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El teletrabajo no se libra del 'mobbing': así es el acoso laboral cuando se trabaja desde casa

El teletrabajo no se libra del 'mobbing': así es el acoso laboral cuando se trabaja desde casa

Quedar excluido de grupos laborales de Whatsapp, no ser invitado a videollamadas o recibir mails fuera de horario son formas de acoso laboral ligadas al trabajo a distancia

Martes, 2 de abril 2024

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¿Teletrabajas y no te incluyen en las videollamadas con el resto de compañeros para discutir sobre un determinado proyecto? ¿Te has enterado de que han creado un grupo de Whatsapp de trabajo y te han dejado fuera? ¿Te mandan mails fuera de hora? Ojo, porque el acoso laboral es posible incluso no estando presente en la oficina. El también llamado psicoterror laboral es un problema que afecta a más de dos de cada diez trabajadores a nivel mundial, según una encuesta que la Organización Mundial del Trabajo (OIT) presentó en 2022. En total, hasta 743 millones de empleados tienen que soportar ser excluidos, sufren hostigamiento psicológico o son discriminados por razones de género, que son las formas más habituales de 'mobbing'. España no escapa a esta realidad. Se calcula que en torno al 15% de los empleados se ha visto afectado por esta forma de abuso, una cifra muy por encima del 9% de la media de la Unión Europea.

Podría pensarse que una forma de escapar de esta tortura es el teletrabajo. Este tiene muchas ventajas, como la flexibilidad de horarios, la mayor conciliación familiar, no ver al jefe o al compañero que te cae mal, el ahorro de tiempo al no tener que desplazarte hasta la oficina o un menor estrés al estar trabajando en el propio hogar -o al menos fuera de la oficina-, pero no libra del 'mobbing'. ¿Cómo te pueden acosar en el trabajo si ni siquiera estás en el trabajo? Gracias a la misma tecnología que te permite trabajar a tu aire en casa. «Casi todas las conductas hostiles que son típicas del acoso presencial se trasladan de alguna forma al ámbito del teletrabajo», explica Carlos Galán, profesor colaborador de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). Lo corrobora Raquel Blanco, abogada laboralista y profesora también en la misma universidad. «El fondo es el mismo; se siguen desplegando conductas no deseadas que crean un entorno intimidatorio, hostil o humillante, pero cambian las formas y los medios que se emplean».

¿En qué consisten estas nuevas formas de acoso laboral a distancia? El aislamiento físico al que podían someter al trabajador en la oficina se transforma en aislamiento digital y ambiental. Además de las formas más 'tradicionales' como no mandar tareas o encomendar algunas que directamente son inútiles, repetitivas o improductivas -en el extremo contrario, te pueden encomendar las más difíciles-, o dar órdenes que son imposibles de cumplir, las nuevas formas de acoso son, por ejemplo, quedar fuera de grupos de Whatsapp del trabajo, no ser invitado a videoconferencias o ser ignorado en caso de estar conectado, evitar que el trabajador se comunique con terceras personas, impedir la desconexión digital con correos electrónicos o videollamadas fuera de hora o destacar que un trabajo se ha hecho mal en una videollamada o en un mail dirigido a varias personas.

También se considera acoso que se ignoren las necesidades de resolver problemas técnicos que impidan sacar adelante el trabajo. Es decir, que pasen de uno cuando no funciona el ordenador o la conexión no funciona como debería. «Eso provoca impotencia y desesperación no solo por no poder desarrollar tus tareas, sino también porque nadie te haga el menor caso«, asegura Blanco.

Las redes sociales acentúan el problema

Las redes sociales tampoco ayudan a reducir las consecuencias del 'mobbing' a distancia. Todo lo contrario, ya que, según los expertos, pueden proporcionar al acosador una herramienta más. A través de ellas pueden conseguir información personal de sus víctimas y utilizarlas a conveniencia, incluso aprovechándose del anonimato que proporcionan estas plataformas. Los rumores y las descalificaciones también aumentan de esta forma su difusión.

Las consecuencias de este ciberacoso son, como mínimo, las mismas que las del 'mobbing' presencial: ansiedad, miedo, insomnio, trastornos de la conducta alimentaria y, en los casos más extremos, el suicidio. Y pueden agravarse por el propio aislamiento que implica el teletrabajo. Al fin y al cabo no se comparten charlas de café ni las quedadas después de salir de la oficina. O al menos tan a menudo. ¿La solución? Denunciarlo ante la empresa y sacar partido de las mismas tecnologías con las que nos pueden hacer la vida imposible. Si un insulto puede no dejar huella si no hay testigos, los mensajes de Whatsapp y correos electrónicos sí lo hacen. Las videollamadas también se pueden grabar.

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