Rosas blancas, mascarillas negras

El homenaje a las víctimas de la Covid-19 duró 35 minutos y dejó imágenes para el recuerdo, como la de la Princesa Leonor recordando a su padre que se pusiera la mascarilla

Miguel Ángel Alfonso
MIGUEL ÁNGEL ALFONSO Madrid

No era un día para reproches ni discusiones. Tampoco para lucir colores políticos. Aunque hubo dos que destacaron especialmente en el homenaje de estado a las víctimas del coronavirus celebrado este jueves en el patio de armas del Palacio Real de Madrid: el blanco de las rosas que depositaron los asistentes sobre el pebetero en recuerdo de las víctimas y el negro de las mascarillas de luto. Un elemento de protección que ya se ha convertido parte del vestuario diario y del protocolo en bodas, velatorios y actos oficiales. Esta mañana ambos elementos también representaron la unidad.

El homenaje empezó puntual, a las 9 de la mañana, con las autoridades, representantes de los cuerpos de policía estatales y autonómicos, militares de los tres ejércitos, sanitarios, personal de limpieza y otra serie de profesionales que se mantuvieron en primera línea durante la hora más oscura de la pandemia, sentados en círculo a dos metros de distancia entre sí. El minuto de silencio inicial pesó especialmente y materializó el recuerdo de las personas que han muerto en la pandemia, 28.413 según los datos oficiales, 45.000 si se tienen en cuenta otras estadísiticas. El dato exacto nunca se conocerá, sobre todo porque hasta que no haya vacuna todavía seguirá habiendo ciudadanos que pierdan la vida a causa de la Covid-19. Para ellos también fue el respeto de todos.

Después tomaron la palabra dos personas cuyas identidades no se habían desvelado hasta ese momento. Hernando Calleja, hermano del periodista José María Calleja, fallecido en abril por culpa del coronavirus; y la enfermera supervisora del hospital de la Vall d'Ebron de Barcelona, Aroa López, en representación de esa primera línea del combate contra el virus.

Calleja se arrancó la mascarilla en un gesto de rabia antes de tomar la palabra y con un discurso emotivo acabo emocionando a algunos de los asistentes. Además de a su hermano, puso nombre a las frías cifras que desde hace 164 días aparecen en los informes de Sanidad: «Sara, que tenía 28 años, a José Julián, de Albacete, a Juan María, que era editor, de Consuelo, que era agricultora...». La enfermera lanzó otra losa sobre la conciencia de los espectadores: «Nos hemos tragado las lágrimas cuando nos decían: 'No me dejes morir solo'».

Vídeo. Intervención de Hernando Calleja. / EP

Vídeo. Intervención de Aroa López. / EP

El acto fue contundente, pero también rápido. 35 minutos que dejaron otra de las imágenes para el recuerdo, los allí presentes se desplazaron por parejas para depositar las rosas blancas sobre el pebetero, cuya llama logró mantenerse encendida pese a las rachas de viento que azotaban el desnudo patio real. El expresidente del Gobierno Mariano Rajoy acompañado del presidente de la FEMP, Abel Caballero; El ministro de Ciencia e Innovación, Pedro Duque, junto a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. El líder asturiano Adrián Barbón con una pareja de guardias civiles. El president de la Generalitat, Quim Torra, junto a un familiar de una víctima...

También lucían mascarilla negra los reyes, la princesa Leonor y la infanta Sofía. Felipe VI sólo se la quitó en su intervención para clausurar el acto, y cuando regresó a su asiento la heredera de la Corona tuvo que recordarle que no se la había vuelto a poner, y el Rey la ha recuperó del bolsillo de su chaqueta.

'Runners' y vendedores ambulantes

Fuera de palacio la imagen era algo más caótica. Los periodistas se algolpaban en las zonas asignadas al estilo de la 'antigua' normalidad cada vez que algún político acudía a hacer declaraciones. Unas cincuenta personas con banderas de España proferían «vivas» al Rey, que se tornaron en gritos de «asesino» cuando salió el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias. Quim Torra, al que costaba reconocerlo por llevar mascarilla (como ocurrió con el resto de autoridades), pudo escapar indemne de la ira de los exaltados porque abandonó el recinto justo después que el líder de Unidas Podemos.

Distinto recibimiento tuvo el grupo formado por el líder del PP, Pablo Casado; el flamante presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo, que va a iniciar su cuarto mandato en Galicia tras obtener mayoría absoluta el pasado domingo en las autonómicas; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso; y el alcalde de la capital, José Luis Rodríguez Almeida, que se ha convertido en uno de los pesos fuertes del partido por su comportamiento durante la crisis sanitaria. Todos ellos aprovecharon para saludar -con el codo- y hacerse fotos con los curiosos y personas que estaban contemplando el acto desde fuera.

En medio de la pequeña multitud, dos vendedores ambulantes intentaban que les compraran banderas de España, de forma infructuosa. Los que querían ondearla, ya la habían traído de casa; los turistas (pocos para la época), no entendían si querían regalárselas o había que pagar por ellas; los 'runners' que pasaban sin mirar a sus lados; y también estaba Salvador, un camarero de 62 años que acudió con un tomo de recortes de varios periódicos que ha ido recopilando con noticias de la pandemia. «Mañana añadiré los últimos recortes, con lo que se publique de este acto», explicó a este periódico. En algunos de ellos, él mismo se verá reflejado por fin.