Canarias se debate en una marea roja

20/08/2017

Crisis de las microalgas. La crisis en la que este verano está sumida Canarias no es solo política, sino que tiene que ver con el medio ambiente. La aparición de manchas de color rojizo en la costas ha abierto un agrio debate sobre su origen, pero también sobre sus consecuencias.

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El afloramiento masivo (bloom) de microalgas que se está registrando en aguas del archipiélago desde finales de junio «no se puede relacionar científicamente con los vertidos al mar de aguas residuales, tratadas o sin tratar». Así lo aseguran los expertos que están asesorando al Gobierno de Canarias, pero también muchos otros, independientes, de dentro y fuera de las islas. Sin embargo, la población no acaba de creérselo y retroalimenta su incredulidad con informaciones que día tras día proliferan principalmente en las redes sociales, pero también con opiniones de investigadores que sí se aventuran a relacionar ambos temas.

Vayamos por partes. Los vertidos de aguas residuales son desde hace años un grave problema para las administraciones canarias, a las que incluso ha amonestado por Unión Europea (UE). El Gobierno reconoció el año pasado que en las islas hay unos 500 puntos de vertidos de aguas residuales al mar, la mayoría ilegales.

Solo en Tenerife, la UE está tramitando 20 denuncias por vertidos al mar. El Cabildo reconoce que necesitará unos 1.000 millones de euros y 10 años para solventar el problema. Cada día se vierten al mar en esa isla 57 millones de litros de aguas residuales de manera irregular.

Con el cierre sucesivo desde julio de playas y zonas de baño en Tenerife, La Palma y Gran Canaria la población comenzó a relacionar las manchas de color marrón pajizo que flotaban en el mar con los vertidos, recogidos en vídeos que se propagaron, como las propias microalgas, por la red y que ofrecían ríos de inmundicia conducidos al mar.

A hacer esa relación contribuyó en un primer momento Salud Pública, que no desligó clara y rotundamente los vertidos de la proliferación masiva de microalgas. En su primera comunicación pública se limitaba a explicar que era un proceso natural ligado al cambio climático. Eso fue el 20 de julio y en un comunicado desaconsejaba el baño «en las playas que se vean afectadas por la llegada de microalgas». También opiniones como la del subdelegado del Gobierno en Tenerife, Guillermo Díaz Guerra, farmacéutico de profesión, o las del doctor en Ciencias del Mar y profesor de Contaminación Marina de la ULPGC, Jesús Cisneros, que sí relacionan vertidos y microalgas.

No fue hasta este miércoles, cuando en una comparecencia pública los responsables de Sanidad y Medio Ambiente, técnicos de ambos departamentos y el experto del Banco Español de Algas, Emilio Soler, desvincularon, «por falta de base científica que lo justifique», el afloramiento de microalgas y los vertidos.

El primer bloom de la cianobacteria Trichodesmium erythraeum, se avistó la última semana de junio en alta mar, en el Mar de las Calmas, en El Hierro. El fenómeno que afecta ya a casi toda la costa de Tenerife, a algunas playas de La Palma y Gran Canaria y en menor medida al litoral de La Gomera y El Hierro, se desencadena en aguas oceánicas «sin necesidad de vertidos urbanos», asegura el investigador canario del Grupo de Microalgas Nocivas (VGOhab) del Centro Oceanográfico de Vigo del Instituto Español de Oceanografía (IEO), Francisco Rodríguez, que explica que su presencia en las costas se debe a que «son arrastradas por las corrientes».

Avisos. Al tratarse de un organismo fotosintético, Trichodesmium erythraeum tiene la capacidad de fijar el nitrógeno de la atmósfera y migrar en la columna de agua en busca de nutrientes, pero el aumento de la temperatura del agua del mar, la retirada de los vientos alisios y el aumento de las calimas (que fertilizan con fósforo y hierro las aguas), todo asociado al cambio climático, han creado «el caldo de cultivo perfecto» para su proliferación de en aguas de Canarias, en tanto que «encuentra el alimento en la superficie, ahorrándose ir a buscarlo a cientos de metros de profundidad». En el Golfo de México y en Brasil se da idéntico fenómeno de manera habitual porque allí las aguas son siempre cálidas y están fertilizadas por el polvo que les llega desde el Sáhara.

La aparición de estas mareas rojas, asegura el biólogo marino catedrático de la ULL, Alberto Brito, es «un episodio más de la tropicalización de las aguas canarias, el más visible y el que más trascendencia social tiene», ya que tendrá un impacto importante en la economía, en tanto que afecta al turismo y la pesca, entre otros sectores. De ahí que tanto él como otros expertos apuren a la administración a tomar medidas para contar con un sistema de alerta , seguimiento, prevención y respuesta ante los previsible más frecuentes afloramientos de microalgas.

El de este año no ha sido el único bloom de esta cianobacteria en el archipiélago. La primera vez que se documentó fue en verano de 2004, el segundo en 2006 y el tercero a principios de octubre de 2011. El de este verano ha sido el más «espectacular» y «persistente» de todos.

El Gobierno reconocía esta semana que los canarios deberían «familiarizarse con estos eventos». El biólogo marino Francisco Rodríguez va más allá incluso porque, a su juicio, las islas podrían enfrentarse a un nuevo problema con la proliferación de estas cianobacterias, que pueden actuar como fertilizantes en el océano al liberar el nitrógeno que absorben de la atmósfera en forma de amonio, «que puede favorecer el crecimiento de otras algas» y con ellas cambios en el ecosistema marino.

También pide «cuidado» a la administración porque, si bien «no hay datos que relacionen microalgas y vertidos, los vertidos son nutrientes y cualquier día podría haber una proliferación delante de una zona de aguas residuales», como ocurrió en Israel. Fue una «novedad», por eso se ha publicado una investigación que liga microalgas a vertidos en una revista científica del grupo Nature, dice Rodríguez, pero advierte de que el caso no se puede extrapolar a Canarias como algunos pretenden. Así y todo explica que Trichodesmium erythraeum es una cianobacteria mixotrofa y, por tanto, capaz de tomar nutrientes de materia orgánica disuelta y, «aunque no la necesitan para proliferar, no es de descartar que acaben haciéndolo en la influencia de los vertidos».