Desde mi sofá

El festival Medusa

El cambio climático es un hecho y los fenómenos atmosféricos inesperados y salvajes han dejado de ser algo muy puntual y extraño.

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO

El verano es territorio abonado para que se organicen festivales de música de todo tipo y de cualquier género. Muchos son multitudinarios y sus seguidores los esperan repletos de ganas e ilusión. Las entradas, en muchos casos, las han adquirido con mucha antelación y la asistencia a los mismos incluye el desplazamiento a otra provincia y en algunas ocasiones a otro país.

En la noche del viernes al sábado, el Festival Medusa, en la localidad valenciana de Cullera, pasó de ser una cita festiva a convertirse en una tragedia, con un fallecido, varios hospitalizados y muchos heridos.

La causa fue un inesperado vendaval de aire caliente que hizo saltar por los aires varias de las infraestructuras. La Policía investiga las causas para determinar si la organización cumplió con el plan de seguridad previsto y si todo estaba o no en regla.

Al margen de lo que determine la investigación, el Medusa sirve como ejemplo de una nueva realidad que debe marcar el paso de los futuros festivales. El cambio climático es un hecho y los fenómenos atmosféricos inesperados y salvajes han dejado de ser algo muy puntual y extraño. Por tanto, las medidas de prevención deben adaptarse y las infraestructuras temporales de este tipo de eventos deben estar acondicionadas para resistir cualquier tipo de vendaval, lluvia torrencial, calima salvaje, granizo como huevos, rayos y truenos. Los que se tiraron las manos a la cabeza cuando el Ayuntamiento de San Miguel de Abona, en Tenerife, decidió no dar autorización en julio al Reggaeton Beach Festival, igual ahora ya son conscientes de la importancia de que estos macrofestivales sean híper seguros.