¿Necesita dinero ya? Estos son los peligros de los créditos fáciles

La inmediatez y la falta de exigencias de solvencia se pagan muy caras

IRATXE BERNAL

De cada 100 euros que deben los hogares españoles, 73,8 corresponden a la hipoteca y los 26,5 restantes, a otros créditos. La financiación solicitada para hacer obras en casa, cambiar de coche, matricularse en un máster, visitar al dentista o, incluso, tapar agujeros sumaba al acabar el año pasado 182.206 millones, según el Banco de España. Los vehículos, las reformas, los electrodomésticos y los estudios son los motivos más recurrentes para pedir prestado, pero no falta quien prefiere costearse un capricho sin tocar el colchoncito de los ahorros, necesita liquidez en la vuelta al cole o tiene que hacer frente a un descubierto. En cualquier caso, hay una serie de cuestiones que hay que sopesar antes de contratar un préstamo personal o un crédito al consumo.

Hasta dónde endeudarse

Cuando el Banco de España habla de hogares con un alto nivel de deuda establece el umbral en el 33% de sus ingresos mensuales. Es, más o menos, el margen que mirarán los bancos para ver si somos o no solventes y es, por tanto, donde también nosotros deberíamos poner el listón para no pasar apuros si llegan imprevistos.

Más rápido, más caro

Créditos rápidos, 'online' o preconcedidos... Llámelos como quiera, pero tenga cuidado con ellos. Puede que sea inevitable superar algún tiempo ese nivel prudencial de deuda y nos planteemos recurrir a estas fórmulas, pero hay que hacerlo sabiendo a lo que nos exponemos. Las entidades que las proporcionan –muchas, sin el control de los organismos reguladores– ofrecen inmediatez, pocos trámites y ninguna o casi ninguna exigencia económica, facilidades que tienen un precio. Y bastante más caro que el 3% del tipo medio actual de los bancos para los créditos a menos de un año. ¿Un ejemplo? Hace un mes, la Audiencia Provincial de Bizkaia declaró nulos veinte microcréditos concedidos con intereses de entre el 1.269% y el 453.644% TAE. Sin llegar a tanto, es fácil que nos pidan un 30% que, aunque se aplique sobre una cantidad pequeña, ya se considera usura.

En qué fijarse

Precisamente la TAE (la Tasa Anual Equivalente) es lo primero que hay que comparar. Junto al interés nominal, en ella quedan reflejados otros 'detallitos' como las comisiones, por lo que muestra el precio real del préstamo. Pero también aquí puede haber trampa. Hay entidades que, en contra de lo ya dicho por el Tribunal de Justicia de la UE, en el contrato no establecen un único tipo, sino que marcan una horquilla con un mínimo y un máximo con la que juegan y pueden darnos un susto.

Ojo también al tiempo del que disponemos para devolver el dinero. Cualquier crédito resulta más caro cuanto más largo sea el plazo de amortización, pero quedarse corto en las previsiones es mucho peor; si, por lo que sea, las cuotas de devolución al final no son viables e incumplimos con los pagos establecidos nos aplicarán los intereses de demora, que dificultarán aún más la devolución hasta, en el peor de los casos, hacerla imposible y llevarnos a la lista de morosos. Ah, mire también cuál es el período asociado al tipo de interés. A veces nos engañamos solos por no fijarnos bien y preferimos un 1% mensual a un 8% anual.

Además, hay que ver si existe comisión de apertura, pero también por cancelación anticipada ya sea parcial o total, por si nuestras finanzas mejoran y nos interesa amortizar el crédito antes de lo previsto. Finalmente, compruebe que la concesión no le compromete a contratar ningún otro servicio, como tarjetas o seguros.

300 euros a devolver en 30 días es la cantidad más solicitada a través de minicréditos según Asufin, que estima que en 2020 se concedieron 890.000 por importes inferiores de 3.000 euros.

¿cuánto?

Todo esto debe aparecer en la información precontractual –incluyendo las características y costes de esos productos vinculados– que las entidades controladas están obligadas a darnos con antelación a la firma, pero incluso antes de llegar a ese punto deben dar toda la información que se les pida, así como el formulario de información normalizada europea, INE. Tampoco está de más solicitar una simulación que nos permita ver claramente cuánto terminaremos pagando por lo prestado.

En cualquier caso, si después se arrepiente, cuenta con 14 días naturales desde la firma para desistir sin penalización. Solo tendrá que devolver el capital prestado más los intereses devengados hasta esa fecha.

¿Avales? Ni de broma

Ya hemos dicho que muchas de las entidades que ofrecen créditos rápidos no están sometidas al control del Banco de España, por lo que a la hora de establecer condiciones tienen barra libre y no les tiembla la mano si tienen que ejecutar un aval. Mejor dejar el piso o el coche fuera de la ecuación.

La tentación de reunificar

A quien tenga que pagar más de un crédito puede parecerle una buena idea agrupar todas las deudas en un único préstamo que, además, permita abonar una mensualidad menor que la suma de las cuotas que ahora paga por separado. Sin embargo, eso implica aceptar un tipo de interés más alto y un plazo de amortización más amplio. Así que, aunque aparentemente la operación nos facilite la vida haciendo más cómodo llegar a final de mes, puede dar origen a un sobrecoste medio de los créditos de un 367,8%, según el último estudio sobre este tipo de operaciones realizado por la Asociación de Usuarios Financieros (Asufin).

Por otra parte, también hay que recordar que reunir antiguos préstamos en uno nuevo implica otros gastos más allá de los nuevos intereses o la tarifa de la mediadora. También habrá que hacer frente a las comisiones por la cancelación anticipada de esos primeros créditos o, si se da el caso, al coste de la formalización de una nueva hipoteca.