Muchos londinenses decidieron hacer uso de sus bicicletas para evitarse problemas en la última gran huelga de transporte, el pasado mes de junio. / EFE

Los 'tories' se enrocan ante un país atribulado

La larga campaña electoral prosigue entre huelgas y la creciente amenaza de 'cataclismo financiero' para muchas familias británicas

IÑIGO GURRUCHAGA Londres

Unos 160.000 miembros del Partido Conservador, en su mayoría hombres, por encima de los 55 años, residentes en el sur próspero de Inglaterra, están enviando sus votos para elegir al sustituto de Boris Johnson. Y, también en su mayoría, quieren que sea Liz Truss, la actual ministra de Asuntos Exteriores.

Truss ha cambiado de partido y de ideas en su vida, y en esta campaña también ha cambiado de planes. Dijo por ejemplo que introduciría un sistema de salarios regionales para los funcionarios y al día siguiente descartó hacer tal cosa. El sistema reduciría los sueldos de miles de policías o maestros en zonas de baja renta. El plan, según su aclaración, había sido mal interpretado.

Este fin de semana está explicando por qué dijo que hay antisemitismo entre los funcionarios, para después regalar al público un estereotipo clásico sobre los judíos. Son, según la favorita para ser líder británica, propensos a crear negocios y preservar unidas a sus familias. Y estará pensando qué puede hacer para mitigar el mayor problema que tendrá, si es jefa de Gobierno, el 6 de septiembre.

El Reino Unido se enfrenta, como otros países europeos, a las consecuencias del aumento de los precios, con altas cifras de inflación afectadas particularmente por la vertiginosa subida del coste de la energía. El aumento del precio de los combustibles ha tenido un fuerte impacto en empresas de transporte y distribución, pero el del gas y la electricidad es de otra escala.

El organismo regulador del mercado energético, Ofgem, establece un precio máximo cada seis meses. El año comenzó con un coste de 1.510 euros para una vivienda con consumo medio de energía. Y, según el pronóstico de la consultora Cornwall Insight, que tiene un historial que le da credibilidad, habrá aumentado en la primavera de 2023 a 5.237 euros anuales.

En buena parte del sur de Inglaterra se ha declarado una sequía, por lo que el consumo de energía en las viviendas no es alto, pero el gurú británico del consumo y el ahorro, Martin Lewis, que tiene una enorme influencia a través de su página de internet y sus programas de televisión, ha advertido que el país se aboca a una rebelión si el Gobierno no evita el «cataclismo financiero».

Uno de cada doce funcionarios públicos ha usado o usa bancos de alimentos y muchos se quedan justo por debajo del umbral que les daría derecho a subsidios salariales. En colegios de secundaria, en un barrio a dos kilómetros de la City financiera, los profesores recaudan dinero y distribuyen comida o pañales a las familias de sus alumnos. La elección entre necesidades básicas es ya patética, y se agravará.

Cegados

Lewis y el ex primer ministro, Gordon Brown, han pedido a los dos candidatos conservadores que se reúnan para dar una respuesta a la situación de alarma. La discusión entre ellos ha sido hasta ahora sobre si se deben dar ayudas directas, aunque sean insuficientes, como ya decidió Rishi Sunka cuando era ministro de Hacienda, o se deben reducir los impuestos, como quiere Truss.

Como los laboristas han calculado que el beneficio de esas reducciones para los más necesitados sería de una libra semanal, es muy posible que la favorita presente ahora alguna idea complementaria. Mientras tanto, Claer Barrett, columnista del 'Financial Times', ha incitado a los lectores que no necesiten los 475 euros que el Gobierno dará a todos los consumidores de energía doméstica que los donen a asociaciones benéficas desbordadas por la necesidad.

Trabajadores sindicados protestan. Los empleados del ferrocarril hacen huelgas que están causando trastornos a la vida cotidiana y a los planes de viaje de mucha gente. El Real Colegio de Enfermería ha convocado una votación de sus afiliados para decidir si, por primera vez en la historia, los enfermeros hacen huelga. El servicio público de sanidad está desbordado, con largas esperas para ambulancias y hospitales con ratios de un profesional sanitario por cada 14 pacientes.

El Gobierno de Boris Johnson no se distinguió por su diligencia –ha dejado sin responder 16 consultas públicas, a las que contribuyeron con sus escritos los interesados–, pero el calor, la interinidad ociosa de Johnson y el largo procedimiento electoral de los conservadores, repitiendo comparecencias y debates de Truss y Sunak, han creado una sensación de vacío de gobernación en un momento delicado.

A ese vacío saltó el viernes John Oxley, estratega corporativo y comentarista político. En un artículo publicado por el semanario conservador 'The Spectator', afirma que «hay soluciones para la crisis de vivienda, la economía estancada, el orden público o la sanidad pública, pero el Partido Conservador ha dejado de buscarlas, seducido por el ciclo de noticias de 24 horas, las encuestas y los estafadores de Twitter».

«Ninguno de los dos candidatos ofrece mucha esperanza», concluye el comentarista conservador. «Sunak gestionaría el país como un proyecto de capital riesgo, recortando todos los gastos que pueda sin importarle las consecuencias, y Truss lo dirigiría como una fiesta de pueblo, con entusiasmo inagotable y pinchando viejos éxitos musicales».