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Toni Servillo en 'La gran belleza'. / RC

Buscando la belleza

Dos películas de Sorrentino y Visconti comparten un mismo afán

Boquerini .
BOQUERINI .

He aquí dos joyas de las plataformas que, aunque a primera vista parecen que no tienen nada que ver, casan muy bien: ambas son películas que buscan algo tan intangible como la belleza. Son 'La gran belleza', de Paolo Sorrentino y 'Muerte en Venecia', de Luchino Visconti. Ambas italianas, ¿de dónde si no?

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'La gran belleza'

Roma, un verano en todo su esplendor. Los turistas acuden en masa a la colina Janículo: un visitante japonés se desvanece al observar tanta belleza. Jep Gambardella (Toni Servillo) es un hombre atractivo y seductor irresistible, que te hace ignorar sus primeros signos de envejecimiento. Jep disfruta al máximo de la vida social de la ciudad. Asiste a cenas y fiestas chic, donde su ingenio y deliciosa compañía son siempre bienvenidos. Periodista de éxito y seductor innato, escribió una novela de juventud con la que consiguió un premio literario y su reputación de escritor frustrado. Esconde su desencanto tras una actitud cínica que le lleva a ver el mundo con cierta lucidez amarga. En la terraza de su apartamento en Roma, con vistas al Coliseo, organiza fiestas donde «el aparato humano» –título de su famosa novela– se muestra en toda su desnudez mientras se desarrolla la gran «comedia de la nada». Cansado de su estilo de vida, Jep sueña con volver a escribir, aferrándose a las memorias de un joven amor en el que sigue anclado, en una ciudad cuya belleza, a veces, lleva a la parálisis.

Paolo Sorrentino ('Il Divo') firma un retrato despiadado de la esperpéntica y decadente jet set romana vista a través de un escritor de vuelta de todo, de mirada empapada en gin tonic, que nada entre palacetes y villas donde pululan ricachonas con exceso de botox, trepas, artistas de pacotilla, políticos en horas bajas, criminales de cuello blanco y monjas, una repulsiva y vacua pandilla con la espléndida belleza de Roma de fondo. Una Roma sublimada, el retrato sin condescendencia de una burguesía italiana carcomida por el aburrimiento. Protagonizada por Toni Servillo, actor de cabecera de Sorrentino, la película cuenta también con las presencias de Carlo Verdone, Sabrina Ferillo y Carlo Buccirosso.

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'Muerte en Venecia'

Ambientada en los inicios del siglo XX, tras sufrir una crisis creativa, el compositor alemán Gustav Von Aschenbach (Dirk Bogarde) llega al Lido de Venecia para pasar una temporada de vacaciones en solitario, con el fin, no sólo de reflexionar, sino también de dar descanso a un cuerpo extenuado y enfermo. En el Hotel Des Bains llama su atención una familia de turistas polacos, especialmente el joven Tadzio (Björn Andresen), un bellísimo adolescente por el que siente una súbita e intensa atracción. Gustav seguirá al joven con la mirada, tanto en el hotel como en la playa y su visión aviva su deseo de volver a componer, que últimamente había perdido. Turbado por esta repentina pasión, el músico decide marcharse, pero un error con el equipaje le obliga a regresar. Persiguiendo al chico por las callejuelas de Venecia, Aschenbach descubre que la ciudad está afectada por una epidemia de cólera, aunque las autoridades la ocultan para no perjudicar al turismo. A pesar del peligro decide permanecer en la ciudad y no avisar a la madre de Tadzio (Silvana Mangano) para seguir disfrutando de la contemplación del muchacho. Se siente devorado por pensamientos contradictorios que reflejan su propia contradicción entre sus principios morales y la pasión que el joven ha desatado en él. Se tiñe el pelo, intentando desesperadamente llamar su atención, y en esta lucha cae víctima de la fiebre, que le atormenta mientras deambula por las calles y plazas venecianas.

Una de las grandes obras maestras de Luchino Visconti, que adapta la obra homónima de Thomas Mann para volver a tratar el tema de la búsqueda de la belleza (siempre inalcanzable como se muerta en ese hermoso plano final con el joven Tadzio señalando el horizonte) y la decadencia social. El cineasta italiano encontró en esta historia un marco perfecto para continuar con su estudio del ser humano a través de sus pasiones y debilidades, haciendo al tiempo un retrato delicado de la Europa de principios del siglo XX. A destacar igualmente la genial interpretación de Dirk Bogarde y la banda sonora con las sinfonías 3ª y 5ª de Gustav Mahler.