Instalación de gas natural en Argelia. / REUTERS

La tensión se traslada al futuro del suministro de gas argelino

España ha reducido a la mitad su dependencia de Argelia tras el inicio de la guerra de Ucrania, aunque confía en que no haya un corte repentino que convulsione el ya de por sí desbocado mercado energético

José María Camarero
JOSÉ MARÍA CAMARERO Madrid

De todas las relaciones comerciales y estratégicas que España tiene con Argelia, la del suministro del gas es el Talón de Aquiles que más daño puede hacer a la economía si el gobierno de Argel opta por tomar medidas drásticas en esta interrupción de las relaciones entre ambos países. El cordón umbilical que une ambos Estados discurre a través de los 210 kilómetros que separan Almería de Beni Saf, por el Mediterráneo. Ahí se ubica el gasoducto Mezgaz, de donde España se abastece en un 23% del gas que consume ahora. Supone la mitad de las importaciones energéticas que tenía hace apenas cinco meses. Pero, en cualquier caso, una interrupción del suministro arrastraría aún más a una economía ya lastrada por los elevados precios energéticos.

El del gas es el verdadero 'botón nuclear' que está en manos de Argel y que puede hacer mucho daño a España. Y eso a pesar de que Estados Unidos se ha consolidado como el primer proveedor de gas en España. Al mismo tiempo, se han incrementado las importaciones desde otros territorios cuya aportación era casi residual hasta hace tres meses, como Nigeria, Egipto o Catar, entre otros. Todo para ir sustituyendo a Argelia. Por si acaso.

En concreto, el gas procedente de Estados Unidos representó en abril un 30,7% de todas las importaciones de este producto, que llega vía metaneros a alguna de las seis plantas regasificadoras en España. De media, en lo que va de año, la economía norteamericana está aportando un tercio del gas que consume España. Hasta hace un año, apenas inyectaba un 20%. Por detrás se encuentran las de Argelia, con un 23,4% del total, una cuantía inferior a lo que representaba habitualmente este socio estratégico energéticamente hablando. Desde Argel llegaba el año pasado hasta un 40% del gas que necesitaba España. Pero el cierre del gasoducto que une ese territorio con Cádiz a través de Marruecos, cerrado desde noviembre de 2021, ha reducido un tercio las importaciones de este proveedor.

El gasoducto Mezgaz tiene una capacidad de 10.500 millones de metros cúbicos al año. Fue el primero construido a ambas orillas del Mediterráneo, y ampliado en 2021 desde los 8.000 millones de metros cúbicos anteriores. Pero el conflicto diplomático entre Argelia y Marruecos, el verano pasado; el de España y Marruecos; y ahora el de Argelia y España, ha mermado la capacidad de recibir gas desde el desierto del Sáhara. El cierre del gasoducto Magreb-Europa (el que discurre desde Marruecos hasta Cádiz por el Estrecho de Gibraltar) ha supuesto la paralización de 9.000 millones de metros cúbicos de gas al año para España.

Se encuentra clausurado desde el pasado 31 de octubre. Entonces, Argelia no tuvo problemas en cortar el paso de su gas vía Marruecos hacia España para ahogar económicamente a su vecino. Ahora, la tensión se palpa. La vicepresidenta y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha expresado su confianza en que la compañía argelina Sonatrach (propietaria a la mitad del Mezgaz junto a la española Naturgy) cumpla con las «obligaciones» que estipulan los contratos de venta de gas que tiene suscritos. Ribera ha reconocido que la ruptura por parte de Argelia del tratado de amistad y su decisión de suspender las relaciones comerciales con España «no es una cosa que nos guste a nadie».

Para Robert Tornabell, exdecano de Esade y profesor de Finanzas Internacionales, «no hay que temer por falta de suministro ni aumento de precios por ello». En su opinión, «Argelia tiene déficit en su balanza de pagos desde hace varios años, por lo que necesita exportar y vender a Europa le viene muy bien para conseguir divisas fuertes». Y añade que «necesitan exportar pero sin perder peso político».

Acudir al arbitraje internacional

Ribera ha apuntado que Argelia tiene «unas obligaciones y confío en que sigan funcionando como lo que son, porque si no, sería un problema más complejo de resolver, no a través de relaciones diplomáticas, sino probablemente de arbitrajes o tribunales», ha precisado, expresando así el temor a una decisión repentina.

En principio, el gas estaría garantizado ya que el contrato que Sonatrach mantiene con Naturgy establece que debería seguir llegando hasta el año 2032 en la misma proporción qeu las cantidades actuales. Otro aspecto es el coste, ya que Naturgy está inmersa en un proceso de negociación de precios para el periodo de 2022 a 2024, con efectos retroactivos, pero los volúmenes no están en discusión.

De hecho, si el Estado argelino decidiera romper de forma unilateral el contrato o las condiciones de compra impuestas imposibilitaran la firma de un acuerdo, el contrato establece que el conflicto se tendría que resolver mediante un arbitraje internacional. Es algo que se recoge incluso en el propio Acuerdo de Amistad, que establece que las dos partes están obligadas a cumplir siempre con la legalidad internacional ante la resolución de posibles conflictos entre ambas.

En Naturgy hay confianza total en que pese a la tensión política y la llamada a consultar de su embajador por parte del Gobierno de Argel, el gas seguirá suministrándose con normalidad, sin ningún tipo de problema.