Alba: «No podía callarme ante las irregularidades de Rosell»

02/07/2019

El magistrado defendió que no conspiró contra Rosell ya que no «podía permanecer callado ante las irregularidades» que observó en su instrucción contra Ramírez. Intentó sin éxito que el tribunal anulase la grabación y aportó una carta de De Armas en la que afirma que el empresario lo grabó para «chantajearlo».

El magistrado Salvador Alba declaró ayer en la primera sesión del juicio por el Albagate en el Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC) que no conspiró contra su compañera de judicatura Victoria Rosell, sino que actuó en consecuencia porque, afirmó, «no podía callarme ante sus irregularidades», refiriéndose a la instrucción que había llevado a cabo la actual diputada electa por Podemos contra el empresario Miguel Ángel Ramírez.

Alba, que está suspendido de forma cautelar de sus funciones y que se enfrenta a una petición de condena de diez años de cárcel por parte de la Fiscalía porque considera que cometió prevaricación, cohecho, falsedad y revelación de secretos para perjudicar presuntamente a Victoria Rosell en su carrera judicial y política, negó todos los hechos y apuntó al propio Ramírez y a su abogado Sergio Armario como los que idearon y planificaron la reunión que mantuvieron en su despacho y que fue grabada dando origen a este procedimiento judicial.

«La reunión no la promoví yo, para nada ya que fue el abogado Sergio Armario quien me comentó que Ramírez quería hablar conmigo después de decirme que existían contratos entre Seguridad Integral Canaria (SIC) y Carlos Sosa –pareja de Rosell y director del diario Canarias Ahora–. Me dijo que Ramírez quería explicármelo todo antes de aportar los contratos y que si podíamos vernos en la sede de SIC, pero yo molesto le contesté que si quería hablar con el juez, tendría que ser en el juzgado», manifestó Alba.

El acusado negó que esa reunión que se produjo el 16 de marzo de 2016 «fuese clandestina» porque la hizo en su despacho de la Audiencia «en horario laboral y cualquiera podría habernos visto» y si Sergio Armario no entró en la misma «fue porque no quiso ya que dijo que se quedaba fuera esperando». En la misma, explicó Alba, «Ramírez me contó que mantenía negocios con Carlos Sosa y, al ser este pareja de Rosell, consideré que los hechos eran un disparate como la copa de un pino y muy graves», puesto que, si era así, esta «no debió instruir su caso. Es que el señor Ramírez me estaba contando que había comprado acciones de una empresa de Carlos Sosa, la pareja de la jueza y, claro que tenía interés en saber sobre todo esto. Yo era entonces el instructor y no podía mirar para otro lado ya que tenía muchísimo interés en este asunto puesto que si se acreditaba que ese señor era socio de la pareja de la jueza como me había contado, sería totalmente irregular», manifestó. Además, añadió que en la reunión el empresario le «tuteaba» y decía lo que tenía que preguntarle: «Podría haberle dicho ‘¿usted es imbécil o me está vacilando?’ pero le dejé que me contara todo y dijera a toda la gente con poder que conocía».

Salvador Alba detalló que incluso que, al conocer estos hechos, fue demasiado «prudente ya que en vez de presentar una denuncia ante el Consejo General del Poder Judicial (CGPJ), solo me limité a remitir un informe detallando los hechos y todo ello a pesar de que lo que me pedía el cuerpo era eso, denunciarlo por la vía penal en una exposición razonada» al Tribunal Supremo, contó.

Insistió a preguntas del fiscal que «la causa que investigaba a Ramírez la encontré cuando me hice cargo de su instrucción desordenada y se había hecho bastante poco y se me empezaron a encender las bombillas cuando vi relaciones entre Ramírez y Sosa con la emisora UD Radio y también tras comprobar la existencia de una tarjeta Visa Oro a nombre de Canarias Ahora que pagaba SIC», apuntó.

Alba insistió en que la grabación había sido manipulada y no se correspondía con el contenido de la reunión mantenida con Ramírez.