Esperanza ante unos ecosistemas capaces de brotar de las cenizas

20/08/2019

El fuego ha carbonizado una gran masa vegetal compuesta de fayas, brezos, madroños, pinos, almendros, higueras, especies endémicas como la magarza plateada de Artenara o la col de risco de Tamadaba, y pinos, muchos pinos... La paleta de colores de la biodiversidad del noroeste de la isla se puede ver reducida al gris ceniza, sin embargo los expertos llaman al optimismo basándose en el conocimiento de la extraordinaria capacidad de los ecosistemas insulares para resistir a las catástrofes y regenerarse.

«Soy optimista respecto a la recuperación de la isla. Es una catástrofe pero creo que es recuperable. Lo más importante es que no ha muerto nadie y que las evacuaciones han funcionado», dice el botánico y exdirector del Jardín Canario, David Bramwell, más preocupado por el efecto inmediato que pueda causar el incendio entre la población de la cumbre.

«De momento», dice el experto en flora macaronésica, «estamos perdiendo zonas naturales como Tamadaba, que serían recuperables en el futuro, y si tenemos suerte la biodiversidad, que tiene esa capacidad de recuperarse, no se vería dañada. Además, en el caso de las plantas, se puede ayudar con las reservas del banco de semillas», comenta el botánico sobre el depósito de simiente del Jardín Canario de especies raras y en peligro de extinción.

No obstante, Bramwell puntualiza que su optimismo no es a corto plazo. «Tamadaba necesitará diez o doce años, mínimo, para recuperarse», asegura este explorador que ha comprobado como otras poblaciones forestales del mundo, como las de California, han recuperado su vegetación.

«Los pinos sabemos que se recuperan solos. Se quema el tronco, pero a los dos años, especialmente si hay un invierno húmedo, se recuperan, como sucedió en el sur de la isla tras el gran incendio de 2007 que afectó 18.000 hectáreas.

«La naturaleza canaria es resiliente. Los pinos han evolucionado durante su historia biológica en un terreno de origen volcánico. Creo que los fuegos naturales tienen que haber sido bastante frecuentes. En aquella época no había población humana», explica el experto tomando distancia temporal respecto al incendio que afecta al noroeste grancanario desde el sábado.

También el pensamiento científico del genetista y actual director del Jardín Canario Viera y Clavijo le permite tomar distancia y ver la situación con gran preocupación y cierto optimismo. Para Juli Caujapé, el incendio ha causado una catástrofe ambiental sin precedentes en la isla que ha afectado hasta unos 150 endemismos vegetales terrestres de la Macaronesia, de los cuales 60 son propios de la isla. «Hasta que no vayamos al terreno no sabremos el grado de afección del fuego, pero las últimas noticias alientan al optimismo. Parece que gran parte del fuego es superficial y ha pasado con rapidez por la cubierta vegetal», comenta el experto en biodiversidad macaronésica, confiado en la conocida capacidad de regeneración del pino canario y en el banco de semillas natural de especies del sotobosque que contiene el subsuelo de las zonas afectadas. «Si en otoño las lluvias son propicias, ese banco germinará y permitirá que el pinar se regenere con la posible ayuda de científicos y técnicos», asegura el actual director del Jardín Canario Viera y Clavijo.

A corto plazo, las previsiones son bastante más pesimistas. Al menos eso se deduce de las palabras del gerente de la Fundación Foresta, Sergio Armas, que ve con preocupación cómo se está quemando la masa forestal del norte de la isla; una zona que, tradicionalmente, se había librado de los incendios. «Aquí los bosques son más densos. Hay monte verde y laurisilva. La zona de los barrancos de La Virgen y del Andén son referentes naturales de Gran Canaria porque albergan una buena representación del monte verde de la isla, tienen desde el pinar al bosque termófilo, con vegetación endémica y especies raras de ver en otras partes de la isla», explica el responsable de esta fundación que, tras el incendio y siguiendo las indicaciones del Cabildo de Gran Canaria, tendrá que ponerse manos a la obra para recuperar los espacios naturales dañados.

En este sentido, a Armas le duele especialmente la pérdida de Tamadaba. «Es una de las mejores representaciones de pinar de Canarias. Aunque es joven, de entre los años 40 y 60 del siglo pasado, es un pinar húmedo, con laurisilva a sus pies y un pinar abierto y más seco en la parte sur», explica la cabeza visible de una fundación que movilizará a las personas que, conmovidas por el incendio, han decidido inscribirse como voluntarios para reforestar las zonas afectadas.

Nuevos voluntarios. «Hemos habilitado un nuevo formulario para inscribirse en Google. Hasta el sábado teníamos 170 nuevos inscritos. Del domingo al lunes se han inscrito 1.500 nuevos voluntarios en esa base de datos. Hay cada vez más sensibilidad medioambiental y se valora más nuestro patrimonio natural. Además de reforestar, concienciar sobre estos valores es la principal actividad de Foresta», indicó Armas sobre una entidad que, hasta ahora, contaba con unos 2.500 voluntarios.

Los expertos ambientales, unos más optimistas y otros menos, miran con preocupación el avance del fuego en el frente sur que podría afectar al pinar de Inagua, el hábitat del pinzón azul. «Es el ave más amenazada de toda Europa y se está trabajando en recuperarla», recuerda Armas.

El pinzón azul, en riesgo

El pinar de Inagua, al que las llamas se acercaban peligrosamente anoche, contiene una de las especies más frágiles del ecosistema canario: el pinzón azul. Allí, según el último censo, hay 362 ejemplares, explica Víctor Suárez, biólogo que trabaja en el proyecto de recuperación de esta ave. En la zona anexa de la cumbre se han contabilizado otros 68 pájaros de la especie.