Cuando Betancuria quiso ser Patrimonio de la Humanidad

21/07/2019

El doctor en Historia Carmelo Torres rescata la demanda majorera que data de 1988. La solicitud partió del Ayuntamiento bajo la alcaldía de Carmelo Silvera, secundada por el Cabildo por unanimidad y defendida por el diputado Domingo Fuentes Curbelo ante el Parlamento de Canarias, que la rechazó.

Hace 31 años, el Ayuntamiento de Betancuria, con el apoyo del Cabildo, quiso optar al reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad que la Unesco concedió en 1999 a La Laguna, en Tenerife, y la semana pasada al yacimiento prehispánico de Risco Caído, en Gran Canaria. El Parlamento de Canarias frenó las aspiraciones majoreras para la villa histórica fundada por el conquistador normando Jean de Bethencourt en 1404.

El sueño de Betancuria de pertenecer a la lista de enclaves catalogados como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco duró menos de un año y se esfumó en el pleno del Parlamento autonómico. El 5 de marzo de 1988, bajo la alcaldía de Carmelo Silvera, el pleno del Ayuntamiento acordó por unanimidad proponer, con el apoyo del Cabildo Insular, a la Consejería de Cultura del Gobierno de Canarias esta declaración con el fin de «recuperar la grandeza y la categoría que tiene y siempre ha tenido nuestra querida villa histórica», que leyó el entonces secretario municipal.

A mano y con tinta azul

El acuerdo plenario de Betancuria, que está escrito a mano y con tinta azul, argumenta a lo largo de tres páginas esta demanda en base a la riqueza cultural e histórica de la villa. Apenas nueve años antes de esta aspiración municipal, Betancuria había sido declarada Conjunto Histórico Artístico, aunque ha tenido que esperar hasta este año para su catalogación como Bien de Interés Cultural (BIC), en la categoría de monumento.

En la defensa de la solicitud ante la Unesco, el Ayuntamiento de «la pequeña Betancuria» -tenía 598 habitantes en 1988- argumenta que guarda «la historia y el arte de más importancia de las islas», que fue capital de la Maxorata hasta principios del siglo XIX y su iglesia «catedral en la efímera Diócesis de Fuerteventura». El acuerdo plenario alude a que la villa tuvo dos castillos, de Ricoroque y Valtarajal; a la iglesia de Santa María y al convento de San Buenaventura, el primero franciscano de Canarias, no olvidándose de mentar a sus dos monjes más famosos: San Diego de Alcalá y fray Juan de San Torcaz, «de quienes hay recuerdos indelebles».

Cuando Betancuria quiso ser Patrimonio de la Humanidad

El Ayuntamiento también trae a colación la descripción del historiador y arqueólogo Sebastián Jiménez Sánchez realizó en 1929: «Betancuria es un pueblo de quietismo y estancamiento: en nada ha variado su fisonomía de pasados siglos». Alude así mismo al informe de Información y Turismo de 1967 que afirmaba que la villa se iba convirtiendo «en uno de los lugares más visitados de la isla, hasta el punto de que de cero visitantes en 1964 se pasó a 3.000 en el 66» y en 1988 en unas 80.000 anuales.

Sin debate ni gloria

El último argumento del Ayuntamiento para optar al reconocimiento de la Unesco es la catalogación como Conjunto Histórico Artístico. «... podría seguir con historias y monumentos, pero me paro en la piedra angular y básica» en referencia a la citada catalogación de 1978, para añadir que «sólo falta la declaración de Patrimonio de la Humanidad».

Del Consistorio, la solicitud pasó al Cabildo que fue secundada por el Cabildo de Fuerteventura sin debate ni gloria, de hecho en las actas del pleno del 27 de mayo de 1988 sólo se le dedican seis líneas que confirman la adhesión insular a las aspiraciones de Betancuria.

Torres: “Betancuria se adelantó al resto de Canarias”

Del pleno en la primera institución majorera, presidido entonces por José Juan Herrera Velázquez, la aspiración de Betancuria pasó al Parlamento de Canarias bajo la defensa de Domingo Fuentes que aún se acuerda de aquel debate. «No lo he olvidado, pero acabó con el rechazo del Parlamento de Canarias alegando que, a pesar de su importancia histórica, no reunía los requisitos suficientes para optar a l Unesco». Y aquí acabó la pretensión majorera que Carmelo Torres, doctor en Historia, recordó esta semana en radio Sintonía «Betancuria se adelantó a su época y al resto de Canarias, pero no prosperó».