Entrevista a la secretaria de Cáritas Diocesana de Canarias

Caya Suárez: «Un plan de choque no da respuesta a la pobreza»

13/11/2017

La secretaria general de Cáritas en Las Palmas considera que la administración pública tiene que «pasar a la acción con un plan integral» después de que el Gobierno de Canarias minimizase el informe de la Red Europea que alerta que el 44,6% de la población se encuentra en riesgo de pobreza.

— El Gobierno de Canarias rebaja las conclusiones del informe de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, que concluye que el 44,6 por ciento de la población en el archipiélago es pobre. ¿Sacó algo en claro del debate de la pobreza en el Parlamento?

— Cáritas, en los diferentes informes que ha realizado y con los análisis internos, lleva años abordando el tema. Nosotros creemos que este debate es importante que se realice, que se hable sobre la situación de las familias que están en situación de exclusión y pobreza en Canarias. Los índices y estadísticas hacen que se visibilice la situación de estas familias. Cáritas, por ejemplo, en la provincia de Las Palmas en 2016 atendió a 10.260 familias y eso implica a más de 25.000 personas. La cifra que nosotros manejamos es superior al del informe: el 46,7% de las mismas no tienen ningún tipo de ingreso, con lo cual están en una pobreza estructural. Es decir, no tienen ningún ingreso económico, que ya es grave, pero que tampoco tienen posibilidades de tenerlo.

— ¿De quién es la responsabilidad?

— El titular de obligación es la administración pública. Como Cáritas e Iglesia tenemos la responsabilidad de estar al lado de esas personas, por lo que debe haber un cambio en las administraciones públicas y en las estructuras para que se posibilite hacer un trabajo integral con las familias. No se pueden parchear situaciones concretas. Se deben favorecer políticas públicas integrales que hagan posible que esta situación cambie. Está muy bien el análisis, pero ya estaba hecho hace años, por lo que hay que dar más pasos y pasar a la acción. Porque ya ni siquiera tener trabajo garantiza que se cubran las necesidades básicas. Se ha precarizado el trabajo. A eso se le añade que se haya diversificado la pobreza. Eres pobre no solo porque te falten recursos económicos, también porque no se participa en los espacios sociales, porque no se puede acceder a la educación, porque no se accede al derecho de la vivienda, a la salud... Hay que hablar de una dimensión global de la pobreza. Las personas están empobrecidas, no nacen pobres, por lo que se puede salir de esa situación si hay una voluntad personal y política.

— ¿Se ha empobrecido la pobreza?

— Se ha agravado la situación y, sobre todo, se ha diversificado la pobreza. Tanto como se ha mantenido en el tiempo paliando situaciones concretas pero sin conseguir que las familias salgan de la situación de pobreza. Estamos invisibilizando y normalizando la pobreza. Ya no se le da el valor a las situaciones de exclusión y vulnerabilidad que se le daba en un momento histórico. La sociedad ha normalizado la pobreza.

— Asumimos que somos pobres...

— La sociedad lo ha asumido, sí. Y eso ha hecho que no haya un movimiento social reivindicativo. Es como la rana que pones en un caldero y el agua va calentando hasta que muere. No saltamos, no brincamos como la rana, porque no hay una situación puntual grave, sino que es sistemática y continuada y eso hace que se normalice. No se puede afirmar que hemos pasado de una situación de pobreza a hacer un cambio más educativo y estructural cuando aún siguen existiendo muchas familias que no cubren sus necesidades básicas. Hay que hacer políticas para atender a las familias que no cubren sus necesidades básicas y al mismo tiempo aplicarse otras para un cambio estructural y cambiar la realidad de estas familias.

— ¿Le parecen suficientes las medidas ha tomado el Gobierno?

— La responsabilidad de buscar los cambios estructurales, que son lentos, es de la administración. Creemos que se están dando pasos, pero también que debe haber una mejora en la comunicación. No puedo hacer un análisis de las medidas que está llevando a cabo la administración pública porque las desconozco. Nosotros desde Cáritas vemos los resultados y esas políticas no están respondiendo en estos momentos a toda la población. La familias que están llegando a Cáritas no están siendo protegidas ni han notado un cambio de su realidad. No estamos hablando de pocas familias, estamos hablando de un tanto por ciento elevado. Se están dando pequeños pasos, pero tiene que haber una mayor coordinación de las diferentes consejerías para que sea un plan estructurado e integral.

— El plan de choque ni siquiera estaba presupuestado en un principio en los presupuestos de 2018.

— Pero es que ni siquiera un plan de choque da respuesta a las necesidades de las familias. Creo que se están diversificando las ayudas y las respuestas, y eso no ayuda a acabar con la realidad de la pobreza. La realidad es compleja y desconozco si forma parte de una estrategia, pero hay que hacer movimientos y cambiar las políticas públicas para que se vean las soluciones. Veremos si se visibiliza en resultados, porque a veces nos centramos en lo económico cuando quizás otros cambios de funcionamiento y estructuras hace que sea más sostenible trabajar con la realidad de la exclusión social.

