Agustín Millares Sall: Cien años con sus poemas de urgencia

«El poeta es el grito que libera la tierra / la primera montaña que divisa la aurora / la campana que toca la canción de la hora / el primer corazón que lastima la guerra». Fíjese bien en estos pocos versos, en la fe que deposita el poeta en el poder de la palabra para defender la libertad y sembrar la esperanza en un mundo tenebroso plagado de peligros. Quizá, si los lee con atención, podrá identificar en una futura ocasión a su autor: Agustín Millares Sall.

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

«Su voz poética es muy personal, muy suya. Cuando se lee un poema de Agustín, se sabe que es de Agustín», señala el crítico literario Jorge Rodríguez Padrón, uno de los principales expertos en la obra del poeta nacido en una casa ubicada junto a la Peña de los Perros, en Las Canteras.

Rodríguez Padrón, flamante hijo predilecto de la capital grancanaria, asegura que la obra de Agustín Millares Sall ha sido reconocida. «Lo que sucede es que el tiempo pasa para todos y parece que se ha quedado lejos, pero la presencia de Agustín es capital, no solo en Canarias, sino en la poesía de ese momento en España. En la literatura hay mucha amnesia, no solo con él, sino con mucha gente más», comenta el ensayista que conserva intacto su acento canario a pesar de que hace 32 años que vive en la capital del Reino.

Uno de estos olvidados es el ensayista y editor Juan Manuel Trujillo. «Fue el que los puso a todos en marcha gracias a su actividad editorial y las colecciones que impulsó», apuntó el crítico acerca del activista literario que desarrolló su labor en unos momentos muy difíciles. «La literatura salió en defensa de lo que hoy se llama la libertad de expresión. Hoy no tiene mucho mérito, porque cualquier periódico o persona puede opinar libremente. Pero en ese momento, la literatura vino a suplir esa falta de libertad de expresión», comenta acerca del papel del autor grancanario, vinculado al resto de los poetas sociales españoles.

En opinión de Rodríguez Padrón, a pesar de la crisis de valores que atraviesa la sociedad, la poesía de Agustín Millares Sall, precisamente por su compromiso ético, está muy alejada de las tendencias poéticas actuales. «En el sentido contrario de lo que cabría esperar, ahora nadie hace caso a esas cosas. La actitud social es la de siempre. La gente busca expresar libremente lo que piensa, pero creo que la literatura está siendo demasiado frívola y la poesía, mucho más. Diría que es hasta infantil y que no está tocando los valores que se requieren o se exigen a la poesía y a la literatura en general», se queja este profundo conocedor de la tradición literaria de Canarias.

Juan Jesús Páez tampoco es mucho más optimista sobre el eco de la voz del poeta en nuestros días. El profesor de Literatura española contemporánea en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria opina que «el tiempo se lo lleva todo», incluida la feroz defensa de la libertad que ejerció Agustín Millares Sall. «Evidentemente la gente joven no está por Agustín ni por la poesía social, ni siquiera por la poesía», se queja Páez, cuya tesis doctoral quedó reflejada en el libro Agustín Millares Sall: la obra comprometida, que obtuvo en 1992 el Premio Viera y Clavijo de investigación en el ámbito literario.

Su estudio abarca el primer periodo de la trayectoria del escritor, más volcada en la poesía social, y lo retrata como un hombre de su época. «Es una radiografía de lo que vivió», dice Páez que cerró su estudio cronológico con los libros Segunda enseñanza (1974) y Función al aire libre (1975), «donde empieza a practicar otro tiempo de poesía donde prima el surrealismo y otros tipos de contenido, con una forma más lúdica. A partir de ahí, está todo por estudiar», subraya el investigador.

Esta nueva etapa es quizá la más desconocida del autor, eclipsado por la etiqueta de poeta social. «Después de Segunda enseñanza, Agustín cambia, sin olvidar el compromiso sociopolítico, y entra en una poesía lírica y personal de una grandísima calidad también», comenta Nicolás Guerra Aguiar, autor del estudio preliminar de la reedición de 2012 de Antología Cercada (1947. Colección El Arca), la primera manifestación de la poesía social española de posguerra en la que Agustín Millares Sall participó junto a Ventura Doreste, Ángel Johan, José María Millares y Pedro Lezcano.

