La rehabilitación la financia la propia familia, sin subvenciones públicas

La familia de Marisol arregla el molino de Lajares

14/11/2017

La restauración del molino de Lajares es ante todo el empeño sentimental de la familia Fernández Martín de no dejarlo caer. Hace cuatro meses se iniciaron las tareas de rehabilitación que comenzaron a dar sus frutos el pasado viernes con la colocación del capacete de madera.

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Andrés Fernández Fránquiz compró en 1951 un molino en Tiscamanita por 5.000 pesetas y lo trasladó a Lajares, en el municipio de La Oliva. Allí molió el gofio de los vecinos hasta la década de los 70, cuando dejaron de moverse sus aspas. Sin embargo, el recuerdo persistió en la familia de su hijo José Luis Fernández hasta el punto de que lo están restaurando con fondos propios movidos por el empeño sentimental de no dejarlo caer y volver a ponerlo en marcha. En julio empezaron estos trabajos privados de rehabilitación que ya empiezan a ver la luz con la colocación del capacete el pasado viernes.

De Tiscamanita, Andrés se trajo la estructura interna y las aspas del molino. En Lajares, levantó la base sobre el terreno donado por un primo suyo. Durante más de 20 años, los vecinos tostaban el trigo y el millo en sus casas y lo trasladaban en burro hasta el molino donde este hombre lo molturaba. La familia aún conserva el libro de cuentas de una actividad que caló hondo en sus descendientes. Su hijo José Luis heredó la propiedad y la pasión por mantener viva la actividad, costeando un primer arreglo en 1998 «sólo por no dejarlo caer y por sentarse a verlo moler otra vez».

todo picado. Durante todos estos años, algunos han venido a tocar a la puerta de la familia Fernández Martín con el fin de que les vendieran el molino, pero la contestación fue siempre la misma: «para nosotros, no tiene precio y mi marido nunca quiso por nada del mundo venderlo. Lo llevamos en la sangre, o más bien en el corazón», confirma Marisol Martín quien, con sus hijos Andrés y Leticia, decidieron frenar su deterioro, pensando que solo estaba afectado el eje del molino.

Cuando la familia se recuperó del disgusto de que, no solo el eje, sino las vigas, las aspas, el capacete, todo el engranaje del molino estaba picado, se dijo que «así no lo íbamos a dejar». Entonces encargaron el proyecto de restauración al arquitecto Jorge Sastre y, por recomendación de Antonio Rodríguez, responsable de las obras de la ruta de los molinos del Cabildo de Fuerteventura, pusieron los trabajos de carpintería en manos del especialista Domingo Molina Brito, que ha puesto todo su empeño.