Un hombre corre con su hija en brazos hacia un refugio durante un bombardeo en Gaza. / AFP

Israel y Yihad Islámica firman un alto el fuego en Gaza después de tres días de ataques

La mediación de Egipto pone fin a una ofensiva que ha provocado la muerte de 41 palestinos y herido a más de 300

IVIA UGALDE

Tres días después de que Israel lanzara la operación 'Amanecer' de forma «preventiva» ante posibles represalias por la detención de un líder de Yihad Islámica en Cisjordania, la calma ha regresado a Gaza. Así lo anunciaron este domingo las autoridades egipcias, que han ejercido de mediadoras y seguirán actuando como garantes de la paz. El acuerdo de alto el fuego con Tel Aviv fue confirmado por el grupo terrorista en un comunicado en el que especificaba que entraría en vigor esta pasada medianoche. El pacto ha supuesto así el punto y final a las hostilidades que desde el pasado viernes han dejado 41 muertos en la Franja, 15 de ellos niños, y más de 300 heridos, según el último balance ofrecido por el Ministerio de Salud del movimiento islamista palestino Hamás, que gobierna la Franja.

El consenso entre las partes, según desveló el diario 'Haaretz', incluiría concesiones israelíes para aliviar la escasez de combustible en Gaza. Una situación de extrema gravedad sobre la que había advertido poco antes Hamás al asegurar que los hospitales del lugar se iban a quedar en un plazo de 48 horas sin el suministro necesario para alimentar sus generadores de emergencia. El motivo: el cierre el sábado de la única planta eléctrica de la Franja por el bloqueo que precedió a la campaña de bombardeos e incursiones del Estado judío contra Yihad Islámica.

«Se concluyó un acuerdo de tregua que incluye el compromiso de Egipto de actuar a favor de la liberación de dos prisioneros, Basem al-Saadi y Khalil Awawdeh», especificó, por su parte, Mohamed al-Hindi, jefe del brazo político de la Yihad Islámica. Este grupo es considerado una organización terrorista por EE UU y la UE por haber perpetrado varios ataques suicidas contra israelíes, sobre todo durante la Segunda Intifada, el levantamiento palestino de 2000 a 2005.

La tregua se produjo, en cualquier caso, tras unas últimas horas de extrema convulsión en las que las Fuerzas Armadas del Estado judío prosiguieron con el asedio, mientras el grupo terrorista lanzó 400 proyectiles -entre cohetes y granadas de mortero- contra suelo israelí. El Ejército detalló que el 97% de los artefactos fueron, sin embargo, interceptados por el escudo antimisiles. Pero ello no impidió escenas de pánico y caos en ciudades como Tel Aviv, Ashkelon, Ashdod, Sderot y Jerusalén, donde decenas de personas tuvieron que ser atendidas por contusiones mientras huían a los refugios.

Las sirenas de alerta que sonaron por primera vez en Jerusalén desde que estalló el viernes la escalada de violencia desataron los temores en una jornada en la que centenares de israelíes conmemoraban en la ciudad sagrada una fiesta judía, el Tisha Beav, con la visita de nacionalistas a la Explanada de las Mezquitas, conocida en el judaísmo como el 'Monte del Templo'. Al otro lado, las Fuerzas Armadas israelíes detenían entretanto a una veintena de miembros de la Yihad Islámica en Cisjordania, que se sumaron a otros 20 arrestados la noche del sábado.

Otro cabecilla ejecutado

La organización terrorista confirmó, además, la muerte del líder del grupo en el sur de la Franja, Khaled Mansour, en un ataque aéreo lanzado por Tel Aviv a última hora del sábado. Esta ejecución y la de Taysir al-Jabari 'Abu Mahmud', uno de los principales líderes de Yihad, abatido el viernes en Gaza, había sido una de las razones esgrimidas por el jefe de los servicios de Inteligencia y Seguridad General Interior de Israel (Shin Bet), Ronen Bar, para que el Gobierno de Yair Lapid accediera a la tregua.

En opinión de Bar, la operación 'Amanecer' había conseguido ya más ventajas de las esperadas, sobre todo el «objetivo estratégico» de abrir una brecha entre el grupo terrorista y Hamás, que permaneció relativamente en silencio durante el enfrentamiento. En cambio, dilatar la campaña habría podido dar al traste con ese logro y conducir a un escenario más sangriento, como la guerra de once días de mayo del año pasado, en la que perdieron la vida 260 personas del lado palestino y 14 en Israel. Se trataba, insistió, de «evitar posibles errores que conducirían a un conflicto más amplio que Tel Aviv no quiere».