Belarra se abraza a Montero en un acto el viernes en Zaragoza. / Efe

Belarra coge el timón de Podemos

La segunda generación de líderes morados da hoy un paso adelante en la cuarta Asamblea Ciudadana tras el adiós de Pablo Iglesias

Miguel Ángel Alfonso
MIGUEL ÁNGEL ALFONSO Madrid

Pablo Iglesias certificó durante la noche electoral del 4 de mayo que Podemos no era, por supuesto, el partido destinado a gobernar, pero tampoco la «maquinaria de guerra electoral» que él mismo junto a Íñigo Errejón habían proyectado en enero de 2014. El varapalo, tras una campaña en la que el histórico líder morado se implicó de hoz y coz y que solo sirvió para no perder terreno en la Asamblea de Madrid, demostró que aquél artefacto político que solo siete años antes había roto todos los pronósticos estaba oxidado y que la necesidad de un relevo era notoria. Iglesias precipitó entonces su sucesión, pese a que llevaba meses planificándola como una transición bajo su tutela hasta las siguientes generales. Pero la urgencia por no alargar la situación de interinidad aceleró todo el proceso.

Una segunda generación de líderes da hoy un paso adelante en Podemos, encabezados por la ministra de Derechos Sociales, Ione Belarra, que se convertirá en la secretaria general en la cuarta Asamblea Ciudadana del partido, que se celebra desde ayer en el auditorio Paco de Lucía de Alcorcón (Madrid), y que popularmente se conoce como Vistalegre IV pero bien podría llamarse Alcorcón I.Los retos a los que se enfrentará la nueva cúpula son de todos colores, pero se pueden resumir en superar siete años de hiperliderazgo de Iglesias, adaptarse a una bicefalia inédita, y frenar la sangría de votos que amenaza con condenarlos a la irrelevancia ante la pujanza, al menos en Madrid, de Más País, el partido que lidera Errejón.

Para afrontarlos, el aparato del partido optó por aupar a Belarra, un producto cien por cien Podemos. «Pata negra», la describen algunos de sus colaboradores. La joven navarra, de 33 años y psicóloga de formación (forjó amistad con Irene Montero durante la carrera), se ha criado políticamente en los cuadros morados, a diferencia de sus miembros fundadores, que llegaron principalmente del ámbito universitario, de la madrileña Facultad de Ciencias Políticas de la Complutense.

Su elección, a falta de que sea ratificada hoy por la militancia, no es casual y responde a una operación de cálculo milimétrica de cambio de ciclo. Se busca, por un lado,«feminizar» la dirección del partido y, por otro, reforzar los vínculos con la periferia, descuidados por la procedencia capitalina del núcleo fundador, como el propio Iglesias o la número dos, Irene Montero(descartada por su vinculación con el exlíder morado). Dos cualidades a las que también responde la vicepresidenta tercera, Yolanda Díaz, gallega y sin carné del partido, que completará la nueva bicefalia morada. En su caso, desde dentro del Gobierno, ejerciendo de interlocutora de la coalición UnidasPodemos y sin que haya aceptado todavía el ofrecimiento de convertirse en la candidata para las siguientes elecciones generales.

En el caso de Belarra, ha pasado en solo seis años de ser diputada rasa a ministra, gracias principalmente a la lealtad que ha mostrado hacia Iglesias y a su conocimiento del entramado del partido. En el verano de 2018, durante la baja maternal de Montero, fue la portavoz del grupo parlamentario y comenzó a despuntar. Con el exvicepresidente segundo comparte el tono duro, la convicción de que el PSOE debe atenerse a la literalidad del pacto de coalición y de que debe marcar distancias con los socialistas. De ello ya ha dado muestras esta semana, pidiendo que no se detenga al expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont si decide regresar a España. Desde la portavocía gubernamental le recordaron que el líder independentista «debe ser juzgado».

Belarra ya mantuvo tensos enfrentamientos con la ministra de Defensa, Margarita Robles, a finales de 2020, cuando aún era Secretaria de Estado para la Agenda 2030. En un tuit acusó a la magistrada de ser «la ministra favorita de la ultraderecha» por sus diferencias en asuntos como la monarquía, la calidad democrática de España –que Podemos se empeñó en negar– o la regulación del precio de los alquileres.

La titular de Derechos Sociales, que precisamente sustituyó a Iglesias en el cargo en marzo, ha participado en las negociaciones más duras de la coalición, como los Presupuestos de 2021, que concluyeron con éxito, la prohibición de los desahucios durante el estado de alarma, o la nueva ley de vivienda, que discute con el equipo del ministerio que dirige José Luis Ábalos y que sigue su curso, aún sin avances.

Viabilidad del proyecto

A partir de hoy, deberá demostrar que Podemos es un proyecto viable sin el tirón popular, para bien y para mal, de Iglesias. «Nuestra fuerza política debe dejar atrás la fase protagonizada por el liderazgo y la personalidad de Pablo. Una fase que ha culminado éxitos indiscutibles. Pero a partir de ahora es necesario construir un nuevo Podemos, con un protagonismo más colectivo, cuyo liderazgo sea asumido mayoritariamente por compañeras y que represente una España que es mucho más que Madrid», defiende en el documento político de su candidatura.

Otra urgencias pasan por consolidar el arraigo territorial del partido y las alianzas. También fortalecer su posición en el espectro a la izquierda del PSOE, un espacio competido con escisiones de Podemos, como el caso de Más País, liderado por Errejón, o Adelante Andalucía, encabezada por Teresa Rodríguez. El flanco ecologista lo intentarán cubrir con Alianza Verde, la nueva confluencia liderada por el diputado Juantxo López de Uralde.

Como será su cohabitación con Yolanda Díaz es una incógnita que solo el tiempo despejará. Para algunos son el yin y el yang; para otros, agua y aceite. De momento, buenas palabras y piropos mutuos, pero la política, y más en tiempos de vacas flacas, destapa los demonios personales.