18 años de saturación en Urgencias

21/04/2019

El servicio del hospital Insular arrastra un problema estructural y de gestión que, según los médicos, el Gobierno canario no ha sabido solucionar. Los profesionales han denunciado en tres ocasiones al SCS por la «grave situación» que sufren

El servicio de Urgencias del hospital Insular de Gran Canaria sufre un problema perenne de sobrecarga y colapso asistencial desde hace años que no se ha abordado «con seriedad ni de la forma más adecuada» desde ninguno de los estamentos sanitarios, una situación que se reproduce «semanalmente y que en la última década se ha agravado con el fenómeno de los pacientes que no tienen criterio de ingreso hospitalario y que permanecen «días, semanas e incluso meses» en el servicio a pesar de contar con el alta médica, enfatizan los profesionales. Los mismos que en esta última semana decidieron acudir por tercera vez – 2005, 2015 y ahora en 2019– a la vía judicial para que se dirima responsabilidades ante la «grave situación» que soporta el servicio y que ha tenido como consecuencia «una campaña en redes sociales en las que se incitan a la agresión y a la denuncia al personal sanitario «porque se nos responsabilizan como copartícipes del desbordamiento asistencial».

Esta fotografía descrita por los médicos no es desconocida para pacientes, familiares, que «la sufren» y para la administración sanitaria, que «la permite». A esta última se le ha solicitado en multitud de ocasiones su «solución» con iniciativas que les ha llevado a protagonizar huelgas, paros y decenas de denuncias, con las que solamente han logrado que la administración sanitaria «parchee el problema del espacio que genera la imagen de pacientes en los pasillos, y el problema de la falta de profesionales que acaba generando horas de espera y un mayor riesgo para la salud de los pacientes más graves», puntualizan.

Y es que, según afirman, la evidencia de los hechos «no se puede obviar, ni tampoco los años» que llevan significándose para que se solvente el «grave déficit» que les ha abocado a la actual «insostenible realidad asistencial», que nada tiene que ver «ni con picos puntuales de gripe o de carnavales sino con una nefasta gestión por su parte», añaden los facultativos. Es la «eterna excusa de los políticos», porque «bien saben que todo eso es programable , lo que demuestra que no tienen plan alguno más que reforzar las plantillas en esas ocasiones», concretan los médicos para luego, matizar que la solución están en «gestionar más camas hospitalarias y centros adecuados para los pacientes que ya no necesitan tratamiento urgente ni emergente».

Han pasado dieciocho años desde que los médicos de Urgencias del Insular alzaran, por primera vez, la voz para denunciar el caos asistencial que venían sufriendo en un servicio que ya, entonces, carecía de espacio y del número de personal suficiente para que la atención al paciente fuera adecuada. En 2001, este periódico sacaba a la luz las primeras llamadas de auxilio de los profesionales que alertaban que 54 pacientes se encontraban «hacinados» en un espacio de 700 metros cuadrados de superficie que solamente estaba preparado para albergar 30 camas, y que permanecían días en los pasillos hasta ser ingresados en planta.

La realidad del citado servicio hoy, en 2019, es algo distinta tras algunas mejoras que las ocho direcciones gerencias que ha tenido el hospital desde 2001, han realizado en cuestión de infraestructura, creciendo de 700 a 1.000 metros cuadrados de superficie, de 30 a 77 camas, y de personal médico pasando de 16 a 26 el pasado año y con la implementación al igual del resto de las categorías profesionales que participan en Urgencias. Sin embargo, antes de que «llegáramos a este punto de cierta mejora», el servicio se tuvo que trasladar a la parte trasera mientras el edificio del hospital Insular se sometía a su reforma –se inició en 2000– que se suponía que sería para unos tres años, 2005, pero que se prolongó hasta 2011, una obra que «confiábamos nos iba a ofrece un espacio más amplio para ofrecer una mayor calidad asistencial, pero no fue así», dicen.

Obras interminables.

En los ocho años que pasaron el servicio «se quedó obsoleto teniendo en cuenta el desbordamiento que soportábamos», criticaron. El equipo de Urgencias retomó su reivindicación de «mejoras» adaptadas al incremento de la demanda asistencial, la alta cronicidad de las patologías, el envejecimiento de la población, la atención a pacientes de zonas turísticas, residencias, desplazados de Fuerteventura, población reclusa... más los pacientes sin criterio de ingreso hospitalario que permanece en los pasillos «hasta que el Gobierno resuelve qué hacer con ellos» y los que están pendiente de cama en planta, insisten.

Esta demanda desemboca en un nuevo proyecto de ampliación: espacio que se ganaría a costa del servicio de Radiología para ampliar 16 camas más a las 10 que ya existían en el área de Exploración, que es el actual Urgencias.

No obstante, tampoco ha sido «suficiente» para zanjar la problemática y la Consejería de Sanidad y la gerencia del hospital tienen previsto trasladar el servicio al antiguo colegio universitario, en desuso y ubicado en la parte trasera del Insular, afirmando que será la «solución definitiva a sus problemas estructurales y de espacio físico».

Puerta de entrada.

Los profesionales insisten en que Urgencias constituye una realidad «única e inequiparable» al resto de los servicios asistenciales hospitalarios. Es la puerta «más importante» de entrada a los servicios de hospitalización y un servicio «difícilmente programable», porque presta atención sanitaria las 24 horas los 356 días del año y atiende todos y cada uno de los casos de emergencia que llega, «sin excepciones», matizan. Esta peculiaridad necesita de una «gestión más específica» y unas medidas que los sanitarios consideran «urgentes» como la estabilización de las plantillas, sustituciones, optimización de las altas de pacientes del servicio y la solución a los pacientes ingresados pero con alta médica.

Esta reflexión y otras similares se les ha hecho llegar a los ocho consejeros de Sanidad, ocho directores del SCS y siete gerentes del Insular que entre 2001 y 2019 han sido responsables de la sanidad canaria, sin que hayan «tenido voluntad de solventar este problema, salvo parcheando el servicio», sentencian.