En busca de las semillas de Jandía

17/03/2018

El macizo de Jandía, el mayor reducto de biodiversidad de la isla, sigue amenazado por las cabras. Tanto que la vegetación, entre la que destacan elementos dispersos de laurisilva, incluso ha tenido que refugiarse en los riscos. Una investigación becada por el Cabildo determinará el estado actual del banco de semillas en la zona.

En las cumbres de Jandía, el ganado caprino ha pastado durante siglos, obligando a la vegetación a desriscarse como quien se lanza de un edificio en llamas. Y allí, en los recovecos del acantilado que da a Cofete, perviven ejemplares de peralillo, anís de Jandía, tajinaste de Jandía o incluso laurisilva, entre otras especies, a salvo del hambre caprina. De ello da constancia Rubén Hernández, licenciado en Ciencias Ambientales y Máster en Biodiversidad Terrestre y Conservación en Islas, quien, durante seis meses y gracias a una beca del Cabildo de Fuerteventura, desarrolla un trabajo de investigación cuyos resultados servirán para adoptar medidas con vistas a la protección de la vegetación endémica en la que es la zona de mayor altitud de la isla y que, según el investigador, «es el reducto de biodiversidad terrestre más importante de Fuerteventura».

«Voy a realizar un estudio sobre el banco de semillas del suelo en el macizo de Jandía para saber cuál es el estado de conservación en el que se encuentra actualmente. Al acabar el máster ya hice un trabajo en la zona para estudiar la repercusión del ganado ovicaprino sobre la vegetación del macizo y vimos que está cambiando la distribución y la abundancia de especies», explica Hernández. Las más afectadas son las endémicas, ya que «han evolucionado en ausencia de mamíferos herbívoros y no han desarrollado defensas contra ellos». Por este motivo las cabras y ovejas «se alimentan primero de las especies endémicas y luego de las especies ruderales, que son aquellas que tienen que ver con algún grado de degradación por parte del ser humano», añade.

Gracias a los vallados de exclusión instalados por el Cabildo sobre el macizo de Jandía, se ha observado que «al quitar el ganado ovicaprino la vegetación vuelve a recuperarse». La investigación de Hernández estudiará ahora «en qué estado se halla el banco de semillas». Para ello tomará muestras de suelo en los picos de La Palma, Mocán y La Zarza, que se someterán a pruebas de germinación en invernadero para determinar las especies presentes. «Esto servirá como punto de partida para proyectos de restauración y para mejorar la gestión del espacio natural protegido», señala.

Musgos como bioindicador de laurisilva

El investigador señala que el macizo tiene «alto valor relictual» por sus elementos de formaciones de bosques termófilos (acebuches) y de laurisilva. «Hay individuos de la especie palo blanco que crecen en bosques de laurisilva, propios de las islas occidentales. También briófitos, musgos que viven en la corteza de los arboles y que son bioindicadores de formaciones de laurisilva y fallal-brezal que también están en islas occidentales, lo que podría reflejar la actitud del terreno para sostener estas formaciones». De la laurisilva solo quedan «elementos dispersos» en el acantilado y de los acebuches ejemplares que no se levantan del suelo por el ramoneo constante de las cabras. Para evitar la extinción de la vegetación, en especial de los endemismos, Hernández defiende la ampliación del vallado de exclusión, aunque «lo ideal sería que el ganado no estuviera pastando los 365 días». Endemismos como la margarita de Winter, el tajinaste de Jandía o el taboire de Jandía están amenazados. Y en las partes más bajas del macizo también el cardo de Nogales, el cardón de Jandía o el jorado, entre otras. También hay invertebrados endémicos que dependen de esa vegetación.