Un santuario de la evolución en la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria

03/12/2019

Conocer para conservar. El Jardín Botánico Viera y Clavijo ha abordado en uno de sus proyecto el estudio de la diversidad filogenética asociada a la flora endémica de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria. Los resultados han permitido mapear las zonas que más protección deberían recibir ante las incertidumbres del cambio climático.

Canarias es un punto caliente de biodiversidad. En la actualidad se contabilizan en nuestro territorio unas 9.194 especies autóctonas relativas a flora y fauna y 3.378 endemismos. La diferencia entre especies autóctonas y endemismos radica en su distribución, las especies autóctonas pueden abarcar regiones más o menos amplias mientras que los endemismos son exclusivos de un territorio. Pues bien, el archipiélago canario es la región de España con mayor número de especies endémicas y eso que solo suponemos un 1,5% de su superficie. Este elevado número de endemismos ha propiciado que cada una de las islas tenga una Reserva de la Biosfera. De las 52 que hay en España, 7 se encuentran en nuestro archipiélago.

Un santuario de la evolución en la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria

La Reserva de la Biosfera de Gran Canaria (RBGC) ocupa el 46% de la superficie isleña y, desde el punto de vista botánico, es el mayor reservorio de biodiversidad de la isla. Se conocen, hasta el momento, unas 225 plantas endémicas canarias de las que cerca del 42% son exclusivas de la isla. Tenemos un tesoro entre las manos y nuestra obligación es conservarlo.

El Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo, unidad asociada al CSIC, es parte del Cabildo de Gran Canaria, que es la administración local competente en temas de medio ambiente, conservación y gestión de la biodiversidad de la isla de Gran Canaria.

Ruth Jaén Molina, es doctora en Biología e investigadora del Departamento de Biodiversidad Molecular y Banco de ADN del Jardín Canario, por lo que su trabajo está centrado en conocer la diversidad genética que encierran las aproximadamente 2.000 especies vegetales nativas de Canarias, de las que alrededor de 600 son endemismos. Disponer de una alta diversidad genética es un «seguro de vida» para la biodiversidad porque aquellas especies con poca diversidad probablemente se extinguirán en pocas generaciones o tendrán más dificultades para adaptarse a cambios ambientales, algo fundamental en un escenario de cambio climático como en el que vivimos actualmente. Así que disponer de datos sobre la diversidad genética de las especies nos ayuda a mejorar las estrategias de conservación actuales.

Descodificar la información contenida en los genomas, nos permite descifrar muchos interrogantes que hay sobre el origen y la evolución de las especies. La epigenética, que estudia la interacción entre genes y ambiente, ha demostrado que la expresión de los genes es más dinámica de lo que se pensaba y que cambios en el clima y en el entorno pueden alterarla de una forma drástica. Hay datos alarmantes que apuntan a que la Tierra está viviendo un nuevo período de extinción masiva de especies, debido a que como resultado, principalmente de actividades humanas, el ritmo de extinción se ha acelerado de forma antinatural y exagerada. «Todos los días desaparecen cientos de especies vegetales, muchas de ellas incluso antes de haber tenido tiempo de ser descubiertas. Debemos incrementar los esfuerzos y desarrollar técnicas para facilitar y agilizar el estudio de la magnífica riqueza de nuestras islas», afirma esta investigadora.

Por ello, la doctora Jaén-Molina junto a un equipo de investigadores han llevado a cabo un proyecto centrado en la flora de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria (RBGC), con dos objetivos principales: detectar diferencias en la diversidad genética de las plantas endémicas que habitan este territorio y generar el equivalente a un carnet de identidad a nivel molecular (basado en secuencias de ADN) para la rápida identificación y sin ambigüedades de la biodiversidad vegetal endémica de esta Reserva de la Biosfera

El trabajo técnico ha sido muy minucioso. Se realizó un gran esfuerzo para recolectar muestras de hoja de todas las plantas endémicas canarias conocidas en el territorio de la RBGC, a veces presentes en zonas de muy difícil acceso con el riesgo que esto conlleva. Luego se aisló el ADN y obtuvieron las secuencias de dos genes que tienen todas las plantas terrestres con flor, y que son denominados «códigos de barras moleculares».

