La región del Donbás continúa siendo bombardeada. / afp

Rusia bombardea en el Donbás pero sin avances terrestres

Moscú, que pone en marcha la «siguiente fase» de su «operación policial», exige de nuevo la capitulación de Ucrania y lanza otro ultimátum a los defensores de Mariúpol

RAFAEL M. MAÑUECO Moscú

El ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, corroboró este martes lo anunciado el lunes por el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, es decir, que Rusia ha comenzado ya la segunda etapa de su «operación especial» contra Ucrania y que se va a desarrollar en su parte este, en Donbás. «La próxima fase de la operación militar especial en Ucrania comienza», aseguró Lavrov en declaraciones al portal de noticias India Today.

«La operación en el este de Ucrania tiene como objetivo, como ya se anunció desde el principio, la liberación completa de las repúblicas de Donetsk y Lugansk. Esta operación continuará. La próxima fase de la misma está empezando ahora. Estoy seguro de que será un momento muy importante», puntualizó el canciller ruso.

Además, Lavrov reiteró sus recientes aseveraciones en cuanto a que la intervención militar contra Ucrania ha sido causada por «las ansias hegemónicas de Estados Unidos y Occidente de liderar el mundo (…) crearon una plataforma contra nosotros en nuestras fronteras», en alusión a Ucrania. Deploró también el hecho de que Washington y sus aliados se están dedicando a enviar armas a las tropas de Kiev.

Pero esta gran ofensiva rusa, que, de momento, se está llevando a cabo casi exclusivamente mediante incursiones aéreas, disparos de la artillería y ataques con misiles, no está circunscrita solamente a Donbás. El Ministerio de Defensa ruso explicó en un comunicado que la pasada madrugada hubo decenas de bombardeos contra la parte de Donbás bajo control ucraniano, pero también contra objetivos en las regiones de Mykolaiv, Zaporiyia y Dnipró. El lunes fue también bombardeada Leópolis, en el extremo oeste del país.

Las tropas, estancadas

Pese a estos demoledores ataques que han causado nuevas víctimas y destrucción de infraestructuras, los avances sobre el terreno de las tropas rusas y las fuerzas rebeldes de Donetsk y Lugansk han sido mínimos. Solamente han conseguido entrar en Kreminna, al noroeste de Severodonetsk, en donde se están produciendo encarnizados combates callejeros con el Ejército ucraniano, cuyas fuerzas continúan manteniendo a raya al adversario en el resto de esa parte del frente: en Severodonetsk, Rubizhne, Lisichansk y Popasna. El Ejército ruso tampoco está logrando despejar el camino desde Izium en dirección a Sloviansk y Kramatorsk, pese a que, según Kiev, tiene allí concentrados 25.000 hombres.

En este contexto, el Ministerio de Defensa ruso instó este martes al Ejército ucraniano a deponer las armas y entregarse. «No pongan a prueba su suerte, tomen la decisión correcta, la de poner fin a las acciones militares y depongan las armas», rezaba la nota castrense rusa. Al mismo tiempo, el jefe del Centro de Control de Defensa Nacional de Rusia, el coronel Mijaíl Mizíntsev, lanzó un nuevo ultimátum a las fuerzas del último reducto de resistencia en Mariúpol, la acería Azovstal, para que se entreguen, pero no ha funcionado como tampoco lo hizo el domingo en otro intento de lograr su rendición.

Por este motivo, Azovstal, en donde además de los militares ucranianos, las unidades nacionalistas y el batallón de mercenarios hay más de mil civiles, según las autoridades ucranianas, está siendo ya bombardeada, informa la CNN. Con anterioridad, el portavoz de las milicias de Donetsk, Eduard Basurin, aseguró que «los grupos de asalto seleccionados para asaltar este lugar –la planta metalúrgica- han empezado su trabajo». Indicó además que «Rusia está ayudando mucho en esto con la aviación y artillería». Según sus palabras, «en un futuro próximo, estos pseudodefensores del pueblo ucraniano se rendirán y la población podrá respirar aliviada».

