Arenisca busca la huella de los mahos en la Cueva de Villaverde

02/04/2019

El equipo arqueológico acometerá su segunda campaña en el tubo volcánico que se centrará en localizar una segunda entrada y el grado de parentesco del niño y adulto enterrados.

La cápsula del tiempo, como la arqueóloga Rosa López la llama, que es la Cueva de Villaverde es objeto de la tercera prospección de su historia desde que fue descubierta en 1979 y la segunda que lleva a cabo el equipo multidisciplinar de Arenisca en los últimos años. La Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias financia esta campaña arqueológica, en colaboración con el Cabildo de Fuerteventura y el Ayuntamiento de La Oliva.

La investigación arqueológica. con el apoyo de otras disciplinas como la Geología y la Topografía, se centrará en esta segunda prospección en la definición de los límites del yacimiento, la ampliación de la zona de excavación, concretar el estado de conservación y documentar otra posible entrada. Además, el equipo dirigido por Rosa López realizará un estudio bioantropológico completo de los cuerpos del adulto y el niño localizados a la izquierda de la entrada en 1979, con el análisis de ADN para determinar su posible parentesco.

Por otra parte, la nueva campaña analizará material arqueológico de anteriores campañas para extraer conclusiones históricas y se sondeará el interior de la cueva para documentar la secuencia estratigráfica.

La arqueóloga Rosa López destaca que es importante no solo pensar en la cueva en sí, sino en su conjunto y como parte de un poblado prehispánico hoy desaparecido. «Fuera del tubo hay estructuras anexas, que formaron parte de ese poblado y que actúan como una especie de vestíbulo donde se practicaban actividades cotidianas. Podemos decir que la riqueza patrimonial queda más que demostrada, ya que se ha comprobado la existencia en el exterior de estructuras de muros potentes, de un poblado de entidad, que van más allá del sondeo inicial».

La Cueva de Villaverde, que está catalogada como Bien de Interés Cultural (BIC), es un tubo volcánico con abundantes vestigios del pasado descubierto en 1979 que arrojó importantes hipótesis sobre la prehistoria de la isla, pero que luego cayó en el olvido, cuando se cerró en 1988. Desde entonces no se había realizado ninguna actuación hasta que en 2018, después de cuarenta años, se inicia el proyecto de recuperación del enclave con la financiación de la Dirección General de Patrimonio Cultural y de la mano de la empresa especializada Arenisca.

Cueva con web

El día a día de los trabajos en la Cueva de Villaverde se puede seguir en su web http://www.yacimientocuevadevillaverde.org que permite realizar una visita virtual y conocer de primera mano a través de un diario de campaña. Esta página web es una de las iniciativas de difusión en tiempo real a lo largo de las dos campañas con el propósito de abrir el yacimiento al conocimiento de la ciudadanía. También se organizarán charlas y jornadas de puertas abiertas con visitas guiadas para los centros educativos y la población.

La excavación de 2018 se cerró con miles de fragmentos acopiados en 300 bolsas de material, incluyendo cerámicas, conchas cenizas, muchas cenizas y huesos de cabras, ovejas y cetáceos marinos.

Huesos de foca monje y de cerdo

Aparte de los esqueletos del niño y el adulto y de los huesos de foca monje descubiertos en 1979, en el yacimiento de la Cueva de Villaverde se han localizado en la campaña de 2018 restos óseos de cerdo, «algo novedoso y muy llamativo», confirma la arqueóloga y directora de Arenisca, Rosa López.