La percepción que las niñas tienen de la materia, en el fondo del problema. / fotolia

Igualdad, el problema que se le resiste a las matemáticas

Por capacidad, las niñas puede dedicarse a esta Ciencia básica, pero pocas la eligen y la brecha de género no para de crecer. ¿Por qué?

Rocío Mendoza
ROCÍO MENDOZA Madrid

La comunidad matemática internacional ha solucionado decenas de teoremas, conjeturas y problemas de lo más complejo. Alguno, como el famoso de Fermat, lleva a gala ser el 'más difícil de la historia'. Y aún así fue resuelto hace un par de décadas.

Sin embargo, entre todos los retos a los que se ha enfrentado esta comunidad científica hay uno que lleva siglos enquistado y que, aún hoy, ni tiene una explicación contrastada ni ha sido resuelto. Su formulación es sencilla: si las niñas son objetivamente iguales a los niños en capacidad y oportunidad frente a esta disciplina, ¿por qué hay cada vez menos participación femenina en esta área fundamental para las ciencias?

Los datos en los que está basada esta realidad son objetivos, pero las causas (y más las soluciones) «son muy difíciles de saber», algo que reconoce la propia comunidad científica.

Tal y como reconoce Eva Gallardo, presidenta de la Real Sociedad Matemática Española (RSME) (sí, es buen síntoma que la institución tenga una mujer al frente), hay trabajo por delante. «Es muy importante estudiar las posibles causas que dificultan tanto el ingreso como el desarrollo de las carreras científicas en Matemáticas de las mujeres y, en este sentido, tenemos una especial sensibilidad al tema, por lo que haremos todo lo que esté en nuestras manos para fomentar acciones destinadas a conseguir la igualdad». El reto está ahí; y es una de las prioridades de la institución.

Los datos objetivos de la disparidad

Los datos que preocupan hablan por sí solos. Según las conclusiones presentadas en la última Conferencia de Decanos de Matemáticas celebrada en 2018, el porcentaje de mujeres matriculadas en este grado era del 40%; cifra que bajaba al 30% cuando se trata de doble grados que incluyen Matemáticas sumada a Física, Informática y otras disciplinas técnicas. Parece que el factor 'competitividad' que lleva la imagen de estas últimas asociadas no ayuda.

Este porcentaje no es catastrófico y, en realidad, demuestra el avance que ha tenido en los últimos años la incorporación de la mujer a las Matemáticas. Aunque la paridad no sea total, se ve que las vocaciones existen. Otra cosa es que se mantengan en el tiempo.

Según los datos manejados por el Ministerio de Educación, la brecha crece de forma manifiesta ya en el máster y en los doctorados, donde la representación femenina baja hasta el 28%. Esto no demuestra más que a medida que las carreras avanzan, la presencia de mujeres decae. ¿Perciben acaso el entorno como hostil? Está por investigar.

Pocas catedráticas en la cumbre

Uno de los datos más llamativos es que el porcentaje medio de catedráticas de Matemáticas en España es de un escaso 11%. Si hay 580 catedráticos, solo 69 son mujeres (datos de 2018). »Es más, hay especialidades donde la participación femenina es prácticamente testimonial. Hablamos de un 5% y hasta un 3% de catedráticas en algunas de ellas», señala con énfasis Gallardo.

¿Y es esto importante? La respuesta puede sonar a perogrullada, pero parece que la sociedad necesita recordarlo de forma periódica. De hecho, es el sentido que tiene que días como hoy, 11 de febrero, se celebre en todo el mundo con actos, conferencias, exposiciones, talleres y comunicaciones el Día Mundial de la Niña y la Mujer en la Ciencia.

Preocupa la desigualdad y la falta de vocaciones femeninas en carreras STEM (carreras de Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas por sus siglas en inglés) porque «se pierde riqueza intelectual» y porque la visión, la resolución de problemas, la aplicaciones y soluciones que se aporten a la sociedad corren el riesgo de «quedar sesgadas». La representante de los matemáticos se muestra tajante al respecto: «la diversidad suma y hay algo que la sociedad está transmitiendo que la frena y que hay que investigar para luego actuar».

¿Por qué es importante la paridad en Matemáticas?

En un futuro (presente, más bien) en el que las nuevas tecnologías tendrán tanto qué decir, ¿dónde quedará la voz de las mujeres? Específicamente, las Matemáticas pueden necesitar más de esta paridad porque luego cala en el resto de las disciplinas. No en vano, como recuerda la representante de esta comunidad investigadora en España, «las Matemáticas son el lenguaje de todas las ciencias».

