A cara descubierta

El control horario, vaya chapuza

17/05/2019

Silvia Fernández

El domingo arrancó la obligación del control horario en todas las empresas del país -grandes, pequeñas e incluso, los autónomos con asalariados a su cargo- y cinco días después mi conclusión es la misma que antes de que se pusiera en marcha: vaya chapuza.

El objetivo que llevó al Gobierno de Pedro Sánchez a impulsar la medida me parece totalmente loable, intentar acabar con el fraude de la jornada parcial, utilizada por muchos empleadores como excusa para imponer luego jornadas del doble de horas, y obligar al pago de las horas extraordinarias que muchos trabajadores realizan cada semana sin recibir un solo euro de retribución.

La Encuesta de Población Activa estima que el 5% de los trabajadores españoles realiza horas extraordinarias y la mitad ni se pagan ni se cotiza por ellas. Esto obliga, sin duda, a acabar con un abuso que además es competencia desleal entre empresas, ya que hay quien sí cumple y retribuye a los empleados por sus horas efectivas de trabajo. Sin embargo, la fórmula del control horario no es la solución. En mi opinión, aquellas empresas que no cumplen con la ley y tienen a sus trabajadores en situaciones fraudulentas, seguirán haciéndolo a pesar de la firma o el sello digital a la entrada y salida del puesto de trabajo.

Es tan sencillo como decirle a los empleados que firmen a determinada hora y después se queden haciendo dos horas más de trabajo. Al empresario abusador no le detiene ni nada ni nadie. Y a los hechos me remito: el control horario en las empresas que tienen jornadas parciales ya existía y sin embargo, no ha logrado reducirse este fraude.

Solo la Inspección es capaz de acabar con este tipo de prácticas y con un centenar de personas, entre inspectores y subinspectores, en el caso de Canarias es muy difícil controlar a todo el tejido productivo de las islas, integrado por cerca de 150.000 empresas. No se pueden aprobar medidas y luego no dotar del personal necesario para hacerlas cumplir. Y tampoco se puede lanzar una medida de estas características, dar solo dos meses para implantarla y no aclarar antes todos los aspectos: ¿deben fichar los directivos? ¿el tiempo de desplazamiento computa como jornada laboral? ¿y el momento del café y del cigarro?...

Al margen de todo esto está el debate de si la medida de control horario es apropiada en un momento en el que existen modalidades laborales tan amplias como el teletrabajo y entornos diversos que tratan de favorecer la flexibilidad. Esto es una vuelta al viejo modelo en el que el buen trabajador es el que está más horas en la oficina y no el que es capaz de producir más en menos tiempo. Insisto, vaya chapuza.