Lanzarote

Saramago sigue muy vivo

06/10/2018

La unión entre España y Portugal tan presente en ‘La balsa de piedra’ alcanza en Lanzarote un momento álgido, en el homenaje por la concesión del máximo premio a nivel literario que en 1998 recibía por vez primera un escritor de habla lusa. Antonio Costa y Pedro Sánchez aprovecharon sus discursos en A Casa para comprometerse en afianzar el desarrollo en común de los dos principales países de condición ibérica

José Saramago fue un firme valedor de la unidad ibérica, con Portugal y España prosperando unidas. Esta vía común de progreso quedó especialmente plasmada en 1986 en la utópica vida en común de La balsa de piedra, sirviendo esta hermandad justo ayer para que los primeros ministros de ambos países, Antonio Costa y Pedro Sánchez, se comprometieran a afianzar el desarrollo en común de ambos países. Y fue en un lugar emblemático, en A Casa en Tías, el hogar del escrito afincado en Lanzarote desde 1993 hasta su pérdida, en 2010, en el acto de celebración de los primeros veinte años de la concesión del Nobel en materia literaria al más ilustre de los naturales de Azinhaga.

Saramago sigue muy vivo

Con Pilar del Río, esposa del literato, ejerciendo de anfitriona, Sánchez y Costa coincidieron en sus discursos en Tías en advertir de que son conscientes de que deben trabajar los gobernantes de ambos países en afianzar la democracia y el proyecto ibérico, en acto organizado por Portugal, en el marco de una serie de acciones en este mes para conmemorar el Nobel de 1998. Que este sábado se celebrara el homenaje al Nobel en Lanzarote se debió en muy buena medida a la implicación personal del que en 2010 era alcalde de Lisboa cuando hubo que dejar las cenizas de Saramago, junto al Tajo, sepultadas por tierra de Lanzarote.

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El presidente español abrió alocución indicando que «tengo la certeza de que a Saramago le habría hecho muy feliz vernos juntos», aludió mientras señalaba a los libros que copan la singular biblioteca de A Casa. Señaló Pedro Sánchez que España y Portugal padecieron largos periodos «viviendo de espaldas una a la otra, y así fue, desgraciadamente, durante muchos años, pero la democracia, casi reconquistada al mismo tiempo, nos hizo volver a unirnos», dijo Sánchez, y desde entonces, «ese vínculo no ha hecho más que crecer y crecer», siendo eje fundamental para hacer prosperar el proyecto ibérico, dio a entender justo antes de hacer loa en concreto a la obra y la persona de Saramago.

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«Vitalidad universal».

Hizo especial mención Sánchez a cómo fue la estancia insular del literato luso asentado en Tías, donde «encontró inspiración y paz». También apreció que el encuentro tenía máximo sentido, en tanto que «celebramos la vitalidad universal de su obra», donde el protagonismo para el mundo rural portugués se combinó «con la magia narrativa de la novela iberoamericana». Y con el añadido de que Saramago no solamente fue un escritor excepcional, pues «fue un ser humano íntegro que no quiso refugiarse en torres de marfil», implicándose en debates sensibles, «como la justicia social», mencionó el presidente español antes de invitar su homónimo luso a que el encuentro bilateral del 21 de noviembre, en Valladolid, ayude a consolidar la unidad ibérica.

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Por su lado, Antonio Costa, en pausado castellano y partes en su lengua natal, empezó agradeciendo que fuera en Lanzarote el punto donde por primera vez coincidían los actuales primeros ministros de Portugal y España. «Sería imposible encontrar mejor lugar, porque Lanzarote es toda una metáfora, una metáfora con gentes que vencen las distancias y acercan países», dijo antes de hacer referencia a la valía del Nobel de 1998 y de dar especial énfasis al valor de la lengua portuguesa y de tener en cuenta cómo Saramago supo conjugar su identidad lusa con el cariño a su lugar de acogida en Canarias.

Saramago sigue muy vivo

«Saramago representó y sigue representando un valioso e inestimable lazo de unión entre Portugal y España», enfatizó Costa antes de centrarse en el periodo en que el escritor optaba por ser un lanzaroteño más, convirtiéndose en un probable protagonista añadido de La balsa de piedra. Y en Lanzarote, apuntó Costa, Saramago afianza su defensa del humanismo, «negándose a la autocomplacencia».

La intervención más escueta la protagonizó el presidente canario, Fernando Clavijo. Destacó que «en estas islas de ocho puertas, no hay pueblo más querido que Portugal, una nación atlántica que siempre miró al mar como un océano de oportunidades, para el encuentro entre pueblos y culturas». También aludió a que Saramago halló en Lanzarote «su lugar en el mundo».

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Como curiosidad, el homenaje tuvo lugar justo después de haber mostrado Pilar del Río el espacio del jardín de A Casa, mirando al mar, que sirvió a Saramago para meditar e inspirarse. Y allí quedó.