Voces, palabras

Hoy presidente, ayer jefe de la oposición

29/12/2018

Doña Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno, distingue dos personalidades bien diferenciadas en el señor Sánchez Pérez-Castejón, jefe todo él del Gobierno español y angustia existencial para los señores Casado y Rivera.

Una es la del mortal Pedro, condición que mantiene desde el 29 de febrero de 1972 (por tanto, cumple años cada cuatrienio) hasta el 2 de junio (2018), cuando la del alba le anuncia que ese día será elegido presidente del Gobierno. (Toma de posesión, por cierto, con el emputamiento de muchos barones psocialistas previamente opuestos a su continuidad como secretario general del PSOE y, poco después, pletóricos tras su retirada... aunque retorna entre claros clarines, falsos augurios inquisitoriales y cortejo de nuevos paladines. La princesa mora estuvo a punto de entregar Sevilla, tal fue su desarreto.)

La segunda caracterización individual llega la tarde de aquel día rompedor de tradiciones: por primera vez desde 1979 un presidente –el señor Rajoy- es destituido por el Congreso. Ya, como la libélula vaga, el nuevo presidente se metamorfosea: escapa a la condición humana, sobrenaturaliza su yo, es celestial, casi inmaterial... O al menos así empieza a creerlo la señora Calvo, traductora de mensajes jeroglificados procedentes de galaxias situadas a más de diez mil millones de años luz.

Tal como el telescopio espacial Kepler «ha permitido descubrir miles de otros mundos en la Vía Láctea» (muyinteresante), la señora vicepresidenta descubre la prodigiosa capacidad del jefe para hacer única verdad de dos afirmaciones opuestas. Analizadas la luz estelar y la composición molecular de los exoplanetas, llega a la conclusión de que cuando habla como presidente puede invalidar lo afirmado en su fase humana. Viene a ser algo así como la confirmación, sacramento de la Iglesia católica que «imprime carácter».

Lo cual -dicho sea de paso- tampoco es original por dos razones, pero marca tendencias siderales entre psocialistas. Así la señora Pajín, exsecretaria de Organización del PSOE, pronosticó años ha revolucionarios tsunamis que significarían «una esperanza para muchos seres humanos» pues se aproximaba «un acontecimiento histórico para el planeta»: la coincidencia del señor Obama en la presidencia de EE UU y la correspondiente europea del señor Rodríguez Zapatero. (Habrá que esperar al dictamen de la Historia sobre sus efectos, pero sí fue universal perplejidad que la señora Pajín fuera nombrada, poco después, ministra de Sanidad. ¡Dios ampara la inocencia! Y sanacadas adultas, mismamente.)

Dos: nada que reprochar a las señoras Calvo y Pajín -españolísimas patriotas- pues cumplen con su destino romántico, sino, acaso o hado. Además, la vocación de adivinas y hechiceras es tradición literaria española: la «vieja puta» Celestina (siglo XV), por ejemplo, durante el acto tercero conjura a Plutón (señor de la profundidad infernal) para dominar la mente de Melibea y entregársela a Calixto, cliente impactado por la textura física de la joven virgen... y el incontrolado desarreto.

¿Qué había sucedido para la identificación de dos personalidades? En su condición de ciudadano Pedro Sánchez, ajeno aún a la presidencia del Gobierno que por mayo de este año mantenía el señor Rajoy, era el jefe de la oposición. Y como tal fue invitado a una entrevista (Antena3). Opinó sobre los acontecimientos sucedidos en el Parlamento catalán los días 6 y 7 de septiembre de 2017: allí, y en horas cuarentaiocho, se habían debatido y aprobado algunas leyes.

Una de ellas concretaba la convocatoria del referéndum sobre la independencia, fecha fijada para el 1 de octubre. El señor Sánchez habló largo y tendido. Y dijo, por ejemplo: «Creo que clarísimamente ha habido un delito de rebelión»; «Lo que estamos viendo es que hay responsables públicos al frente de instituciones que lo que hacen es plantear la subversión del orden constitucional».

Tal reflexión satisfizo y pletorizó a mandarines del PSOE ajenos a las sibilinas tácticas del señor Sánchez con vistas al voto de censura preparado para el momento más oportuno. El hombre no quería enfrentarse por el momento a los feudales psocialistas, pues recordaba la conspiración y asesinato de César a manos de senadores y su hijo Brutus (Tu quoque, Brutus, fili mihi?, ‘¿También tú, Bruto, hijo mío?’).

Pero ya en octubre es presidente. Por tanto, como no hubo armas o ejércitos por medio no puede hablarse de rebelión. Con anterioridad la señora Calvo lo había manifestado: «El presidente del Gobierno nunca ha dicho que haya un delito de rebelión en Cataluña». Un periodista le recuerda que sí, que lo dijo meses atrás. Y es cuando se produce el impacto del cambio: «Por entonces –responde la vicepresidenta- no era presidente del Gobierno» sino mortal Pedro Sánchez. Dos personas en una. La segunda, la sobrehumana, no es responsable de lo que diga la primera. (Por cierto: ¿por qué ya no lo censuran Ciudadanos y PP sobre el tema de los inmigrantes?)

Además, a ver quién es el guapo que contradice al señor Sánchez, amparado hoy por mortales artilugios «que se cargan por la culata» (al decir de Pérez Galdós), divisiones acorazadas, amplísimo despliegue aéreo y dominio de los mares. Porque meses atrás las fuerzas leales a él asaltaron el Parlamento y acallaron voces malignas, comunistas, independentistas... a la búsqueda de la esencia patria. Tal rebelión puede deducirse del empeño de Ciudadanos y PP: «No fue elegido por las urnas». Por tanto, usurpa el poder. (Pero olvidan la Constitución.)

Hoy, convertido en Facundo, Tirano Banderas, El general en su laberinto, La fiesta del chivo, El señor Presidente, Yo el Supremo... (a fin de cuentas los golpes de Estado y las dictaduras militares son esencia patria española también exportada a las colonias americanas), descansa en Lanzarote (¿les cuesta dinero a los escoltas, guardias civiles?). Allí acaso se disculpará por su displicencia durante la última visita a la isla y quizás rogará la presencia del señor Clavijo: se mantiene la masificación en los centros de menores, «personas humanas».

No sé si es pasional la conclusión de la señora vicepresidenta. Pero el hombre aguanta. Y maneja la comunicación internacional con absoluta superioridad sobre míster Rajoy.’