Josep Borrell, alto representante de política exterior de la UE. / E. P./Vídeo: E. P.

Argelia recula ante las presiones de la UE, niega el bloqueo comercial a España y garantiza el gas

La delegación del país africano ante la UE aclara tras la visita de Albares a Bruselas que por ahora mantendrá el 'statu quo' vigente pese a la grave crisis por el Sáhara

OLATZ HERNÁNDEZ Corresponsal. Bruselas

La Unión Europea entró en acción y todo parece haber quedado en 'stand by'. La grave crisis diplomática entre España y Argelia vivió este viernes un nuevo capítulo en Bruselas, hasta donde se desplazó el ministro de Asuntos Exteriores español, José Manuel Albares, para parapetarse en la fuerza de la Unión y así aplacar la ira del país africano. A priori, parece haberlo conseguido ya que a última hora de la tarde, la delegación de Argelia ante la UE negó que haya cortado el comercio con España y que vaya a cortar el suministro de gas (es el segundo proveedor tras EE UU).

Todo estalló el miércoles. Argelia anunció por sorpresa la suspensión del tratado de buena vecindad con nuestro país, vigente desde 2002, y la congelación de las domiciliaciones bancarias para operaciones de comercio exterior de productos desde y hacia España a partir de este jueves. Argel justificó la decisión por el «injustificable» apoyo del Gobierno de Pedro Sánchez al plan de autonomía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental.

48 horas después, ha llegado la primera tregua. Bruselas, desde el primer momento, advirtió de que veía con «extrema preocupación» el giro dado por las autoridades argelinas. La gravedad de la situación era de tales dimensiones que Albares tuvo que cancelar su asistencia a la Cumbre de las Américas para desplazarse este viernes de urgencia a Bruselas.

La Comisión Europea, a media tarde, mostró su apoyo a las autoridades españolas y, en un comunicado, Josep Borrell, alto representante para la política exterior, aseguró que «a primera vista, (las medidas tomadas por Argelia) parecen una violación del acuerdo de asociación con la UE», sobre todo en el ámbito de las inversiones y el comercio, y «una discriminación contra un Estado miembro».

Las acciones del país norteafricano «afectan negativamente al ejercicio de los derechos de la Unión», por lo que Bruselas amenazó con represalias contra el país. En el peor de los escenarios, la Comisión Europea podría llegar a denunciar el tratado de amistad con Argelia -entró en vigor en 2005-, que se suspendería en un plazo de seis meses y supondría un mazazo para la economía del país africano.

LA CLAVE:

  • Albares destaca que España «no ha hecho nada que afecte a Argelia ni que justifique esta escalada de tensión»

La estrategia española estaba clara. Se trataba de recordar a Argel que esto no va de una cara a cara con España, que su enemigo se llama Unión Europea ya que las competencias comerciales son comunitarias. El ministro Albares, de hecho, mantuvo un perfil bajo a la salida de la reunión con Borrell y el vicepresidente Valdis Dombrovskis, trató de rebajar el tono y aseguró que espera que la crisis «se resuelva a través del diálogo lo antes posible». Eso sí, advirtió de que el Gobierno de Pedro Sánchez «será firme y defenderá a las empresas» porque España «no ha tomado ninguna decisión que afecte a Argelia y que provoque esta escalada».

Compromisos

La estrategia parece haber dado sus frutos, al menos de momento, ya que la delegación de Argelia ante la UE emitió a última hora de la tarde un comunicado en el que critica la «precipitación» a la hora de valorar lo que está sucediendo con España. «La Comisión Europea reaccionó sin consulta previa ni verificación alguna con el Gobierno argelino, a la suspensión por parte de Argelia de un tratado político bilateral con un socio europeo, en este caso España, sin asegurarse de que esta medida no afecta directamente a ninguno de los dos o indirectamente sus compromisos contenidos en el Acuerdo de Asociación Argelia-UE», lamentaron.

En este sentido, la diplomacia del país magrebí negó que entre las decisiones adoptadas se encuentre frenar las transacciones corrientes con España y aseguró que «solo existe en la mente de quienes la reclaman y de quienes se han apresurado a estigmatizarla». Con respecto al suministro de gas a España, Argel remarcó que corresponde a las empresas comerciales «asumir todos sus compromisos contractuales».