— ¿Cuáles son los problemas más graves de la pobreza en Canarias?

— La situación más grave que en Cáritas nos estamos encontrando tiene que ver con la vulneración del derecho a la vivienda. Familias que han entrado en el círculo de la exclusión, que están aislados de la sociedad, y ahora no pueden participar en los espacios en los que participaban. Familias que tienen que priorizar sus pocos recursos para sostener las necesidades básicas y que a veces ni siquiera llegan a eso. Deciden no pagar la hipoteca, el alquiler... Y eso provoca que caigan en una situación de exclusión. Es un efecto dominó y si no hacemos que los cimientos sean fuertes, porque a veces solo se pinta la fachada de la ficha de dominó, todo lo demás se cae. Hay muchas familias que han sido lanzadas a la calle, lo que provoca desamparo en los menores, y la familia se disgrega.

— ¿Hay grandes diferencias entre las dos provincias?

— La situación de sinhogarismo en la provincia de Las Palmas es mayor que en la provincia de Santa Cruz. Hay más de 2.000 personas viviendo en la calle en la provincia de Las Palmas y de ellas casi el 40% están en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Creo que a los recursos alojativos hay que sumar un trabajo estructural con la persona. Como Cáritas hemos activado diferentes medidas estructurales para el interno, porque las ayudas de emergencia se han convertido en ayudas permanentes. La sociedad no va a cambiar si no hay una distribución de la riqueza en Canarias. Un modelo económico basado en bajos niveles de renta y de productividad y un alto índice de desigualdad no posibilita salir de esta situación de pobreza de las familias.

— ¿Se ha extremado la dicotomía entre ricos y pobres en las islas?

— El crecimiento económico no revierte en la sociedad, y menos en las familias que están en una situación de exclusión social. Si no existe una política pública dirigida a que haya unos ingresos mínimos para fomentar la igualdad, nunca saldremos de la actual situación de exclusión y pobreza. Desde Cáritas apostamos por la persona, no por las estructuras. En la medida de que tratemos la pobreza como casuística y no a las personas, no construiremos comunidades y redes de apoyo que transformen una sociedad diferente.

— La alta tasa de desempleo y de fracaso escolar en las islas también desnudan los argumentos optimistas de la administración de Clavijo.

— La pobreza se hereda. Cuando una familia no tiene recursos y los hijos no tienen una educación adecuada, estos están predestinados a caer en el mismo ciclo de la pobreza que sus padres. No van a adquirir habilidades ni formación académica que les permitan salir de la situación de la familia de origen. Insisto, si no hay un cambio de estructura la pobreza de transmitirá de generación en generación.

— ¿El estado de bienestar actualmente es una utopía en Canarias?

— El estado del bienestar debe ser un concepto más global, no solo económico, sino pensando en la sociedad y las personas. Un estado de bienestar debe ser garante de calidad de vida, de relaciones sanas, y en el que se construye una sociedad más justa. Esa es la utopía del estado de bienestar. Pero se pueden crear políticas públicas en las que se apuesten por la protección social adecuada para que no existan familias que no tengan posibilidad de ningún tipo de ingresos porque han agotado todas las prestaciones.

— ¿La frontera entre la pobreza y la miseria se ha difuminado en el archipiélago?

— La persona que está en la calle ha sufrido un proceso previo. Cuando vemos a esa persona, como la imagen de la que se publicó junto al Parlamento, estamos mirando el cartón, que no hay techo, que está sucio, que huele mal, que está mal vestido... No vemos a la persona. Hemos despersonalizado a ese humano porque lo vemos desde la perspectiva que nos preocupa, lo que nos puede afectar a nosotros. Cáritas no pretende cambiarle la vida a las personas, solo pretende estar a su lado y empoderarlas para que puedan tomar sus decisiones. Cáritas le acompaña en el camino, pero las herramientas las debe poner la administración pública. Los análisis están, pero la administración debe pasar a la acción. Es una denuncia profética, tenemos que visibilizar a los que más sufren, pero también poner voz a los que más sufren y pasar a las acción poniendo a la persona en el centro. Hay que preguntar a la ciudadanía cómo está viviendo y pasar a la acción según sus respuestas.

— ¿La realidad de agrava en una fecha tan marcada como Navidad en la que impera el consumismo?

— Para Cáritas, como Iglesia, es una fecha muy importante porque es el nacimiento de Jesús. La época de Navidad es la celebración del nacimiento de Jesús, como un cumpleaños, pero esta debe extrapolarse a los 365 días del año. La realidad de la pobreza debe tenerse en cuenta todo el año, estar al lado de las personas siempre. Si es complicado cambiar una estructura que cambie la sociedad, también es difícil cambiar una cultura y unas tradiciones. Está instalado que en Navidad debemos ser más sensibles y solidarios con el que menos tiene, cuando la pobreza está presente durante todo el año. La solidaridad debe ser un estilo de vida, no un sentimiento puntual. Los recursos en Navidad pueden ser mayores, pero la realidad de las personas es la misma y no va a cambiar tras esa fecha.

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