A partir del análisis de las secuencias de dos genes (rbcL y matK), se ha podido mapear la diversidad filogenética de la flora endémica canaria de esta Reserva. La diversidad filogenética es un índice para conocer la «genética detrás del paisaje», porque nos permite detectar en qué zonas de un territorio se acumulan mayores niveles de cambios evolutivos o riqueza evolutiva.

Su representación en mapas es de gran valor para la conservación de la flora de la RBGC, porque aportan una nueva capa de información, a un nivel más profundo del que se disponía hasta el momento, sobre la biodiversidad vegetal endémica de este territorio.

Los mapas mostraron que el área norte de la RBGC, que se corresponde con parte del pinar de Tamadaba y el Andén Verde contienen los mayores niveles de diversidad filogenética y por tanto, se tratan de santuarios evolutivos. Les siguen la Reserva Natural Especial de Güigüi y, finalmente, las zonas correspondientes al paisaje protegido de las cumbres, a los alrededores del macizo de Tauro y al sureste del territorio de la Reserva. «Dichas zonas son las que contienen los más destacables valores naturales (taxonómicos, genéticos, ecológicos) asociados a la flora endémica de la Reserva, y, por tanto, son las que más protección deberían recibir ante las incertidumbres que plantea el cambio climático», señala Ruth como una conclusión relevante de este estudio que ha supuesto que la RBGC sea uno de los lugares del planeta mejor conocidos a nivel florístico.

El área quemada en el incendio de agosto abarcó parte de la zona norte de la RBGC, es decir, del santuario evolutivo detectado en el estudio de Jaén y colaboradores. Se quemaron 7.500 hectáreas del Pinar de Tamadaba (El 19% de toda la superficie arbolada de Gran Canaria), pulmón de la isla y también un elemento fundamental en la recarga hídrica subterránea, pues un pino canario de 30 metros de altura, en condiciones de máxima eficiencia, puede recoger hasta 50 litros por metro cuadrado y día de agua de niebla.

Un santuario de la evolución en la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria

Ruth Jaén nos recuerda que tenemos la fortuna de que nuestros pinos han evolucionado para resistir al fuego. El pino para los antiguos canarios simbolizaba la determinación, la resiliencia, la resistencia a la adversidad. Unos meses después del incendio, ya podemos ver los primeros pinos rebrotando, pero no debemos olvidar que en los pinares crecen otras especies vegetales que conforman el sotobosque que no se van a recuperar tan rápidamente, especialmente en las zonas donde el fuego fue más virulento. Bajo los pinos de Tamadaba crecen jaras, corazoncillos, tomillos, poleos y salvias, entre otras muchas especies. Algunas de las especies afectadas no sólo son endemismos de Gran Canaria sino que son exclusivas del área quemada. Además, no podemos olvidarnos de que los líquenes, musgos y hongos que crecen sobre los troncos y entre la pinocha, junto con la fauna que habita el pinar, también sufren las consecuencias de los incendios: aves (pinzones, picapinos), reptiles (lagartos, lisas), invertebrados (escarabajos, lombrices), insectos (abejas) y los microorganismos que viven bajo el suelo asociados a las raíces.

Un santuario de la evolución en la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria

Tras cada incendio el ecosistema del pinar se simplifica ecológica y evolutivamente. Por ello la recuperación de la comunidad del pinar será mucho más lenta que la de los pinos. Las primeras lluvias caídas tras el incendio han sido suaves y han permitido que despierte el banco de semillas del subsuelo dando brotes verdes de helechos, malfuradas y otras endémicas, que se empiecen a observar. Hay señales que nos permiten ser optimistas.

Ojalá la asombrosa capacidad de regeneración de los pinares canarios, ya demostrada con anterioridad, se repita y además de ver las copas de los pinos verdes, veamos cómo se llena el sotobosque de plantas y flores de colores. Éste es el deseo de Ruth Jaén, una investigadora del Jardín Botánico “Viera y Clavijo”, enamorada de su trabajo y de su isla.