Voces, palabras

Colonias, colonizaciones, Gibraltar, Sájara

09/02/2019

Muchos medios españoles de comunicación se hacen eco de la noticia: ya no será preciso invadir Gibraltar para que el territorio de treinta y dos mil habitantes (añadamos diez mil trabajadores andaluces) forme parte política y administrativa de España... algún día, acaso a años luz visto con riguroso realismo. Porque hay quienes lo sospechan inviable: «Lo suyo es que fuera español -dice un empleado de Acerinox-, pero Gibraltar pertenece ya a los llanitos»; «A ver qué haríamos los miles de españoles que trabajamos aquí, opina una camarera. Mi marido está en paro, imagínate qué haríamos sin mi sueldo»; «Lo de Gibraltar español es muy antiguo. Nunca nos lo van a dar» (elmundo.es).

A pesar de lo anterior, el Gobierno español consigue que la Unión Europea (UE) considere al Peñón como colonia. Y como tal colonia, España y Reino Unido deben buscar una solución «alcanzada bajo la luz de resoluciones y decisiones de la Asamblea General de Naciones Unidas» (texto redactado por el Gobierno español). Y la ONU lo tiene claro: Gibraltar es «territorio no autónomo pendiente de descolonización».

No obstante, debe tenerse en cuenta la locución latina Conditio sino qua non (‘Condición sin la cual no’) en torno al documento sobre visados aplicables a los ciudadanos ingleses (británicos y de «colonias») una vez la UE pase a veintisiete países, pues el riguroso cumplimiento de tal consideración colonial tiene una salvedad: que la salida del Reino Unido (bréxit) se produzca sin acuerdos (además, está sujeta a la aprobación por el Parlamento Europeo). Todo, pues, se asienta sobre supuestos, hipótesis.

Aun así, el éxito del Gobierno español no puede obviarse: por primera vez en la historia de la confrontación diplomática, Europa reconoce la necesaria discusión sobre Gibraltar en el seno de Naciones Unidas y considera colonia británica el Peñón. Pero tampoco echemos las campanas al vuelo: la UE es muy variable. A la vez, recordemos su segundo nombre: Comunidad Económica Europea (1957). Y económica se refiere a operaciones comerciales, es decir, ganancias y beneficios. A fin de cuentas nada nuevo pues un pueblo, el fenicio, ya mercadeaba acaso desde el siglo XII a.C.: unió comercialmente todo el Mediterráneo y estableció puertos desde Oriente hasta Portugal. Por medio, Grecia, Italia, Francia, el Levante y Sur de España (claro ejemplo es la fundación de Gades, la actual Cádiz.)

Si Gibraltar es tierra española o inglesa depende, claro, de quienes analizan la historia pasada y el ya tricentenario Tratado de Utrech (por cierto: impresionante museo en la ciudad holandesa sobre instrumentos de tortura de la Inquisición española y casullas católicas, varias bordadas en oro). Para algunos estudiosos España cedió a los ingleses la ciudad y el puerto, pero no las aguas territoriales. Para otros, todo está rigurosamente incluido. Los llanitos, además, se sienten británicos «toda la vida». Por tal razón justifican que en 2013 las autoridades gibraltareñas arrojaran bloques de hormigón a la bahía para impedir la pesca de barcos españoles.

Un caso muy parecido es el del Sájara, antigua colonia española y zona conocida durante el dominio como África Oriental Española, provincia de El Aaiún. Y esta, como tal, era cierta: los nativos de tropas nómadas que conocí en Smara (1975) portaban Documento Nacional de Identidad español. Por tanto, su nacionalidad era legalmente indiscutible. Más: algunos fueron procuradores en Cortes durante la etapa franquista.

Cuando en 1974 pasaba el correspondiente trimestre del período de instrucción en Hoya Fría (Tenerife), empezó a rumorearse algo desestabilizador: nada más incorporarnos a nuestros definitivos destinos en el Canarias 50 (Las Palmas) formaríamos parte del batallón que reforzaría la presencia militar española en Smara (centro ideológico del independentismo sajarahui, a doscientos cuarenta kilómetros de El Aaiún).

«Cuando en 1974 pasaba el correspondiente trimestre del período de instrucción en Hoya Fría (Tenerife), empezó a rumorearse algo desestabilizador»

Y así pasó: gracias al capitán Corral Bellido no fui en el primer envío (septiembre), pero no escapé del segundo (marzo 1975) con el capitán Morales Gallego y el primer batallón. Allí un soldado galdense de Juncalillo me preguntó: «Paisa, ¿qué carajo hago aquí lejos de mis viejitos?». «No lo sé, le contesté. Pero debes convencer a los sajarahuis de tus buenas intenciones».

Yo era consciente de la mentira: mi condición de cabo de oficinas me mantenía al tanto de rumores y comentarios. Sospeché, pues, que frente a los (legítimos) sabotajes del Polisario debíamos proteger los intereses económicos de la empresa Fos Bucrá y su cinta transportadora de fosfatos, propiedad del Instituto Nacional de Industria... cuyo consejo de administración estaba formado por altísimos cargos del régimen franquista engolosinados con grandes beneficios económicos (la central había sido instalada en Las Palmas, calle Velázquez, casi esquina con Leopardi, a dos pasos de viviendas militares para jefes y oficiales).

«Sospeché, pues, que frente a los (legítimos) sabotajes del Polisario debíamos proteger los intereses económicos de la empresa Fos Bucrá y su cinta transportadora de fosfatos, propiedad del Instituto Nacional de Industria... «

Sin embargo, la maniobra política del Gobierno franquista cambió: la amplia autonomía a los sajarahuis a cambio de paz (y explotación de Fos Bucrá, claro) más un grupo político (PUNS: Partido de Unión Nacional Saharaui) había dado al traste con la esperada muerte de Franco. La anterior estrategia fue sustituida por la miserable venta (¿privada?) del Sájara a Hassán II, monarca marroquí y «hermano» del rey Juan Carlos. Los Acuerdos de Madrid (14.11.75) significaron enriquecimientos, retirada de España tras la marcha verde, drástico final del iniciado proceso de descolonización, inicio de la guerra entre el país invasor y los independentistas de la República Árabe Sajarahui Democrática y la construcción del Muro de seguridad militar marroquí (2720 km) con el apoyo logístico de EE UU.

Esta es la realidad. España exige con todo su derecho la descolonización de Gibraltar. Sin embargo, hoy hace mutis por el foro cuando se le reclama directa intervención para que los sajarahuis obtengan su independencia, ciudadanos españoles a quienes abandonó ante Marruecos.

Por tanto, si España alega que Naciones Unidas (y es cierto) considera a Gibraltar como «territorio pendiente de descolonización», no puede olvidar que el organismo internacional tampoco ha reconocido la soberanía marroquí sobre el Sájara. Así, la reclamación del Peñón implica -a la vez- la descolonización de aquel territorio africano, pues España es país administrador. Pero mucho me temo la inviabilidad de ambas reclamaciones.