolescentes, pero, además, alerta que la ubicación de un colegio condiciona ya de entrada el rendimiento académico de sus alumnos y supone una desigualdad de oportunidades con respecto a otros centros.

Picos dañinos

El análisis aporta otro elemento a tener en cuenta. Las fuertes fluctuaciones del ruido pueden ser más dañinas para los escolares que el propio estruendo sostenido. Los investigadores descubrieron que mientras en el patio, donde la contaminación sonora está en su apogeo, se detectan retrasos tanto del avance de la memoria como del grado de atención, en las aulas lo que de verdad afecta negativamente los chicos son las variaciones bruscas de los decibelios, que ralentizan la adquisición de las capacidades que permiten el aprendizaje.

Los alumnos sometidos de forma continua a más decibelios del tráfico solo tuvieron peores resultados en clase que los escolares de centros menos ruidosos en la prueba de capacidad de atención, pero no en los test de memoria de trabajo. «Todo apunta a que los picos de ruido en el interior del aula podrían resultar más disruptivos para el neurodesarrollo que la media de los decibelios», comenta Foraster. «Esto es importante, porque refuerza la hipótesis de que quizá influyan más las características del ruido que sus niveles medios, cuando actualmente las políticas preventivas solo se basan en la media de decibelios», advirtió a los responsables de planificación de centros de las distintas administraciones educativas.