Digamos que están en la base de multitud de especialidades y aplicaciones posteriores. «Su naturaleza -enfatiza Gallardo- es totalmente transversal». Matemáticas es música, es arte (¿qué si no es la Alhambra?), es arquitectura… También Ingeniería, carrera Espacial y, cómo no, I nteligencia Artificial. A pesar de la imagen que se pueda tener de ella, las aplicaciones en la vida cotidiana son muchísimas.

Este, su carácter práctico, es una de las estrategias propuestas por el Libro Blanco de las Matemáticas elaborado por la citada Sociedad para despertar más vocaciones femeninas. «Parece un criterio contrastado en diferentes estudios que las mujeres se sienten más cómodas abordando problemas con claro perfil de servicio social y con utilidad directa para el colectivo», versa el documento. De ahí que la enseñanza del carácter práctico de las matemáticas sea una de las estrategias a seguir.

Queda en evidencia, así, que la percepción que se tiene de esta materia, y no en la capacidad personal, reside el rechazo que provoca en una buena parte de las estudiantes. Además de poco práctica, se concibe como masculina, muy exigente y con un claro factor de competitividad.

Cuando la baja autoestima conlleva malos resultados

En este punto se entra de lleno en el resbaladizo mundo de los estereotipos que existen en torno a esta disciplina, que siempre ha sido percibida como masculina y apta para personas (hombres) brillantes, cuasi genios.

Es difícil objetivar la influencia real de un cliché, pero existen estudios de referencia (el principal publicado por Science en 2017) que demostraron que ya en los primeros cursos de Primaria las niñas ya se declaran menos capaces (sin serlo realmente según sus resultados) de tener éxito en esta asignatura. Pueden, pero temen enfrentarse.

Existe, por lo tanto, «un problema de falta de autoestima» sobre las posibilidades propias. El estudio más reciente publicado al respecto fue desarrollado por investigadoras de la Universidad de Zaragoza y publicado el año pasado en la revista IEE Trnsactions on Education.

Entre sus conclusiones, la principal fue que el 75% de los niños y el 55% de las niñas se consideraban buenos en matemáticas y la divergencia se ampliaba conforme los estudiantes crecían. Natalia Ayuso, una de las autoras y miembro de la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas, destacaba que esta brecha no se veía en ciencias naturales o sociales. «A partir de los ocho años, las niñas prefieren la lengua y los niños las matemáticas», afirmó tras publicar el trabajo.

¿Puede tener su enseñanza un enfoque emocional?

«A la vista de los datos -recoge el informe de la RSME- parece que las chicas sienten más estrés cuando se enfrentan a las matemáticas (...). Resulta curioso que, aunque ellas obtengan mejores notas, sientan que no son buenas. (...) En definitiva, para que el nivel de autoexigencia femenino es mucho mayor que el masculino». Factor que las aleja de la materia.

Esta autocensura es la que más daño hace a las vocaciones, desde el punto de vista de los expertos. De ahí que se pusiera énfasis en el enfoque emocional a la hora de abordar su enseñanza en las aulas de primaria españolas por parte del Gobierno en su propuesta de reforma educativa.

La necesidad de alentar la participación de las chicas en clase (a veces el sesgo inconsciente también está en el profesorado), de señalar los logros, de trabajar la autoestima y de darle un enfoque más colaborativo que competitivo.

Libres para elegir sin presión

Porque, por último, el halo de competitividad que envuelve a las carreras STEM parece ser otro de los factores que excluyen a las mujeres de sus filas, según el citado informe sobre género y matemáticas. Solo hay que ver cómo cae en picado la participación femenina cuando este factor entra en juego, como es el caso de la presencia de féminas en las Olimpiadas Matemáticas, considerado el mejor caldo de cultivo para alimentar la pasión por esta materia: no se consigue que supere el 10%.

Los factores a estudiar son muchos y las soluciones al dilema están por demostrar su eficacia. Pero el objetivo está marcado y hacia él se dirigen multitud de iniciativas que instituciones y organismos públicos han puesto en marcha. «No se trata - acalara Gallardo- de dirigir u provocar que más mujeres opten por la carrera científica; sino de reclamar que se sientan libres, de que no se cercene sus carreras; de que aquellas que tengan interés lleguen a apasionarse por este mundo y no limiten su deseo de dedicarse a las Matemáticas por presiones sociales, estereotipos, falsas creencias sobre su capacidad, falta de referentes o de oportunidad».