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Necesitas vacaciones de las vacaciones. Cada vez nos estresamos más por hacer cosas y compartirlo

Cómo hacer que tus vacaciones no te estresen

Necesitas vacaciones de las vacaciones. Cada vez nos estresamos más por hacer cosas y compartirlo

Los álbumes de fotos de nuestra vida son ejemplo de que siempre nos ha gustado mostrar lo bien que lo pasamos en nuestros días de descanso, pero el poder de las redes «ha multiplicado nuestro exhibicionismo» y nos tortura

Julia Fernández

Viernes, 29 de marzo 2024

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Puede que alguno de ustedes, varios o muchos, incluso, estén ahora mismo de vacaciones por Semana Santa. Les imagino sentados al sol, tomando un aperitivo, o en la nieve, disfrutando de los últimos coletazos de la temporada, o en el pueblo, echando la partida con el vecino... O en la cola del museo de Louvre, muertos de aburrimiento esperando que la cosa se mueva para poder entrar de una vez y ver la Gioconda. Bueno, ver es un decir, porque en la sala se acumula tanta gente que tendrá suerte quizá si ve el marco desde el fondo. Y lo peor, encima tendrá prisa porque en su agenda tiene pendiente visitar la Torre Eiffel, hacerse una foto en las escaleras del Sacré Coeur y llegar a tiempo a ese crucero por el Sena para ver el esplendor de París como pocos pueden hacerlo.

«En vacaciones deberíamos levantarnos y decidir entonces qué nos apetece hacer ese día», aconseja Sylvie Pérez, profesora de los estudios de Psicología y Educación de la Universidad Oberta de Catalunya (UOC). Ese sería el punto de partida más saludable. Pero lo que ocurre es que nos entran las ansias por hacer 'check' en nuestras listas imaginarias y acabamos con más estrés que un día de trabajo normal. Y lo que es peor, con la sensación de, además, no haber llegado o no haberlo disfrutado. El fenómeno, que algunos ya han bautizado como vacaciones frenéticas, es creciente y se retroalimenta con el exceso de información que nos llega queramos o no a través de todo tipo de redes.

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Antes, cuando veíamos a los turistas asiáticos, sobre todo a los japoneses, hacerse la foto en un sitio y salir corriendo para hacer lo mismo en otro nos reíamos. Ahora, nos hemos convertido en ellos. Hemos adoptado ese perfil de turista. Y cuanto más jóvenes somos, peor. «No sabemos priorizar y pensamos que las vacaciones son el fin del mundo, que después no hay nada más. Queremos meter todo el ocio que no disfrutamos a diario en este periodo», explica Xavier Montero, miembro de la Sección de Psicología de las Organizaciones y el Trabajo del Colegio Oficial de Psicología de Catalunya.

Cultura del fracaso

Aunque no se puede generalizar, siempre ha habido cierto ánimo exhibicionista al viajar», explica Pablo Díaz, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC). De hecho, nuestros álbumes de fotos familiares están cargados de ejemplos: que si el año que fuimos a Punta Cana, que si el viaje de novios a Japón, que si la imagen en la Muralla China...

Lo que ocurre ahora es que el fenómeno se ha agudizado con el uso (y abuso) de las redes sociales. Todos los años pasa: alguien se accidenta por intentar hacer la foto más espectacular en el sitio más espectacular del mundo. Como si el hecho de poder mostrarla te otorgara cierto estatus y el de no tenerla fuera un fracaso. La cultura del 'postureo', que ha encontrado en Instagram un auténtico filón, nos ha poseído en periodos como en el que estamos.

«La tecnología y las redes sociales han multiplicado este efecto», señala Díaz. Y algunas personas incluso se siente obligadas a hacer determinadas cosas: no hay París sin Torre Eiffel ni Roma sin Coliseo. Y ya que estás, qué menos que subirlo a Facebook, o a Instagram, o ponértelo de foto de perfil en WhatsApp. O todo porque cada sitio tiene su público y tú tienes que demostrar que exprimes tu tiempo de asueto como el mejor. «Parece que en vacaciones si no vas a algún sitio no has hecho nada. Es un error. Tenemos que poner en valor esas otras ocupaciones que hemos atendido: pintar la casa, leer un libro...», alerta Montero. O no hacer nada: «Es curioso, infravaloramos la vida contemplativa y luego vamos a yoga, pero como pagamos por ello cumple la parcela mental de actividad y calmamos ese ansia de hacer cosas», prosigue el psicólogo.

Las fotos de pies en la playa

Detrás de esta presión estarían dos fenómenos psicológicos. Uno es el FOMO, ('fear of missing out'), que es el miedo a perderse algo y que es lo mismo que utilizan algunas técnicas de mercadotecnia para llamar nuestra atención con eslóganes como «Que no se te pase», «Lo que todo el mundo busca», etc.

