«La reforestación y las cabras pueden hacerse compatibles»

Sergio Armas, gerente de la Fundación Foresta, cree posible conciliar la supervivencia de una actividad tradicional como la ganadería guanil y las campañas de reforestación para recuperar lo que queda del antiguo bosque termófilo, reducido hoy a unos pocos árboles en los riscos más inaccesibles de las cumbres majoreras.

David Monserrat
DAVID MONSERRAT

Aunque la acción de las cabras resulta «demoledora» para la vegetación, ya que «se comen los brotes frenando su desarrollo», el ganado guanil y la reforestación «pueden ser» compatibles: «La Isla es grande y permite realizar las dos actividades, pueden haber zonas para cabras y zonas para reforestación». Así lo cree Sergio Armas, gerente de la Fundación Foresta y ponente de la conferencia Amenazas y técnicas de recuperación. Pasado y presente del bosque termófilo de Fuerteventura, impartida en el 14º Congreso de la Asociación Ibero-Macaronésica de Jardines Botánicos, organizado en Costa Calma por Oasis Park Fuerteventura.

Según Armas, las cabras han jugado «un papel fundamental» en la Isla, pero la reforestación «también es vital», y no solo por «beneficios ecológicos como la infiltración de agua o la captura de CO2», sino como «reclamo turístico». En este sentido, «que haya bosques, especies exclusivas de un territorio como Fuerteventura, es un valor añadido para el turismo, y los majoreros deben darse cuenta de que pueden sacar un rendimiento económico no solo del sol y playa sino también de la naturaleza».

Hubo un tiempo en que Fuerteventura era menos árida que en la actualidad. Por ella se extendía lo que se denomina bosque termófilo, «un bosque bajo, de medianías, muy resistente a condiciones climátológicas duras: gran insolación, mucha falta de agua, gran exposición al viento; y, dependiendo de la Isla, puede estar formado por palmerales, dragos, acebuches, almácigos y en general especies capaces de soportar las condiciones que se dan hasta más o menos los 600 metros de altura».

Con la llegada del ser humano a la Isla, la situación comenzó a cambiar. «El aborigen ya abusó de la vegetación», sin embargo, «el gran punto de inflexión de la desaparición del bosque termófilo fue la conquista, al usar la madera como leña y herramientas de metal para cortar». Todo ello provocó que la vegetación fuera desapareciendo «hasta que quedó recluida a ciertos puntos».

Con el pasar de los siglos, también por el pastoreo intensivo, el bosque termófilo quedó recluido a las zonas más inaccesibles, como el macizo de Jandía, en concreto «a zonas muy pendientes o paredes verticales, donde no llegaba el hombre y tampoco la cabra». Hay ejemplares de acebuche, almácigo, lentisco, peralillo, que sobreviven a duras penas:«No tienen porte arbóreo, con tronco y copa, sino que el viento y la escasez de suelo han hecho que tengan un porte achaparrado, facilitado además por el ramoneo del ganado que impide el crecimiento vertical del árbol, que termina pareciendo una gran duna o una gran seta que sale del suelo y que en realidad es un árbol».

En el macizo de Betancuria, además del pequeño pinar, también quedan «almácigos, algunas sabinas, acebuches, etcétera», pero más bien gracias a las campañas de reforestación de los últimos 50 o 60 años.

La toponimia como pista de un pasado verde. Según Armas, para poner en marcha un plan de reforestación, «hay que ver lo que muestra el terreno», es decir, «qué tipo de vegetación se puede identificar en cada zona, porque es una pista de la vegetación que hubo». También se estudian las toponimias, ya que «en islas como Gran canaria, por ejemplo, te van dando pistas de los bosques que hubo, por ejemplo El Lentiscal, El Sabinal...». No son menos importantes los restos que se puedan hallar de maderas o pólenes, así como las crónicas escritas. A partir de este procedimiento se puede determinar la vegetación potencial que corresponde a cada lugar y desarrollar campañas de reforestación, cuyo coste puede ser «muy elevado, porque la zona necesita estar vallada y ser regada». Pero estos puntos de reforestación son «claves» por una razón: «Son núcleos de dispersión de semillas para zonas colindantes». Por otro lado, Armas valora como muy positiva la plantación en zonas llanas de especies agroforestales como olivos, higueras, almendros, etcétera, que, «además de tener su función ecosistémica, aportan un beneficio económico».