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Captura de atunes en las islas Maldivas Fotolia
Atunes contaminados de mercurio: por qué perdura la toxicidad de esta especie

Atunes contaminados de mercurio: por qué perdura la toxicidad de esta especie

ODS 15 | VIDA DE ECOSISTEMAS TERRESTRES ·

Un estudio realizado sobre la carne de este pez demuestra que la presencia del químico no ha disminuido desde 1971, a pesar de que los niveles de emisiones y vertidos sí

Martes, 20 de febrero 2024

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La contaminación por mercurio de especies marinas de gran tamaño, como el atún, es una realidad de dominio público. Igual que las recomendaciones de las autoridades sanitarias sobre la limitación de su consumo en la población más vulnerable como niños y embarazadas. Lo que se desconocía hasta ahora era el verdadero alcance que tiene la presencia de estos tóxicos.

Un nuevo estudio de investigación ha demostrado que revertir esta situación puede ser una tarea inabarcable. De décadas, al menos. Y es que, a pesar de que ha disminuido el nivel de contaminación de las aguas por mercurio en las últimas décadas, la carne del atún ha conservado sus niveles de toxicidad inalterable desde 1971. Más de medio siglo.

Esta es la conclusión principal de un estudio publicado en Environmental Science & Technology Letters, liderado por un grupo de científicos de la Sociedad Química Americana (ACS, por sus siglas en inglés), quienes ponen sobre la mesa la necesidad de endurecer los límites al uso y emisión de estos químicos para comenzar a reducir la toxicidad de los peces.

Desde la citada fecha de referencia, hace ya 53 años, las políticas de protección ambiental han mejorado sustancialmente. De hecho, han ayudado a reducir la contaminación por mercurio originada por actividades humanas como algunas industrias, la quema de carbón, la minería, la eliminación de residuos, etc.

Además, tal y como explican desde la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), no hay que olvidar las medidas de prohibición tomadas sobre algunos productos que utilizan el mercurio como pinturas, vacunas, amalgamas dentales, baterías y pilas, lámparas fluorescentes y de bajo consumo, aparatos eléctricos y electrónicos, aparatos de medida (termómetros y barómetros), etc.

La ingesta semanal tolerable de metilmercurio, la forma más tóxica y la más presente en estos peces, es de 1,3 microgramos por kilo de peso corporal

Los científicos de la ACS querían comprobar si estas políticas y la mejora en las emisiones y vertidos de mercurio se correspondía con una menor toxicidad del pescado. Para ello, los investigadores, Anne Lorrain (autora principal), Anaïs Médieu y David Pointm, recopilaron los datos publicados y los suyos propios sobre los niveles totales de mercurio de casi 3.000 muestras de músculos de atún capturados en los océanos Pacífico, Atlántico e Índico entre 1971 y 2022.

Examinaron específicamente el atún tropical: barrilete, patudo y aleta amarilla. Estas tres especies representan el 94% de las capturas mundiales de atún. Debido a que no sufren migraciones transoceánicas, cualquier contaminación encontrada en la carne de los animales probablemente refleje las aguas en las que nadan.

Después de estandarizar los datos para comparar décadas y regiones, observaron concentraciones estables de mercurio en el atún en todo el mundo desde 1971 hasta 2022, excepto por un aumento en el noroeste del Océano Pacífico a fines de la década de 1990.

«Pero en el mismo periodo, la presencia de este químico disminuyó a nivel mundial», recoge el estudio. ¿Cómo se explica? Los investigadores norteamericanos creen que estos niveles estáticos pueden deberse a una mezcla del mercurio «heredado» desde las profundidades del océano hasta lugares más superficiales donde los atunes nadan y se alimentan de otros peces contaminados.

Enrique Rodríguez-Marín, biólogo pesquero especialista en atún rojo atlántico, científico titular en el Instituto Español de Oceanografía (IEO-CSIC), relfexiona a este respecto. «Los túnidos, y en concreto las especies de grandes túnidos, son predadores que acumulan mercurio porque ocupan niveles altos de la cadena trófica. Por tanto, son indicadores de la concentración de mercurio en los océanos y sobre todo en la cadena trófica».

«El mercurio heredado encontrado en los músculos de los pceces podría haberse emitido años o incluso décadas antes»

Anne Lorrain

Investigadora de la Asociación Química Americana

Pero lo más «interesante» del estudio, a ojos de Joan Grimalt, profesor de investigación del CSIC es la proyección a futuro que hace en esta conclusión. «El mercurio heredado podría haberse emitido años o incluso décadas antes», avisan los investigadores norteamericanos.

«El trabajo muestra que una vez que se contamina el mar, la recuperación a niveles anteriores no es tan sencilla. El mar tiene una gran capacidad de almacenamiento de contaminación, por ello, podemos utilizarlo de vertedero sin que a priori se note mucho. Sin embargo, precisamente por la gran cantidad de contaminantes que puede almacenar, cuando queremos volver atrás, ello no es tan simple», declara a SMC.

Diego Romero, profesor titular en el Área de Toxicología de la facultad de Veterinaria de la Universidad de Murcia, valora el trabajo en el mismo sentido, tal y como recoge SMC España. «Una de las reflexiones más importantes que se pueden leer en el artículo hace referencia a los cambios futuros en el clima, ya que como consecuencia de esto se puede modificar la cinética del metilmercurio en las redes tróficas. Por ello es imprescindible continuar estudiando (...) las concentraciones de mercurio en atunes y otras especies de peces, pero no solo a nivel muscular, sino en todos los tejidos (...) y órganos importantes como el hígado, el riñón o el cerebro».

El feto, el más vulnerable

Sanidad publica los gramos por kilos de peso que pueden consumir embarazadas y niños menores de tres años de peces de gran tamaño como el atún, el lucio, el tiburón y el pez espada por concentración de mercurio. Concretamente, la forma en la que este químico llega al organismo de estos animales, y luego al de los humanos que lo consumen, es el metilmercurio, su forma orgánica y la que resulta ser más tóxica. «Se disuelve fácilmente en la grasa y atraviesa la barrera hemato-encefálica y la placenta pudiendo provocar alteraciones en el desarrollo neuronal del feto y en niños de corta edad», advierte la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). De hecho, los daños al sistema nervioso de los no nacidos es el mayor peligro que tiene esta sustancia.

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