El otro es el FOEN ('fear of exhibiting nothing'), que es el temor a no enseñar nada. Es como que necesitamos que otro nos dé su 'like' para validar nuestra experiencia. Esto último lo sufren, sobre todo, los más jóvenes. Ya en 2017, un estudio de Expedia Inc., la agencia de viajes online más grande del mundo en ese momento, constataba que los Millenials (los nacidos entre 1981 y 1997) sentían que la privacidad estaba sobrevalorada. Vamos, que eran carne de cañón de este turismo frenético y exhibicionista.

Las cifras

7 de cada 10

personas confiesa que no puede pasar las vacaciones sin compartir alguna foto en redes sociales o a través de servicios de mensajería como WhatsApp o Telegram.

60 %

de los viajes que hacemos los elegimos después de haber visto el destino en redes, bien porque alguien ha compartido su experiencia o porque los peradores se publicitan ahí. De hecho, las propias plataformas facilitan las reservas directas de vuelos, alojamientos, actividades...

Seguramente alguna vez se habrá preguntado por qué se ven tantas fotos en las redes sociales de pies en la playa en verano. Solo pies (algunos incluso feos), arena y agua. Nada más. La psicopedagoga y profesora de la UOC Sylvie Pérez lo tiene claro:«Para demostrar a los demás que tú también estás de vacaciones y que haces cosas». Y lo que subyace en el fondo es «la necesidad de no sentirte desplazado».

Tampoco es menos cierto que a veces estamos tan metidos en la rueda que ni nos damos cuenta de que lo hacemos o de para qué lo hacemos. Solo a la vuelta de esos días de descanso nos percatamos de que lejos de venir relajados y sonrientes, estamos agotados y malhumorados y no por la vuelta exactamente. ¿Quién no ha dicho alguna vez eso de 'necesito vacaciones de las vacaciones'?

Cóctel de hormonas

Las vacaciones nos proporcionan placer, pero no es solo una sensación, nuestro cerebro sufre cambios y nuestro cuerpo se transforma (y no por las tapitas y los vinitos). Los culpables de todo esto son el sistema parasimpático y una serie de sustancias que liberamos cuando hacemos cosas agradables (endorfinas, melatonina y serotonina), explican los investigadores Juan Pérez Fernández (Universidad de Vigo) y Roberto de la Torre (Karolinska Institutet).

En vacaciones todas ellas deberían hacer una fiesta en nuestro cuerpo. Lo que ocurre es que a veces nos empeñamos en hacer tantas cosas o cumplir con tantos planes que se ven opacadas por otras sustancias, también provenientes de nuestro cuerpo, que nos estresan. Son la adrenalina, la noreprinefrina y el cortisol y su misión es activar una respuesta rápida para que escapemos de lo que supuestamente es un peligro para nosotros, apunta Guillermo López Lluch, catedrático de Biología Celular de la Universidad Pablo de Olavide. Y aunque el estrés per sé no es malo, el crónico (que nos persigue en cada actividad día sí día también) es un «serio enemigo» de nuestra salud. Hay que evitarlo.

Puede que en la oficina nos resulte complicado poner freno, pero en nuestras vacaciones tenemos que hacer el esfuerzo porque sea así. Y para saber que lo estamos haciendo bien podemos poner en práctica el ejercicio que proponen Pérez y De la Torre:«Tómate el pulso y a la vez da una buena bocanada de aire. Mantenla. Nuestro sistema simpático debería hacer que las pulsaciones aumentasen. Si las vacaciones cumplen su función, al echar ese aire, el sistema parasimpático debería actuar y hacer que volviéramos rápidamente a un nivel de pulsaciones normales». En caso de que no sea así, toca parar y revisar todos nuestros propósitos por el bien de nuestro propio equilibrio fisiológico.

Jóvenes en la isla de Tabarca en un proyecto de limpieza de plástico en el Mediterráneo. E. C.

La batalla de los sitios 'instagrameables' y el turismo 'slow'

Las redes sociales se han convertido en la primera influencia a la hora de elegir destino en vacaciones. Seis de cada diez viajes que se hacen en España es porque los hemos visto en Instagram, TikTok y demás, según el último informe Changing Traveller Report. De ahí que triunfen perfiles de influencers viajeros.

Sin embargo, el fenómeno de las vacaciones frenéticas también está dando alas a su rival, el turismo 'slow'. Hace tiempo que este movimiento se asentó y es ahora, con la sobrecarga de información y la hiperconexión, cuando vive una época dorada. Pueblos sin cobertura móvil, refugios de alta montaña, calas recónditas, rutas como el Camino de Santiago... conquistan a 3 de cada 10 viajeros españoles.

Lo que buscan son destinos no masificados y experiencias sostenibles y respetuosas con el medio ambiente. En España hay muchas opciones: una visita a Las Alpujarras, conocer la isla de Tabarca, pasar una semana en la zona de Cameros, entre Soria y La Rioja, alojarse en el refugio del Urriellu son solo algunas de ellas. Nada que ver, claro, con la pulserita del todo incluido de los hoteles de lujo de Punta Vallarta,

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