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El feminismo vuelve a vibrar en las calles de las islas con un llamamiento a la unidad

Unas 3.000 personas, de todas las edades, acudieron a la manifestación de la capital grancanaria

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO Las Palmas de Gran Canaria

Había ganas de tomar la calle. « La respuesta a la manifestación ha sido magnífica. Lo esperábamos porque desde 2017 la ciudadanía nos ha acompañado, pero tras la pandemia pensamos que sería menos», reconocía una de las portavoces de la Red Feminista de Gran Canaria, Nereida Vizuete. Y es que el feminismo ha demostrado su vitalidad, incluso en tiempos de división interna,, reivindicando la igualdad real en cientos de manifestaciones teñidas de violeta por todo el país en el Día Internacional de la Mujer. En l a capital grancanaria arrancó a las 19.00 horas desde la plaza de Santa Ana y reunió, según la organización, a unas 3.000 personas de todas las edades bajo la pancarta de Feminismos canarios sin fronteras.

Hacía dos años que las calles estaban vedadas por la pandemia. La última gran marcha fue en 2020, días antes de que se declarase el estado de alarma y el confinamiento. El año pasado la Red Feminista de Gran Canaria tuvo que conformarse con una concentración estática en la Avenida Marítima. Pero tras meses de incertidumbre, se ha podido volver a la calle «para gritar que el feminismo sigue vivo y dispuesto a cruzar océanos, a sortear obstáculos y a borrar fronteras para reivindicar nuestros derechos y luchar contra quienes invisibilizan, explotan, denigran y abusan de las mujeres», tal y como rezaba el manifiesto que se leyó en San Telmo, donde finalizó un recorrido en el que se pudieron escuchar consignas como «No es no», o «El feminismo va para adelante y el machismo va para atrás».

La pandemia y sus efectos, especialmente en las dificultades de la conciliación, la falta de corresponsabilidad y el aumento del peso de los cuidados que ha recaído mayoritariamente en las mujeres fueron algunos de los retos planteados por el manifiesto y a los que hay que hacer cara en el presente. «Es urgente avanzar en medidas de corresponsabilidad que por un lado permitan el reparto de este trabajo entre hombres y mujeres y, por otro lado, que las políticas públicas pongan los cuidados en el centro en forma de recursos suficientes y adecuados para la dependencia, personas mayores y la infancia», recogía el manifiesto.

Un texto en el que igualmente se tocaban otros asuntos pendientes y reivindicaciones históricas del feminismo como acabar con la brecha salarial que «persiste». Y aunque reconocían que «la reciente reforma laboral supone un avance contra la precariedad que especialmente sufren las mujeres trabajadoras» recordaban que queda «pendiente la protección social para el sector de las empleadas del hogar que continúan sin derecho a prestaciones por desempleo».

Las violencias machistas y en especial la preocupación por la deficitaria educación en igualdad, lo que lleva a que esta violencia se manifiesta cada vez en edades más tempranas. «Los jóvenes siguen siendo educados en machismo, que sigue manchando sus manos con nuestra sangre». El manifiesto también recordó a las «mujeres asesinadas o señaladas por defender la tierra y preservar sus comunidades, por defender los Derechos Humanos, por resistirse al colonialismo y luchar contra el patriarcado. Por reivindicar un trabajo digno, por negarse a su explotación sexual, por señalar el racismo» y denunció «la depredación de nuestro territorio, porque aumenta la vulnerabilidad de las personas más desfavorecidas y auspicia la explotación sexual de las mujeres más pobres, de las mujeres racializadas, de las mujeres migrantes. Reivindicamos mayores recursos para luchar contra la trata de mujeres con fines de explotación sexual».

También hubo un grito unánime en contra del «negocio de la guerra» y de la «resolución no pacífica de conflictos, a poner por delante de las vidas de la gente común los intereses económicos de los Estados».

La Red Feminista de Gran Canaria reconocía en el manifiesto que aún hay «muchos retos por delante», y entre ellos destacó la necesidad de «permanecer unidas ante la posible l legada de la ultraderecha a las instituciones públicas de Canarias. Porque cuando llegan tratan de arrasar con nuestros derechos más fundamentales como el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos, a la diversidad familiar o a construir un futuro libre e independiente. Responderemos al odio con unión.

El lema de la manifestación, Feminismos canarios sin fronteras, hacía tanto referencia a las fronteras físicas como a la simbólicas, de ahí que el manifiesto concluyera con otro grito, el de que «no hay fronteras entre nosotras, ni muros que nos separen en nuestra diversidad porque esa es nuestra fortaleza: somos mujeres de todos los estratos sociales; mujeres madres o que no quieren serlo; mujeres de diversas orientaciones sexuales, mujeres trans, mujeres racializadas, mujeres migrantes. Mujeres, juntas, respondiendo desde el feminismo por todas, todas, todas».

Tras la lectura del manifiesto la Red Feminista de Gran Canaria entregó sus tradicionales premios y antipremios. Así, reconoció la trayectoria «profesional y personal» de la trabajadora social recientemente desaparecida Conchi Acosta Díaz, conocida como Conchi la de Adoratrices, con el premio Simone de Beauvoir que recogió su familia visiblemente emocionada.

El premio colectivo, el Berta Cáceres, fue para las hermanas Khaya y a las mujeres saharauis en lucha, «por ser ejemplo de resistencia ante la ocupación y el expolio de los recursos naturales, por defender los derechos humanos y abanderar la lucha por la libertad».

En la categoría de antipremios estropajo, recibió el de Esparto el Parlamento de Canarias. Según la Red, porque si bien «reprobaron las palabras homófobas» del Obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez Afonso, «votaron en contra de la propuesta de dejarlo fuera de los actos públicos» convocados por la Cámara. «Basta de palabras, contra el odio ¡hechos!», reclamó la plataforma.

El estropajo de Brillo recayó en el entrenador del equipo femenino del Rayo Vallecano, Carlos Santiso, y a la directiva del club por mantenerlo pese a que «invitó a una violación grupal a una mujer para fomentar el espíritu de equipo del cuerpo técnico». «Exigimos a la directiva del club su cese inmediato por defender el machismo y la apología a la violencia», señaló la Red que recordó que «ante los casos de acoso y abuso sexual que se han ocasionado en el ámbito deportivo, la mayoría de las víctimas son niñas y mujeres, por lo que cabe recordar que las entidades deportivas en general, tienen la posibilidad y potestad de prevenir y actuar ante situaciones de violencia sexual».

El último de los premios, el Estropajo de Vergilla, fue para la Dirección General de Protección a la Infancia y la Familia y a las personas responsables de los centros y casas donde vivían las menores víctimas de prostitución y agresión sexual del caso 18 lovas.