Ha sido condenado a nueve años y nueves meses de cárcel

A prisión por aprovecharse de menores por internet

04/10/2018

Utilizaba perfiles falsos de redes sociales para ganarse la confianza de niñas a las que pedía imágenes íntimas para luego coaccionarlas, agredirlas y abusar sexualmente de ellas. Esta es una pequeña síntesis de la sentencia que condena a Armando Pérez González, cubano de nacimiento y residente en Alicante, a nueve años y nueve meses de prisión por haber cometido una agresión sexual consumada, tres en grado de tentativa y un abuso sexual a menores residentes en la isla de Gran Canaria.

El fallo da por válida la tesis de los investigadores que consiguieron acreditar que Armando Pérez hacía creer a las víctimas que era una mujer y tenía vinculación con empresas relacionadas con la moda, modelos y desfiles. A través de perfiles falsos de redes sociales, terminaba por embaucar a las niñas para que le remitiesen fotografías personales hasta conseguir que se desnudaran, se hicieran fotos desnudas o con poses de alto contenido sexual. Este material lo utilizaba posteriormente para exigirles otras conductas como que se masturbaran.

El ya condenado pedía a las menores que activaran la cámara web de sus respectivos ordenadores mostrándose en ropa interior o desnudas, convenciéndolas tras ganarse su confianza simulando ser una joven lesbiana llamada Lydia Jover, que pertenecía a una agencia de modelos, para lo que había creado el correspondiente perfil con alusión a dicho nombre, relata el fallo.

Gracias a esta conducta, Armando Pérez obtenía material comprometedor para las menores como manifestaciones escritas sobre su orientación o vida sexual, imágenes en ropa interior o desnuda, etcétera, que el acusado utilizaba como palanca para doblegar las voluntades de las niñas forzarlas a «masturbarse en videoconferencia con él conforme a sus indicaciones, para su satisfacción sexual, de modo que les anunciaba que si no lo hacían, colgaría en la Red o remitiría a los contactos de sus interlocutoras las conversaciones e imágenes de contenido sexual de ellas», sostiene la sentencia.

En una ocasión, incluso obligó a una menor que, atemorizada, accedió, «obedeciendo las indicaciones del acusado», a realizar un vídeo en la que se masturbaba mientras el varón le decía «que gimiera, pusiera cara de gozo, el cabello hacia atrás y que mostrase cómo se introducía los dedos en la vagina», respondiéndole la menor que no podía porque «no lo había hecho nunca y que le dolía». El agresor aprovechaba mientras para masturbarse y no cesaba con su actitud hasta que conseguía eyacular,