Salto del Negro sucumbe a la marabunta

28/07/2019

Una plaga bíblica de hormigas altera la vida cotidiana de los vecinos y trabajadores de calles como Monterrey y Aconcagua. Los insectos se meten en los edificios por los cables de la luz y entran en las casas a través de los enchufes.

Cuando preguntas en Salto del Negro por las hormigas, los vecinos se llevan las manos a la cabeza y resoplan. La desesperación ha dado paso a la impotencia. En el último año, la presencia de estos insectos se ha convertido en una plaga constante y desmoralizadora. Israel Chinea, que tiene un negocio de distribución de alimentos para perros, sacaba esta semana hasta «cuatro palas de hormigas muertas». El almacén en el que trabaja, que tiene un pequeño despacho y un dormitorio con ducha, se ha convertido en un campo de batalla en el que las empresas de fumigación han terminado por izar la bandera blanca. «La compañía de control de plagas que teníamos contratada ha venido cinco veces y ha empleado de todo», explica este vecino que compró la propiedad en noviembre, «pero dicen que ya no vienen más, que no les sale rentable venir tantas veces».

La nave industrial ha sido conquistada por los himenópteros. «Era como una alfombra de hormigas», explica Chinea para que el periodista se haga una idea de lo que padecen. En la zona de oficinas hay trampas cebos para este tipo de insectos. Y sobre el suelo blanco pueden apreciarse decenas de cadáveres, como puntitos de viruela que demuestran que ha habido una infección.

La plaga entra por los cables eléctricos que vienen de la calle. «Nos salen por los enchufes», añade Chinea. En las paredes siempre se percibe ese pequeño movimiento que delata la presencia del insecto. De hecho, Israel ha puesto hasta una trampa encima del termo de la ducha porque el plato del baño se le llena de hormigas en poco tiempo. «A las seis limpio el suelo del baño y a las once ya está lleno de hormigas otra vez», prosigue, «no sé de dónde vienen tantas».

Ya hay vecinos que no dejan el coche aparcado en el primer tramo de la calle Monterrey. Una trabajadora de otro de los negocios que hay en esta parte del barrio explicó que «una vez me encontré el coche lleno de hormigas». Y así, mes tras mes.

Rita García, otra de las vecinas afectadas, ha empleado ya todos los remedios que conoce: los químicos, como las trampas, los insecticidas en espray y los geles que se dispensan en jeringuillas; y los que se difunden a través de Internet, como el uso de polvos de talco. En el zaguán de su edificio, el rastro blanco de este mineral se entremezcla con los puntos negros de las hormigas que se van quedando por el camino.

«Llevamos tiempo con este problema pero lo de este año ha sido brutal, ha sido el peor», detalla, «lo de las casas es ya una pasada, en la cocina no puedes dejar nada, les da igual si hay dulce o salado, si está frío o caliente».

Quejas desde octubre

Desde octubre se han venido quejando al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. Y en las últimas semanas los equipos del servicio municipal de Salud Pública han estado fumigando la zona. Lo que se ha hecho es un tratamiento de choque con derivados de piretroides –pesticidas artificiales que se emplean en el control de plagas- y, en principio, se ha identificado a los insectos como hormigas del género Lasius, una especie que no representa peligro para el ser humano porque no transmite enfermedades, pero que pueden producir daños graves por su atracción por los elementos eléctricos.

Desde el Ayuntamiento se cree que la cercanía de las viviendas afectadas por la presencia de hormigas al vertedero de Salto del Negro podría ser el origen de esta plaga, pero los vecinos apuntan a la posibilidad de un solar abandonado que está junto a las viviendas como origen del problema y del que dicen que es de titularidad municipal.

Hay veces en las que las hormigas se vuelven resistentes a los principios activos que emplean los fumigadores. Los vecinos de Salto del Negro temen que haya podido pasar algo así en sus calles porque el problema no se ha solucionado. «Ellos fumigaron por fuera pero nos han dejado la plaga», explica otro vecino de la zona.

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