Casado acompañado por Gracía Egea y Martínez Almeida en un acto en Cartagena. / E. P.

Casado no quiere que peligren sus expectativas electorales con otra foto de Colón

El líder del PP acude a la protesta en medio de las dudas internas y sin el parapeto de sus barones moderados

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁN Madrid

El PP prepara con mimo la puesta en escena de Pablo Casado en la concentración de hoy en la plaza de Colón para protestar contra los indultos a los condenados del 'procés'. Pero también con incertidumbre sobre el acierto político de la presencia de su líder en un acto que Vox aspira a capitalizar, y en el que no contará con el abrigo de sus barones moderados.

Lo que iba a ser una protesta para calibrar el tamaño de la respuesta de la oposición al Gobierno lleva camino de ser un pulso entre las fuerzas de la derecha. El PP está sumido en un mar de dudas sobre la conveniencia de que Casado esté en el acto de la plaza madrileña, aunque sea en segundo plano. Un dato que vendría a confirmar ese desasosiego es que el propio líder del PP evitó ayer cualquier referencia a la protesta de Colón durante un acto en Cartagena con alcaldes de su partido. No lo hizo él ni tampoco el secretario general. Nadie llamó a las bases populares a sumarse a la protesta, que hubiera sido lo normal de tener las ideas claras. Otra pista del escaso entusiasmo es que el partido no ha fletado los autobuses que suele contratar para movilizar a los suyos. Todo lo contrario que Vox, que ha tocado a rebato para abarrotar la plaza de Colón.

La protesta convocada por la plataforma Unión 78, cuyas caras más conocidas son Rosa Díez, Fernando Savater y María San Gil, pilló al PP a contrapié. La idea de los populares era impulsar «una revolución silenciosa» con mociones en los 8.000 ayuntamientos del país, iniciativas en los parlamentos autonómicos y una ofensiva en el Congreso. Una respuesta institucional, «no en las calles», que buscaba dividir las filas socialistas, decían en la dirección popular.

Pero el 28 de mayo, Unión 78 convocó la protesta en Colón. El comité de dirección del PP presidido por Casado estaba convocado el 31 de mayo para decidir qué hacer. Poco antes de la reunión, la presidenta de la Comunidad de Madrid anunció su presencia en la concentración. Unas palabras que arrastraron a Casado porque, según fuentes populares, no podía permitir que Isabel Díaz Ayuso detentara la representación del partido. Si el PP respaldaba la protesta, Casado «no podía no ir», máxime después de que los líderes de Vox, Santiago Abascal, y Ciudadanos, Inés Arrimadas, anunciaran su presencia.

El giro centrista

Las reticencias en la dirección popular proceden de la amarga experiencia de la manifestación en la misma plaza de Colón en febrero de 2019 para rechazar las conversaciones entre el Gobierno de Pedro Sánchez y la Generalitat de Cataluña con la intermediación de un relator. En aquella multitudinaria concentración se tomó la icónica foto de Casado, Abascal y Albert Rivera, por entonces líder de la formación naranja. La imagen dio argumentos a la izquierda para alertar de «la amenaza del trifachito» y movilizó a sus votantes en las elecciones celebradas dos meses después. En abril de 2019, el PSOE ganó con 123 diputados, el PP obtuvo los peores resultados de su historia con 66 escaños, Ciudadanos consiguió los mejores, con 57, y Vox entró con potencia en el Congreso con 24 representantes.

Los populares no quieren arriesgarse a repetir la experiencia aunque falten más de dos años para las próximas generales. Y no quieren porque disfrutan del viento de cola de la victoria incontestable en las elecciones de Madrid que ha disparado al partido en todas las encuestas. Casado nunca ha tenido mejores expectativas electorales que ahora, y está convencido de que si el Gobierno indulta a los independentistas catalanes incluso mejorarán.

La dirección del PP trabaja para que el «hasta aquí hemos llegado», que Casado arrojó a Abascal en la fracasada moción de censura de Voz contra Pedro Sánchez, se plasme en hechos y se visualice entre los votantes. Pero el triunfo de Ayuso el pasado 4 de mayo, con un discurso sin ningún guiño a la moderación ni al distanciamiento de la ultraderecha, sembró la inquietud entre los defensores del giro centrista. Compartir hoy una protesta con Abascal, aunque no haya foto de familia, va en la dirección contraria, no facilita el viraje centrista ni estimula a que se acerquen al PP los socialistas desencantados, un nicho al que Casado apela cada vez con más frecuencia.

En el sector de los reticentes están los barones más templados del partido, que no estarán hoy en la plaza de Colón. Alberto Núñez Feijóo, Alfonso Fernández Mañueco y Juanma Moreno, esgrimieron razones de agenda y personales –«ir a las fiestas de Salamanca», alegó el presidente de Castilla y León– para no acudir a un acto del que creen que solo Vox puede obtener réditos políticos. La dirección del PP encajó las deserciones sin aspavientos y subrayó que los tres comparten el motivo de la protesta. Hasta difundieron vídeos con declaraciones de ellos contrarias a los indultos. Feijóo, Mañueco y Moreno hicieron lo que debió hacer Casado, apuntan los críticos con la presencia de su líder en Colón.

Pero no todo son suspicacias dentro del PP. Ayuso defiende ir a la concentración «sin complejos» porque con Vox «nos entendemos en los parlamentos y los gobiernos». En su caso, dijo, no tendría «ningún problema en hacernos ninguna foto con Abascal».

Casado se ha visto así atrapado entre Ayuso y Feijóo. Defiende que quiere «la media» entre ambos, pero esta vez es la presidenta madrileña la que le ha marcado el paso.