Las agresiones locales y el cambio climático agotan el medio marino

21/03/2019

El calentamiento global indice de manera especial en la biodiversidad marina de Canarias, pero también los vertidos, la contaminación y la sobreexplotación pesquera. La tropicalización de las aguas atrae nuevas especies y retrae otras.

Los efectos del cambio climático sobre el medio marino son indudables y ya palpables en Canarias, pero los investigadores van más allá y apuntan a otros factores ligados a impactos locales que actúan, dicen, como «fuerzas transformadoras muy potentes». Los vertidos en el litoral, la contaminación marina o la sobreexplotación pesquera son factores que constituyen «un verdadero problema ambiental» en Canarias y que, aunque estén en sinergia con el cambio climático, y a veces se solapen, no se derivan de este, indicó ayer el profesor de Biología de la Facultad de Ciencias del Mar de la ULPGC Fernando Tuya.

Especies nuevas

Los efectos del cambio climático en la biodiversidad marina ya se están notando entre otras cosas en la llegada a las islas de especies nuevas. Desde 1991, el aumento de la temperatura del mar ha propiciado que hayan arribado unas treinta de especies tropicales, según las investigaciones del catedrático de Biología Marina de la ULL Alberto Brito, quien asegura que algunas incluso ya son recursos para la pesca.

Además del aumento de la temperatura del mar, otro efecto del calentamiento es la acidificación de las aguas por el aumento del CO2 de la atmósfera que se disuelve en el mar. Esta acidificación afecta sobre todo a corales, moluscos y los erizos, pero también peces y al plancton.

Fernando Tuya sostiene que esos efectos son evidentes, pero advierte de que «que el clima cambie es casi el chocolate del loro frente a las brutales agresiones diarias» que está sufriendo el litoral, donde la sobreexplotación pesquera, afirma, es «brutal», igual que los vertidos de aguas residuales que, a su juicio, están entre en «los principales problemas ambientales de Canarias».

Nueva guía

Tuya, que es autor junto a los expertos marinos Fernando Espino, Arturo Boyra y Cristina Fernández Gil de la ampliación de la nueva Guía de Biodiversidad Marina de Canarias, que se presentó este miércoles en la Facultad de Ciencias del Mar de la ULPGC, reconoce que desde que se editó la primera guía en 2006 muchos pequeños hábitats marinos no existen o están mermados y pone como ejemplo las praderas de sebadales (Cymodocea nodosa), que «la mitad han desaparecido» solo en Gran Canaria, dice. Sin embargo, es optimista y pone el énfasis en que «quedan la otra mitad» y recuerda que «del bosque termófilo de Gran Canaria solo queda el 2%», un mensaje con el que pretende animar a poner en práctica políticas que lleven a su recuperación.

Se hacen cosas

El investigador no se atreve a acusar al Gobierno de no estar actuando en la lucha contra el cambio climático o en mitigar los efectos de esos factores ambientales, porque cree que «se están haciendo cosas» y destaca el buen marco legislativo del que se ha dotado Canarias. Sin embargo, critica que la ejecución de esa legislación y pone como ejemplo la inspección pesquera y su labor de hacer cumplir una correcta Ley de Pesca. «No tiene sentido que en Gran Canaria el cuerpo de inspección pesquera lo constituyan dos personas cuando hay, solo en esta isla, más de 40.000 licencias de pesca deportiva» y así, dice, en otros ámbitos.

La decana de la Facultad de Ciencias del Mar, Miriam Torres, cree que es necesario ir avanzando en políticas clara para mitigar o adaptarse al cambio climático en lo que a la biodiversidad marina se refiere, pero también reconoce que, comparado con lo que había, «en los últimos cuatro o cinco años se están haciendo muchas cosas».