Doria Díaz con su marido, Roland, a quien cuida. / C7

«Cuidar no es una obligación, pero a veces es muy duro»

El 78,9% de las personas que cuidan son mujeres. Dos de ellas explican la experiencia de tener dependientes a su cargo

Luisa del Rosario
LUISA DEL ROSARIO Las Palmas de Gran Canaria

La sociedad no sobreviviría sin el trabajo invisible y, generalmente no remunerado, de los cuidados. Una de las cuestiones que ha elevado a problema la pandemia porque mayoritariamente recae en las mujeres y la covid-19 solo ha hecho aumentar la carga. Precisamente por eso la corresponsabilidad está en primera línea este 8M.

Doria Díaz tiene 58 años y desde el verano de 2019 cuida a su marido que padece Parkinson y demencia con cuerpos de Lewy, lo que le produce alucinaciones. Doria, que vive en Tenerife, dejó de trabajar para ocuparse de su esposo, que tiene ahora 80 años.

Es la misma edad que acaba de cumplir la madre de la tinerfeña Silvina Martín. En su caso no ha dejado de trabajar como limpiadora, pero falta muchas veces porque debe ocuparse de su madre, que padece Alzheimer. Silvina también tiene 58 años y hace 18 meses que se llevó a su madre a su casa.

Ninguna de las dos dice sentirse «obligada» a cuidar. «Obligación, obligación no es. Eso es más bien voluntario. Lo que no puedo hacer es dejarla, porque es mi madre. Hoy soy lo que soy gracias a mis padres. No voy a abandonar a mi madre jamás. La cuidaré como pueda», afirma Silvina. Para Doria cuidar a su marido es un acto de amor. «Lo quiero y me duele verlo así», explica. Ambas, sin embargo, reconocen que cuidar «a veces es duro».

Asó lo pone de manifiesto la Asociación de Cuidadoras, Familiares y Amigos de Personas con Dependencia, Alzheimer y otras Demencias (Acudafe) que elaborado un Estudio sobre las personas cuidadoras familiares en Canarias. Doria y Silvina ejemplifican el perfil que define el análisis de Acufade. Ambas son mujeres, como el 78,9% de quienes se dedican al cuidado. Han asumido esos cuidados en solitario, Silvina en «hija única» y Doria, aunque ha contratado a alguien para ayudarla unas horas -también mujer- asume el peso del trabajo. Doria está entre el 27,6% de mujeres que ha renunciado a su ocupación por tener que cuidar a un familiar. «Yo trabajaba, pero con esta situación no pude volver. Hubiese querido continuar trabajando para una pensión futura», lamenta. Silvina, por su parte, se encuentra entre el 14,4% que ha reducido su jornada laboral.

Silvina Martín en uno de sus lugares para «respirar». / C7

Ambas también están casadas, como el 59,3% de las cuidadoras. «Gracias al apoyo de mi marido, que es el puntal», afirma Silvina. Y se encuentran en la media de edad de las mujeres que tienen a alguien a cargo, entre 45 y 65 años. Y las dos se están cuidado a una persona dependiente, como el 81,5% , según el informe de Acudafe.

La mayor parte de las personas que cuidan dedican nueve o más horas al día a la persona de la cual se ocupan y el 39,1% lo hace más de 12 horas. Silvina y Doria viven con las personas a las que cuidan. La madre de Silvina comenzó la pasada semana a acudir a un centro de día. Irá dos veces a la semana y ha sido el primer respiro de los cuidados, un concepto engañoso si se tiene en cuenta que es la propia Silvina quien la lleva y la a buscar al centro y quien la prepara por la mañana porque «va duchada y desayunada», explica.

Para Doria, las horas a la semana en la que recibe la ayuda de otra mujer, a la que paga ella, son sus momentos «libres». Ayer, por ejemplo, pudo ir al médico e iba a almorzar con una amiga. «Mi salud se ha ido deteriorando porque ahora tengo una arritmia cardíaca. Manejo muchos nervios. Soy una persona aparentemente tranquila, pero uno sufre con el enfermo». La enfermedad de su marido afecta al carácter y ahora tiene momentos de violencia. Es peor que cuidar a un bebé. Él en cualquier momento está tranquilo y cuando menos te lo esperas empieza a tirar cosas. Yo escondo cuchillos, tenedores, tijeras,... A veces tengo miedo porque se pone agresivo. Tiene sus días. Hay noches que no duerme (un síntoma de la enfermedad) y no deja dormir», explica.

«Hay que tener mucha calma y mucha paciencia. Es muy duro. Lo vi en una vecina, cuyo padre padecía Alzheimer, pero no ves el día a día. Hasta que no le toca a uno en sus propias carnes», dice Silvina.

Ninguna de las dos percibe, por ahora, ayudas por la dependencia. De hecho el 75,5% de las personas que respondieron el estudio de Acudafe señalan que la persona a la que cuidaban no recibía ninguna prestación. El marido de Doria si la había pedido, «pero es alemán y nunca se empadronó» en Canarias, lamenta.

El 83% de las entrevistadas para el análisis de Acudafe requería formación específica para cuidar mejor, para afrontar la enfermedad y brindar los cuidados básicos. Silvina y Doria coinciden en que van aprendiendo en el «día a día» como abordar los problemas que se les presentan con quienes cuidan. Silvina habla de una «mala relación» con su madre en muchos momentos. Era una mujer independiente y aún sigue siéndolo físicamente. «A veces no nos entendemos madre e hija. Es muy duro de llevar por eso. Como el salir a caminar. A veces me da pena, pero si la dejo se sienta no hace nada», señala Silvina, quien cree que en el centro de día le hacen cosas que ella no sabe.

Doria también se ha dado cuenta. Antes le decía a su marido «la verdad» cuando tenía alguna alucinación como que están sus hermanos en la casa. Hoy, reconoce, va «tratando de aprender» cómo responder en esos momentos «él está enfermo. Yo soy la que estoy bien tengo que controlarlo a él, no él a mí», afirma.