En la costa de Arinaga (Gran Canaria) se acumula medio centenar de pateras de los últimos meses. / EFE

La llegada de pateras se reduce por primera vez tras recuperar las relaciones con Rabat

Las cifras siguen por encima de las de 2021 con el delicado contexto del Sahel de telón de fondo, que prevé agravar el fenómeno

Ingrid Ortiz Viera
INGRID ORTIZ VIERA Las Palmas de Gran Canaria

Junio ha experimentado el primer gran bajón en la cifra acumulada de pateras que han llegado a Canarias este año. Si desde principios de 2022 el porcentaje se había mantenido por encima del doble con respecto a 2021, el descenso del último mes lo ha reducido a un 25%, según los datos del Ministerio de Interior.

En esos treinta días, las islas han recibido 473 africanos. Un total de 8.741 en lo que va de año a bordo de 193 embarcaciones, a las que habría que sumar las cinco que han sido rescatadas en julio, con unas 255 personas.

No es, sin embargo, el dato más bajo del año: ya en marzo, la llegada de 375 contrastaba con las más de 5.000 registradas entre los dos meses anteriores, aunque en términos globales seguía suponiendo un 70% más que en el mismo periodo en 2021.

Comparado con el año pasado también se observan cierta similitudes que sostienen una tendencia cíclica. El mes con menos llegadas fue febrero (264) y si bien los siguientes se mantuvieron con una media de un millar de personas, en julio volvió a haber otro descenso (579), justo antes de una nueva ola de pateras en la que se empezaron a rescatar unas 3.000 personas al mes.

En lo que respecta a los datos más recientes, para la Policía Nacional está jugando un papel fundamental la mayor presencia de patrulleras en las costas marroquíes, pactadas en la última reunión bilateral sobre inmigración. Ven un mayor control de las salidas desde el norte y atribuyen el repunte de abril y mayo a un intento de salir del país antes de que se produjera ese refuerzo.

«Si no fuera por el trabajo de control policial en origen, se estaría hablando de números totalmente exponenciales», señalaba el jefe superior del cuerpo en Canarias, Rafael Martínez, en declaraciones a medios.

DOS APUNTES

  • Comparativa. El año pasado, el mes de julio también experimentó un descenso en las llegadas previo a una nueva ola en la que se empezaron a rescatar una media de 3.000 personas al mes.

  • Fronteras. Las autoridades marroquíes ya habían pactado con España un mayor control de fronteras al que ahora se suma el conjunto de la UE, pero persiste la amenaza de tráfico de personas.

Es la misma apuesta de la UE, que el viernes renovó los acuerdos con Marruecos para luchar contra el tráfico de personas, principalmente con el apoyo a la gestión de fronteras y el refuerzo policial, incluyendo investigaciones conjuntas, aunque no precisaron si habría un incremento de las ayudas económicas.

El ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska, elogió en ese mismo encuentro -acompañado por la comisaria europea Ylva Johansson, el papel de Rabat en la contención de la inmigración.

A pesar de ello, la relación entre una mayor presencia policial y la bajada de la inmigración no es necesariamente proporcional desde el punto de vista de las ONG, que insisten en que hay otros factores que podrían hacer variar los flujos. De hecho, el propio presidente canario, Ángel Víctor Torres, ha reconocido que l a inmigración«se agravará» inevitablemente como consecuencia de la hambruna, el cambio climático y los conflictos armados.

Un nuevo marco internacional

Más allá del balance de cifras, el 2022 se enmarca en un nuevo contexto geopolítico donde Canarias, Ceuta y Melilla vuelven a estar en pleno centro. Por un lado, el giro de Pedro Sánchez respecto al Sáhara –que ha reactivado las relaciones con Rabat– ha servido al ministro de Exteriores, José Manuel Albares, para presumir de un mayor control del fenómeno migratorio.

Sin embargo, esa decisión unilateral también ha desestabilizado los esfuerzos diplomáticos de las últimas décadas para una concluir el proceso de descolonización del exterritorio español.

En concreto, NC ha sido la más crítica con esa postura y temen, además, que haya nuevas presiones por parte de las mafias en medio de la negociación de las aguas y los acuerdos de pesca.

Por otro lado, el delicado contexto en la zona del Sahel se cocina en los cuatro fogones de la nueva política de bloques: los efectos del expansionismo de Rusia; los intereses económicos de China; las reclamaciones de EE.UU para obtener mayor presencia y el refuerzo del flanco sur por parte del norte europeo para frenar más «ataques».

El último asalto masivo a la valla de Melilla sigue esta línea de puntos de forma sangrienta. Pero la fuerte represión de las autoridades marroquíes –que causaron al menos 58 víctimas, entre muertos y desaparecidos– no solo ha avivado el debate sobre si los mecanismos de control y externalización de fronteras son los más adecuados. También ha suscitado la apertura de una investigación por parte de la ONU para esclarecer lo sucedido.

Sobre si la polémica interferirá en la relación con Rabat, el Gobierno canario se ha limitado a respaldar la «legitimidad» de la comisión de investigación. «Son imágenes que no podemos obviar –ha manifestado Torres–. Lo que tenemos que hacer es activar todos los mecanismos de la diplomacia y de la cooperación».