En opinión de Aguiar, su poesía social mantiene viva su frescura porque, sobre todo, su compromiso es más social que político. «Hay poemas que pertenecen a un tiempo concreto y determinado, a vivencias personales del propio poeta, pero el mensaje que dejó en Antología cercada, por ejemplo, sigue estando vigente. Es un hombre que pide la libertad, la paz, el entendimiento y martillea contra la injusticia, sin entrar en si se refiere a España, Laos, Vietnam o Camboya. Da una visión universal de las cosas», asegura el Catedrático de Lengua Española y Literatura que reclama una mayor presencia de Agustín Millares Sall en las aulas canarias.

«Cuando empecé a trabajar lo invitaba, al igual que a Pedro (Lezcano) y a José María (Millares Sall), a ir al instituto conmigo, al de Gáldar y al Pérez Galdós, y recuerdo el gran impacto emocional que causaban en los alumnos de Bachillerato. Se los metían en el bolsillo a los cinco minutos. Tenían un exquisito dominio de la teatralización para recitar», recuerda de sus inicios en la docencia.

Sin embargo, Guerra Aguiar lamenta que la obra de Agustín Millares Sall sea conocida por ciertas personas y no «por ingentes masas. Agustín necesita una puesta al día en las aulas», al igual que otros autores canarios.

De hecho, recuerda que fue en un centro escolar donde los cuatro autores de Antología cercada recibieron su primer homenaje en 1982. «Estuvieron los cuatro. Recitaron e impactaron gratamente en los alumnos. Los chicos les pedían que siguieran recitando», rememora el experto.

Quizá su centenario, que se cumplirá el próximo viernes, sea una buena excusa para volverlo a acercar a los más jóvenes o para reeditar alguna de sus obras, como reclama Jesús Páez. Por lo pronto, el Cabildo de Gran Canaria prepara una serie de actos para conmemorar la efeméride en otoño. Hay tiempo para celebrar su singular voz poética, sobre todo, porque es eterna.

Musical, existencialista y siempre comprometido.

Se queja Jorge Rodríguez Padrón de que la singularidad de las voces poéticas escasean en este mundo homogéneo. «Aunque un poeta diga cosas importantes o bonitas, si no reconozco detrás a una persona, no es nada. Eso es lo que define a Agustín: su originalidad y su singularidad. Es una persona que vive y siente lo que cuenta», indica.

Por su lado, Jesús Páez afirma que la poesía de Millares es muy rítmica y musical. Asegura que, en determinado momento, su poesía social fue denostada porque se entendió que tenía más calidad ética que poética, sin embargo, «mucha de su poesía tiene ambos valores». Algo evidente, según Páez, en los versos rescatados en el libro Más lejos que yo amargo, que incluye poesía amorosa y existencial. Además, abunda el experto, después de 1975 usa «técnicas e imágenes que le vinculan al surrealismo».

Por su lado, el poeta Eugenio Padorno dice que parte de su obra es testimonial y a la vez existencial, porque recoge «el pensamiento y su perspectiva ante la realidad». En cuanto a su estética, señala que arranca desde el surrealismo con La estrella y el corazón (1949).

Para Rodríguez Padrón, el «Agustín en estado puro» se puede apreciar en su antología Poesía unánime (1944-1966). También recomienda Función al aire libre (1975) y Segunda enseñanza (1974), obras que marcaron su cambio hacia una poesía más lúdica y estética.

Apuntes biográficos.

Agustín Millares Sall (1917-1989) nació en una familia de creadores. Heredó su amor hacia las letras de su padre, el poeta Juan Millares Carló. También sus hermanos cultivaron la creación. Así, las artes plásticas anidaron en Eduardo, Jane y Manolo Millares; la escritura, en el poeta José María Millares Sall; y la música, en el timplista Totoyo Millares. Con 14 años publicó el poema El barco muerto en La voz obrera y, tres años después, en 1932, inició su militancia política. Las Canteras fue el escenario de su infancia y su adolescencia transcurrió en el Instituto Pérez Galdós, donde tuvo como maestro al escritor Agustín Espinosa. El estallido de la Guerra Civil le impidió cursar los estudios de Filosofía y Letras. Después de ser detenido en agosto de 1936 y tras una breve estancia en el Campo de Concentración de La Isleta, fue desterrado a Lanzarote. A finales de 1937 fue movilizado en la Quinta del 38. Una vez retornado a Canarias, trabajó en Transmediterránea. En 1944, con el apoyo de Juan Manuel Trujillo, publica su primer poemario, Sueño a la deriva. En 1949 se casa con Magdalena Cantero y junto a sus hermanos Manolo y José María funda la colección Planas de poesía. En 1950 fue encarcelado y procesado por publicar un homenaje a Cirilo Benítez. Publicó cerca de 30 títulos y en 1985 le concedieron el Premio Canarias de Literatura.