«Nosotros vivimos de la doble fila»

07/08/2019

La posibilidad de que León y Castillo se convierta en una vía exclusiva para transporte público, bicicletas y residentes inquieta a unos negocios que ya se reconocen perjudicados por el carril bici.

La propuesta lanzada por los taxistas al Ayuntamiento para que la calle León y Castillo se convierta en una vía exclusiva para guaguas, taxis, bicicletas y vehículos de residentes no cuenta con predicamento entre los negocios de la zona, que aseguran ya se han visto perjudicados con la pérdida de uno de los dos carriles de circulación que ha supuesto la implantación del carril bici. «La dulcería lleva 80 años y ya con el carril bici estamos afectados», dice Arnaldo Colomar, propietario de la dulcería Colomar sin ocultar su malestar porque «la cosa ha bajado al 50%», dice respecto al descenso que han registrado las ventas.

Se pregunta «quiénes son los eruditos» que están en el Ayuntamiento y señala «que del parque de La Feria en adelante hay 15 locales cerrados ya». Asegura que el carril bici «a nosotros ya nos mató», y por eso se ha planteado incluso el traslado de zona. «Me fui a Triana, pero los locales están a 15.000 euros mensuales».

«Aquí no hay nada que hacer ya» comenta en alusión a la situación que se vive en la calle, por eso cree que la posibilidad de que se saque de ella el tráfico privado «sería el no va más».

El propietario de Colomar critica que se haya elegido León y Castillo para implantar un carril bici, pues «es la principal arteria de Las Palmas, que viene desde La Isleta al Teatro», cuando «ya tienen uno en Paseo de Chil y otro en la Avenida Marítima». Además, plantea, «si vieras pasar bicicletas, pero es que no las ves pasar».

Apunta que teme por el futuro de su negocio y de sus trabajadores. «Tengo 18 empleados y corren peligro esos puestos de trabajo», confiesa, y es que no descarta comenzar a despedir gente «en enero».

Añade que los problemas de tráfico ya han comenzado a notarse, «porque, si para un coche, se forma cola, porque no se puede invadir el carril bici». Y «espera a que empiecen los colegios», advierte.

Recuerda cuando en la calle «había cuatro carriles y luego hicieron las aceras más anchas y dejaron dos». Ahora, indica, el responsable de Movilidad «sale y dice: por fin hemos quitado la doble fila de León y Castillo». Pero «cómo vivimos, si vivimos de la doble fila», pregunta.

«De qué vivimos los negocios», dice al pensar en la posibilidad de que la propuesta de limitar el tráfico en la calle prospere.

José Suleimán y Josefa Ortega regentan un negocio de moda femenina muy cerca de la plaza de La Feria. Consideran que sacar el tráfico de León y Castillo puede ser un inconveniente para su tienda, porque «si quitan el tráfico la gente no pasa y no nos ve». Además, opinan que la medida va a disuadir a la clientela. «Esto evita que la gente venga a esta zona de la ciudad», señalan.

Aunque aseguran que «no estamos en contra de la bici», sí que apuntan que el que se ha instalado en esta vía «tampoco es bueno», porque «ahora estamos en agosto, pero espera que empiecen los colegios». Por eso apuestan por «calles mas anchas como Luis Doreste Silva o Venegas» o por zonas «como Tomás Morales, donde hay un montón de institutos».

En Tele Lavo, un negocio que ofrece servicio de lavandería y planchado de ropa y que abrió sus puertas en diciembre de 2018 en León y Castillo, la posibilidad de perder el tráfico rodado más allá del transporte público tampoco se recibe como una buena noticia. «A nosotros nos va a afectar, segurísimo», indica Varinia Rodríguez, una de sus empleadas. Afirma que ya el carril bici se ha dejado notar en la marcha del negocio, pues la clientela no tiene las mismas facilidades que antes para acercarse a recoger o dejar sus pedidos. «Los clientes antes paraban, ponían los cuatro indicadores y se llevaban los pedidos, pero ahora no pueden hacer eso», expone.

Algo similar opinan en La Cocotte, un negocio de comidas preparadas que nació en 1987. «Si está afectando ya el carril bici, imagínate si nos quitan el transporte», apunta Obdulia Falcón, una de sus empleadas. Señala que «se ha notado una bajada» en la actividad, «sobre todo los fines de semana», sus días fuertes de venta, «porque la gente aparcaba en doble fila y ahora no hay dónde aparcar» y «también se quejan los proveedores».

Alberto Giner propietario de la Óptica Giner no puede ser más contrario a la medida. «Estoy totalmente en desacuerdo, al ciento por cien», garantiza.

A su juicio, la medida «sería perjudicial» para un negocio como el suyo y pone a modo de ejemplo el hecho de que «recibimos todos los días, fácilmente, ocho servicios de mensajería» y «cada vez que viene el furgón tiene que parar en medio de la calle, porque no se puede pisar el carril bici y bajarse alguien para dejar la caja de mercancía corriendo, porque se paraliza todo».

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