Sin embargo, el gobernador de la región de Mariúpol, Pavlo Kirilenko, sostuvo este martes ante las cámaras de la CNN que las fuerzas ucranianas luchan, no sólo desde el interior de la acería, sino también en otros puntos de la ciudad portuaria. Según sus palabras, «hay combates en Mariúpol. Se trata de combates callejeros y no sólo con armas ligeras, sino también con tanques en las calles (…) hay zonas que los rusos no controlan». Dijo que, pese a los fuertes bombardeos, nuestras defensas están resistiendo.

El Estado Mayor de las tropas ucranianas afirmó a través de Facebook que «los principales esfuerzos del enemigo están centrados en romper las defensas de nuestro Ejército en las regiones de Lugansk y Donetsk, así como en hacerse con el control total de la ciudad de Mariúpol». Indicaba también que «los ataques con misiles y los bombardeos contra objetivos civiles en todo Ucrania no se detienen ni un momento».

A este respecto, el asesor de la Presidencia ucraniana, Oleksiy Arestóvich, insistió en que «los bombardeos rusos contra zonas civiles van a continuar hasta el último día de la guerra». Explicó en su cuenta de Telegram que los objetivos inmediatos de las fuerzas rusas pasan por «tomar Rubizhne, Severodonetsk y Popasna (…) más adelante también Guliaipolé», en la región de Zaporiyia.

Un poco más al sur, en Polohi, la situación se «agravó bruscamente» por la llegada de un importante contingente de tropas rusas procedentes de la zona ocupada por los rusos de Volnovaja, al norte de Mariúpol. Así lo aseguró Oleksandr Staruj, jefe de la Administración Militar local. «Nuestras fuerzas están logrando mantener las posiciones, pero la ofensiva es masiva» en dirección hacia el oeste, hacia la ciudad de Zaporiyia. El responsable ucraniano dijo que «el flujo de refugiados desde Berdiansk y Melitópol está aumentando. En los territorios ocupados hay serios problemas con los suministros de medicinas y 69 asentamientos carecen de agua y electricidad».

Por otro lado y debido a los continuos ataques, las autoridades ucranianas decidieron este martes, por tercer día consecutivo, no abrir corredores para evacuar a los civiles. Así lo anunció la viceprimera ministra ucraniana, Irina Vereshuk, que hizo referencia a «intensos ataques con artillería en Donbás» y «falta de acuerdo con la parte rusa» para establecer las rutas de los corredores humanitarios.

Reticencia alemana al envío de armas pesadas

La «segunda fase» de la ofensiva rusa contra Ucrania ha llevado al presidente Volodímir Zelenski a apremiar cada vez con mayor vehemencia a Occidente para recibir armas pesadas. Pese a que su Gobierno mantiene celosamente ocultas las pérdidas registradas por el Ejército, numerosos expertos consideran que éste ha gastado y perdido en combate gran parte de su arsenal y, en especial, sus recursos de mayor envergadura como tanques, aviones y lanzacohetes.

El apremio de Ucrania ha tenido un efecto directo sobre la Cancillería alemana, cuyo jefe, Olaf Scholz, mantiene severas reticencias a enviar armamento pesado a Kiev. Otros gobiernos, como el estadounidense o el de la república Checa, sí han decidido trasladar equipos de este rango y a ellos se suma desde este martes Países Bajos. Su primer ministro, Mark Rutte, anunció que envará blindados a los resistentes, que hasta ahora habían recibido de su Ejecutivo 200 misiles, munición y miles de equipamientos auxiliares.

Alemania tiene sobre la mesa la propuesta de poner cien tanques y una flota de helicópteros de combate a disposición de los ucranianos –tal y como pide el propio gabinete de Zelenski–, pero su canciller sigue dudando, igual que dudó al principio de la guerra sobre si debía romper la norma de no enviar armas a territorios inmersos en un conflicto bélico. En vísperas de que la ministra de Exteriores, Annalena Baerbock, emprenda hoy un viaje por Letonia, Estonia y Lituania para abordar la situación en Ucrania, el socialdemócrata Olaf Scholz habría recibido ayer un toque de la CDU que tensiona al límite la política germana, advirtiéndole de la posibilidad de presentar una moción en el Parlamento si no «cede en el tema de la entrega de armas», según el vicepresidente del grupo parlamentario CDU/CSU, Johann Wadephul. Los Verdes y el FDP también exigen lo mismo, lo que está haciendo crecer cada vez más una severa crisis en la coalición gobernante.