El aumento del nivel del mar robará 7 metros a La Cícer en solo veinte años

23/11/2018

En veinte años La Cícer podría perder siete metros de ancho y la parte norte de Las Canteras, 3,5 metros. El cambio climático está aquí y no solo afectará a la playa sino también a la producción de agua de la ciudad

Fue el presidente de la Sociedad Atlántica de Oceanógrafos, José Juan Castro, el que con una acertada metáfora expuso la afección del cambio climático. Comparó a la sociedad con los peces, que aunque son capaces de escuchar las redes de arrastre de los pesqueros a varios kilómetros, no reaccionan hasta que reciben el golpe. Así está nuestra sociedad ante el fenómeno del calentamiento global: sabemos que está ahí, pero no vamos a reaccionar hasta que sea tarde.

Precisamente para despertar a la comunidad de su letargo y con el fin de fijar una estrategia que aumente la resiliencia de Las Palmas de Gran Canaria frente a la subida del nivel del mar, científicos de diversas disciplinas y representantes de diferentes instituciones se congregaron ayer en la facultad de Ciencias del Mar de la ULPGC.

El cambio más evidente será la huella que tenga en la playa de Las Canteras. Según las previsiones que hizo el doctor en Sedimentología de la ULPGC, Ignacio Alonso, en apenas veinte años, el tramo norte de la playa (entre La Puntilla y Playa Chica) perderá unos 3,5 metros de ancho de arena. Y además, el riesgo de inundación será cada vez más frecuente.

Sin embargo, el impacto de este hecho queda oscurecido por el daño que sufrirá La Cícer. Aquí, la playa perderá unos siete metros de ancho, de manera tal que la continuidad de la zona de baño, tal y como la conocemos hoy, quedará seriamente comprometida. «En esta zona tan estrecha en pleamar, vamos a perder la posibilidad de estar en la playa», aseguró en relación al horizonte del año 2040.

En la parte central de la playa, en concreto en Los Lisos y Punta Brava, la avenida quedará cada vez más expuesta al asalto de las grandes olas, con lo que los daños al espacio público serán cada vez más cuantiosos.

Alonso Bilbao puso de manifiesto estos efectos con una subida media de 18 centímetros en el nivel del mar actual. Aunque pueda parecer poco, basta decir que se trata de la misma elevación registrada en todo el siglo XX, pero en solo veintiún años.

El puerto deberá también prepararse para este nuevo reto. La catedrática de Economía de la ULPGC, Lourdes Trujillo, planteó la necesidad de establecer una estrategia de reducción de los gases de efecto invernadero que pasaría por la instalación de una regasificadora en la zona portuaria, el suministro de energía eléctrica a los barcos mientras están atracados, la aplicación de tarifas especiales para los buques con mayor índice de eficiencia energética, y la apuesta por el uso de maquinaria y vehículos eléctricos. Además, tampoco se descarta la posibilidad de elevar los puertos.

Por si fuera poco, el deshielo puede abrir nuevas rutas por el Ártico, lo que restaría competitividad a los puertos de latitudes tropicales y ecuatoriales; y además descenderá el tráfico de petróleo y carbón por la descarbonización mundial.

Más calor en la ciudad

En el día a día, la vida de los ciudadanos también se verá afectada por otros factores meteorológicos relacionados con el cambio climático. Ignacio Alonso extrapoló los escenarios del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático para mostrar que disminuirá el número de días de lluvia, que pasará de los 40 días actuales a una horquilla que oscilará entre los 35 y los 27 días, en función de la profundidad del cambio climático. También aumentará el número de días de las olas de calor, de modo que de los 12 a 15 días registrados entre 1960 y 1994, ya se ha pasado a 20 días entre 1995 y 2000, y se prevé que pueda subir a 80 días al año o hasta 150 días en el peor escenario, lo que supondría un día de calor extremo cada dos como promedio. Además, las temperaturas máximas (23,5 grados) podrían subir hasta los 25 o los 27 grados. Y lo mismo ocurriría con las mínimas, que de 19,5 grados se elevarían hasta los 22 o 23 grados.

El aumento del nivel del mar robará 7 metros a La Cícer en solo veinte años

Estos cambios tienen, indudablemente, un impacto económico y social en la ciudad, como demostró el doctor en Geografía por la ULPGC Pablo Máyer. En su ponencia, cifró las consecuencias de los temporales marinos y las inundaciones sufridas por los vecinos de Las Palmas de Gran Canaria en 15,52 millones de euros, en el periodo comprendido entre 1996 y 2016. A nivel autonómico, los temporales marinos han causado trece muertes y las inundaciones otras once, en el mismo periodo.

Máyer planteó la necesidad de acometer una «evaluación detallada de la peligrosidad, exposición y vulnerabilidad» de las diferentes zonas de la ciudad para realizar un «análisis correcto del riesgo», aunque también apuntó como factor agravante la «incorrecta ordenación del territorio».

Por su parte, el catedrático en Ingeniería y Gestión de Costas de la Universidad Politécnica de Cataluña, José Antonio Jiménez, aseguró que «es posible desarrollar medidas de adaptación eficiente» a los retos del cambio climático pero aclaró que «no podremos hacer nada si no tenemos la visión de lo que queremos». De hecho, se mostró partidario de aprovechar la subida del nivel del mar «para reparar zonas» antropizadas y no mantenerlas, en especial las que están sobre la misma costa.

En el debate posterior, la doctora en Ciencias Químicas Juani Betancor, del Instituto Tecnológico de Canarias, alertó de que las infraestructuras hidráulicas de la capital grancanaria -en especial la desalación para el consumo humano- están condenadas en caso de que aumente el nivel del mar, lo que planteó la necesidad de que el debate político supere el cortoplacismo de un mandato para crear alternativas que garanticen el suministro de agua a la población.

En todo caso, Jiménez aclaró que la situación de la desaladora se podría solucionar con una protección frente al mar.

El futuro será más frío

Pese a este episodio de calentamiento que estamos viviendo, el doctor en Paleontología y Paleoclimatología de la ULPGC, Joaquín Meco, aseguró que «vamos a un enfriamiento progresivo de la tierra en una escala de millones de años» y explicó que de la última interglaciación, hace unos 120.000 años, quedan testigos en las salinas de El Confital, en los túneles de Julio Luengo y en la zona de San Cristóbal que muestran que el mar llegó doce metros por encima de su nivel actual.

Los cambios en los niveles del mar en los últimos 11.700 años también han dejado su rastro en Las Canteras. El catedrático en Ciencias Geológicas de la ULPGC, José Mangas, descubrió la playa fosilizada de Playa Chica (formada hace 12.000 años), la antigua laguna costera que hubo hace unos 7.000 años entre Los Lisos y Gravina; y las dunas que existieron hace 3.000 años y que acabaron fosilizadas a la altura de la calle El Cid.