Sociedad

La pobreza en Canarias tiene rostro de mujer

13/11/2017

Seis de cada diez tiene entre 40 y 59 años, una de dos tiene menores a su cargo y ocho de diez está desempleada. Una de cada dos mujeres pobres no tiene ningún tipo de ingreso y tampoco la posibilidad de conseguirlo, mientras que una de cuatro no tiene asegurado el derecho a la vivienda, según Cáritas.

Las Palmas de Gran Canaria

El género, la edad, el nivel de estudios, la nacionalidad y la situación familiar condicionan el acceso a los derechos dando lugar a situaciones de pobreza y exclusión social muy diversas. La pobreza en Canarias, según los datos de Cáritas, tiene rostro de mujer de mediana edad. «Podemos hacer un perfil según las 10.260 personas con las que hemos trabajado. Estamos hablando de personas de entre 40 y 59 años, que están activas y que podrían trabajar perfectamente», reconoce Caya Suárez, su secretaria general en la provincia de Las Palmas, según los datos que maneja la organización. «Seis de cada diez son mujeres, una de cada cuatro son extranjeras. Esto significa que ser mujer aumenta el riesgo de vivir en la pobreza. Ocho de cada diez están desempleadas y muchas de ellas no han superado los estudios obligatorios porque no han tenido la posibilidad de acceder a la educación de forma adecuada. Una de cada cuatro tiene vulnerado al derecho a la vivienda. Y una de cada dos no tiene ningún tipo de ingresos económico y está sometida a la pobreza estructural», describe la secretaria general provincial de Cáritas.

Herencia a hijos

El perfil de los pobres en las islas es de personas jóvenes o relativamente jóvenes, en edad activa y con posibilidad de trabajar. «Estamos hablando de un alto índice de desempleo, casi el 50% de las personas a las que atendemos no tiene ningún tipo de ingreso ni posibilidad de tenerlo, que es más grave. La pobreza en Canarias tiene rostro femenino, aunque el hecho de que lo tenga y sean las mujeres las que vengan a Cáritas ellas es por una cuestión cultural. Las personas que se acercan son mujeres, pero representan a la realidad familiar. Una de cada dos tiene a menores a cargo, con lo cual es una pobreza que van heredando los hijos, puesto que no tienen posibilidad de acceder a canales de transformación social y calidad personal de estos menores.

Precariedad laboral

Vivimos una realidad de precariedad laboral, lo que provoca que, Según Suárez, acudan a Cáritas personas que están trabajando pero que no cubren las necesidades básicas por la precariedad laboral.

La realidad en la ciudad

A pesar de que el entorno es distinto, la responsable de Cáritas afirma que no se puede distinguir a un pobre de ciudad con el que vive un pueblo porque sería etiquetar a las personas. «Es cierto que cada uno vive realidades diferentes, las redes de apoyo son diferentes, el acceso a recursos es distinto, pero las personas son las mismas. Si hay unas potencialidades o fortalezas en cuanto a recursos en las ciudades, también las hay en las zonas rurales por la idiosincrasia de los lugares o porque las redes de comunidades en una capital son más complicadas. No haría distinción entre pueblo o ciudad porque las necesidades son las mismas. La realidad de exclusión es diversa y compleja hay que tratarla desde la construcción de comunidad. El aislamiento, el acceso a la vivienda o a la educación, puede darse en cualquier lugar», dice Suárez, que recomienda trabajar desde las potencialidades.