El juez Salvador Alba, desarmado en la vista por sus propios testigos

08/07/2019

El efecto sorpresa anunciado por la defensa del encausado al inicio del juicio, la teoría de la conspiración avalada por el testimonio de Héctor de Armas, queda diluido tras una comparecencia llena de imprecisiones.

iván suárez (ahora plus) las palmas de gran canaria

Sentados bajo la enorme vidriera que preside una de las paredes del claustro del Palacio de Justicia de Las Palmas de Gran Canaria, separados por un metro de distancia, con poses calcadas, las manos entrelazadas sobre sus propios regazos, los torsos ligeramente arqueados hacia delante, los semblantes serios, las miradas fijas en un punto y silencio absoluto. En los pasillos de las dependencias judiciales los medios gráficos no pueden captar imágenes para preservar los derechos a la intimidad, el honor y la propia imagen de quienes transitan por ellos, pero esa estampa de la que no puede haber constancia más que en la memoria y que tiene como protagonistas a Salvador Alba y a uno de sus abogados, Pedro Ayala, es, probablemente, de las más descriptivas de cuantas se hayan podido registrar a lo largo de las tres primeras e intensas jornadas de la vista oral contra el magistrado, acusado de cinco delitos (prevaricación judicial, negociaciones prohibidas a funcionarios públicos, falsedad en documento oficial, cohecho y revelación de secretos) por pactar una declaración con el empresario Miguel Ángel Ramírez para perjudicar la carrera de la jueza Victoria Rosell, actual diputada de Podemos en el Congreso.

El momento de esa instantánea mental es clave. Se produjo en un receso de la tercera sesión, celebrada el miércoles, tras la declaración del empresario Héctor de Armas, propietario de Seguridad Integral Canaria (SIC), quien fuera mano derecha en esta sociedad de Ramírez, con quien ahora está enemistado. De Armas era el as que tenía Alba guardado en la manga para esta vista, el testigo al que las acusaciones habían renunciado y que se había reconvertido, en virtud de una carta, en testimonio esencial de la defensa para dar un vuelco de 180 grados al curso de los acontecimientos y erigir al magistrado en víctima de un chantaje auspiciado por Ramírez con la connivencia de la propia Rosell y de su pareja, el periodista Carlos Sosa.

El efecto sorpresa y la expectación que había generado el suspendido magistrado con ese anuncio en la sesión inaugural, que ya había barruntado en sus frecuentes intervenciones radiofónicas, se fue diluyendo como un azucarillo a medida que avanzaba un interrogatorio que se extendió por espacio de una hora y media. Un revés para la estrategia de defensa, que tampoco encontró razones para el optimismo, sino más bien todo lo contrario. en el otro testigo propuesto, el magistrado Emilio Moya, presidente de la Audiencia Provincial de Las Palmas. Tras renunciar durante su comparecencia a responder a las preguntas de la acusación particular (Rosell) y de las populares (Sosa y Podemos), la situación del magistrado parece quedar a expensas de lo que puedan deparar las periciales previstas para la próxima semana.

El abogado de Salvador Alba, Pedro Ayala, necesitó 40 minutos y cerca de 80 preguntas para tratar de acreditar con el testigo De Armas dos de sus principales tesis: que la grabación del encuentro entre su cliente y Ramírez está manipulada y que existe un contubernio entre el anterior dueño de SIC, Rosell y Sosa en relación con el procedimiento 644/2014, en el que primero la jueza y después Alba investigaron al empresario por delitos fiscales. Siga leyendo aquí

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