Récord solidario

08/09/2018

La romería de la Virgen del Pino batió ayer un récord. Recogió 50.000 kilos de comida frente a los 15.000 de 2017. Fue la mejor cara de una edición que se hizo muy lenta. Llegó hora y media más tarde de lo previsto. Pero tuvo suerte con el tiempo. Hizo fresco y eso amortiguó tanta calma.

G. Florido / M. Rodríguez / Teror

La Virgen del Pino echó ayer un cabo. A buen seguro tuvo mucho que ver para que el Sol se tomara la tarde libre. Fue la sensación de la 67 edición de la romería-ofrenda que ayer volvió a convertirse en un escaparate de colores, tradiciones, notas musicales y solidaridad, sobre todo, mucha solidaridad, llegada de los 21 municipios de la isla. El dato lo hizo público el presidente del Cabildo, Antonio Morales, al cierre del acto. La treintena de voluntarios de Cáritas que recogían la comida en la iglesia no daban abasto. Se recaudaron nada menos que 50.000 kilos, 35.000 más que el año pasado.

Lo que no aumentó, y ya va siendo una tendencia, fue la asistencia. La organización la cifró a última hora de la tarde en 15.000 personas, pero porque conforme pasaban las horas la gente se fue animando y fue acercándose hasta Teror. En los inicios de la romería la sensación generalizada era que había poco público. Es más. Se podía caminar sin dificultad detrás de las vallas que separan a la comitiva de las aceras, donde se arremolinan los ciudadanos que se limitan a verla pasar.

Suele ser un espectador muy fiel, habitual desde hace años, que ya se sabe la lección y se acompaña de avituallamiento suficiente, sillas y lo que se tercie. Ayer les hizo mejor papel que nunca porque la romería estuvo más lenta de lo habitual. Fue más o menos puntual en la salida, algo después de las 15.30 horas de la tarde, cuando las primeras de las 22 carretas convocadas a la fiesta empezaron a bajar por el Castañero Gordo, pero no tardó en perderle la batalla al reloj, y la última, la que cerraba el desfile, la delegación de Gáldar, llegó a las puertas de la iglesia en torno a las 20.00 horas. Las tradicionales palabras de balance, despedida y agradecimientos de autoridades civiles y eclesiásticas pusieron el cierre a la romería a las 20.30 horas, hora y media más tarde de lo previsto inicialmente.

Con todo, no deja de ser una simple anécdota en el marco de una macro-romería que moviliza a miles de personas y que, un año más, no dio lugar a incidentes, según informa el Ayuntamiento de Teror. Tampoco hubo mayores problemas con las carretas, salvo con la de San Mateo, a la que se le estropeó un poco parte de la estructura del diseño que llevaba la plataforma.

El desfile, un año más, derrochó ingenio y entrega por parte de las representaciones de los 21 municipios y del Cabildo, a los que en esta edición se han vuelto a sumar una agrupación folclórica llegada de cada una de las otras siete islas del archipiélago, incluida La Graciosa. Otra vez causaron sensación los herreños y su baile de aires tribales, escenificado esta vez por el grupo de San Andrés. También llamaron la atención los chiquillos de Firgas que simularon la Traída del Palo. Hasta el obispo, Francisco Cases, quiso probar a levantarlo. Era una réplica. El original está en torno a los 200 kilos.

Pero esta fue también la romería de la incombustible Paca Díaz, de Artenara. Ha ido a todas, a las 67 ediciones, y eso que ya lleva a cuestas bien llevados 92 años. Solo se dejó en el camino a la burra con la que solía venir. Por razones de seguridad se optó por que hiciera el recorrido en una silla joëlette, de las que se usan en senderismo para las personas con movilidad reducida. La cargaba el mismísimo alcalde, Jesús Díaz. Y Paca iba como una reina, con cachimba y todo. La gente la aplaudía a su paso.

Es uno de esos rostros que simbolizan una fiesta como esta. Igual que el de Josefina Expósito, de 86 años y de Agaete, que entró cantando la venta de caballas a tres pesetas; de Gabriel Naranjo, el pequeño al que rodearon en círculo las 80 ovejas que un año más encabezaron la comitiva; de Tita Déniz, que se presentó ante la patrona de Gran Canaria tostando millo; de Manolo Ruiz (Arucas) y su cabra Carmencita, la única que se vio en la tarde; o de José Luis y sus dos metros de altura, que cargó el pan más grande que llevó San Mateo, tal para cual.

Acabada la romería, le llegó el turno a los peregrinos. Tomaron Teror. La CG-21 no daba casi abasto.

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